Cardiológico Infantil de victoria en victoria

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Con lo que se ha hecho en el Hospital Cardiológico Infantil Latinoamericano «Gilberto Rodríguez Ochoa» en lo que va del año 2021, sería un imperdonable descuido periodístico no hacer una reseña para compartir nuestras victorias venezolanas con el público que las disfruta

19/04/2021.- Hasta esta fecha, y desde mediados de enero, cuando empezó la actividad del año, se han hecho más de 100 intervenciones cardiovasculares (53 de ellas solo en el mes de marzo) a niños y niñas de todo el país, con patologías diversas, de las que 85 han requerido cirugías cardíacas con y sin circulación extracorpórea, y el resto, procedimientos en sala de hemodinamia. Como en sus mejores tiempos, cuando no nos acechaba la covid-19 y cuando los efectos del bloqueo que sin tregua se nos aplica por todos los flancos, todavía no se sentían en toda su magnitud, el Hospital Cardiológico Infantil nos sigue asombrando en su apego imbatible al objetivo para el que, con gran compromiso, fue creado por el Comandante Chávez en agosto del 2006.

Contra viento y marea, los quirófanos, las habitaciones, los consultorios, las salas de hemodinamia y los brazos de todo su personal siguen abiertos de par en par y de manera permanente para recibir a diario a niños y niñas de todo el país que requieren cirugía cardiovascular, y así poder continuar su infancia y su vida toda con buena salud, entendida como fundamento imprescindible en la construcción de la felicidad que queremos para nuestros hijos y nuestras hijas.

De todos los corazones que hasta ahora han sido intervenidos quirúrgicamente en el Cardiológico Infantil, que ya son más de 11.800, los 100 que van en este año, más allá de las dificultades propias de las cirugías de esta envergadura, tienen un sello de perseverancia, de lucha, de esperanza y de certeza en el rumbo que llevamos, que nos confirma como el pueblo libre y soberano que somos, y que nos conduce inexorablemente a la victoria. Gracias al compromiso de trabajadoras y trabajadores, al apoyo irrestricto del Gobierno bolivariano y a la solidaridad de los siempre bienvenidos donantes de sangre, sin cuyo apoyo permanente sería imposible seguir operando, cada día es posible aportar más vida a los corazones de esas niñas y esos niños que, a su vez, les devuelven la alegría a quienes por ellos trabajan, regalándoles un caramelo, una sonrisa o un abrazo a la altura de la pierna antes de salir de alta.

Con relación a la covid-19, esta pandemia ha transformado el modo de hacer las cosas en nuestras casas, en nuestras comunidades, en nuestros lugares de trabajo y también en nuestros hospitales. Para minimizar el riesgo de contagio, los pacientes permanecen el menor tiempo posible hospitalizados, y la presencia de personas ajenas a las madres, padres y pacientes hospitalizados dentro de las instalaciones ha sido reducida al máximo. El paciente solo viene al hospital para la evaluación previa a su ingreso y luego para la hospitalización antes de la cirugía, siempre referidos desde el hospital de origen donde las cardiólogas infantiles de todo el país, mujeres en su inmensa mayoría, los controlan antes y después de la cirugía.

A ratos más parecido a un jardín de infancia que a un hospital, donde niños y niñas están a buen resguardo, seguros y queridos, las mamás también se incorporan a la dinámica de la terapia integral, y también para ellas hay un lugar en este espacio donde su compañía, su amor y sus cuidados son entendidos y requeridos como parte fundamental del proceso de recuperación de sus hijos e hijas. Al alta de cada paciente, el hospital y toda su gente suman entonces dos corazones a sus registros: el de una niña o un niño que desde el suyo sonríe, y el de una mamá que agradece. En cuanto a los papás, tienen también un espacio en la residencia hospitalaria el día de la cirugía, para que sin importar de qué lugar del país provengan, puedan estar acompañando esa batalla por la vida que se desarrolla entre el quirófano y la unidad de cuidados intensivos en esas primeras horas que son cruciales. Entonces ya son tres y muchos más los corazones felices, porque al llegar a casa se suman los vecinos de la calle, y la familia toda a la alegría de haber superado otro escalón en el camino. Definitivamente: no somos amenaza, somos esperanza, futuro y vida.

Al ritmo que va, para este año y los que vienen, el Hospital Cardiológico Infantil seguirá siendo garantía de un aporte seguro a la muchedumbre de corazones amorosos que, juntos, alcanzaremos toda aquella suma de felicidad que hace 200 años nos propusimos.

CIUDAD CCS