MICROMENTARIOS | Estafas cantadas

Armando José Sequera

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Dejé de ir a conciertos de música popular hace años por una razón: me molesta sobremanera cuando los intérpretes, en lugar de cantar, dirigen el micrófono hacia el público para que sea éste el que lo haga.

Lo considero una estafa. Una estafa no solo económica sino también emocional. Uno va a un concierto a escuchar, en vivo, a un grupo musical o intérprete que admira, no a oír un coro las más de las veces –y las voces–, desafinado.

Mi hija Mariana sostiene que la mayoría de quienes van a tales encuentros tienen el propósito de cantar junto a sus artistas favoritos. Visto así, se trataría de una especie de comunión, de un acto de participación masiva en el que los asistentes se sentirían parte de una hermandad. Como mínimo, de un karaoke colectivo, encabezado por el o la intérprete original de canciones que nos gustan.

Hasta cierto punto, ella tiene razón.

Sin embargo, sería enteramente como dice mi hija si la o el intérprete que hemos ido a ver añadiera su voz al concierto. Pero ocurre que casi todos los cantantes profesionales colocan el micrófono hacia el público y no se suman al coro. Curiosamente, aunque son los protagonistas del acto, por momentos son los únicos que no participan.

No creo que esto se deba a un gesto de humildad. Quizá haya quienes en verdad lo hagan porque han comprendido que su público desea participar de sus interpretaciones pero, si se trata de una gran comunión en torno a un oficiante, mi pregunta es: ¿por qué éste se hace a un lado y deja que los demás se encarguen del oficio? Por otra parte, dudo de la humildad de la mayoría de los cantantes e intérpretes actuales. Nadie trajeado con ropas brillantes, alhajas y un gran despliegue de luces y colores es humilde.

Otra posibilidad que creo la más factible, es que tal acción tiene un doble propósito: por un lado, permitir la mencionada participación y, por otro, descansar la voz. No olvidemos que los conciertos y/o los recitales casi siempre forman parte de giras y que éstas son agotadoras y muy demandantes de las cuerdas vocales.

Pese a lo expresado en el párrafo anterior –que manifiesta mi intención de comprender más que de criticar–, sigue presente en mí la sensación de ser estafado y eso me impide ir a nuevos conciertos y recitales, así reviente en ganas de estar presente en algunos de ellos.

Armando José Sequera