Carabobo no fue, Carabobo es

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La Batalla de Carabobo es un evento sin duda trascendente. Considerada desde lo estrictamente militar, puso de bulto la sapiencia de Simón Bolívar en tanto gran estratega de las armas; así como lo que representó en su momento no como fin sino más bien inicio del ideal grancolombiano en lo concreto. Esta relevancia, empero, ha sido vista y maniatada por muchos desde la simple postura de la celebración de la efemérides, sin trascender al más sólido y profundo contenido del evento bélico, que reunió en esa llanura de Carabobo esas ansias de libertad e independencia que se tornaban bastante reales, según lo delineaban los acontecimientos coetáneos.

En la llanura y en el tiempo de la libertad

Un conjunto de hechos militares y políticos, previos a Carabobo, fueron claves en el triunfo patriota al sostener la estrategia de Simón Bolívar para la derrota de las armas realistas. La Batalla de San Félix (11 de abril de 1817), donde lucieron Manuel Piar, Manuel Cedeño, José Antonio Anzoátegui y Pedro León Torres al vencer a los españoles y consolidar ese territorio, fue un paso importante para los eventos venideros. Igual pasó con Páez en Las Queseras del Medio, donde alcanzó el triunfo el 2 de abril de 1819. Siguió Pantano de Vargas (25 de julio de 1819), que recuerda la hazaña del coronel Juan José Rondón al frente de la caballería, para derrotar a los realistas y limpiar esa parte del territorio neogranadino, que se completó con el triunfo en Boyacá (7 de agosto de 1819), eventos necesarios que posibilitaron el esperado triunfo en Venezuela. Ese mismo año, en diciembre de 1819, se promulgó la Ley Fundamental de Colombia para la creación de esta República (integrada por Venezuela, Nueva Granada y Ecuador) y dar cauce al deseo unitario de Bolívar.

Se debe entender que más allá y en los alrededores de lo que fue Carabobo, existía una sociedad, un país, en el cual se debatían posiciones partidistas que pugnaban por el alcance de la liberación del yugo español, o por seguir en el sometimiento a los dictados de una monarquía decadente. También esa sociedad, compuesta en gran porción por el pueblo llano, sufría la crisis endémica, el hambre y la desolación de una guerra que alcanzaba las dos décadas. Muchos esclavizados y gente de ese pueblo participaron de la guerra, ya como actores en ella (el caso emblemático del Negro Primero en la propia batalla de Carabobo, donde se inmoló) o como sufrientes de la crueldad que representó. Con todo, Bolívar precisó el momento exacto desde una visión y una postura política, que le decía, le avizoraba la obtención de un triunfo en el futuro cercano. La hechura del Congreso de Angostura, la creación de Colombia, algunos hechos de armas victoriosos y la formulación de los Tratados de Armisticio y de Regularización de la Guerra en 1820, abrían esa perspectiva: el camino hacia Carabobo se allanaba.

Un sentimiento con carácter unitario convocó a esa cita histórica: Desde el Oriente, del Occidente, del Centro y del Sur de Venezuela acudieron todos. Era el llamado de la patria. La gente de Mariño, de Plaza, de Cedeño, de Páez, venezolanos con el alma henchida, muchas y muchos anónimos pero con nombre de pueblo: Pedro, Antonio, José, Juan, María, Petra, Carmen, Rosa asistieron al llamado del que ahora engrandecía su liderazgo.

Además, Carabobo fue la puerta del camino hacia el Sur, hacia el logro de la Independencia definitiva de la Patria Grande. La permanencia de lo alcanzado en la llanura de Carabobo no sería posible si no se trascendían ríos, montañas y llanuras hacia el Sur. Ya se había adelantado Antonio José de Sucre, quien en campaña hacía con ahínco esa tarea liberadora. Se trataba, entonces, de redondear una estrategia militar que fundamentara, con solidez, los cimientos de la Gran Colombia.

Carabobo hoy

Carabobo no fue, Carabobo es. Este acontecimiento devenido no se debe considerar como un hecho histórico consumado, sino más bien como una lección de la historia en proceso, no conclusa. Debe tomarse como una experiencia enriquecedora de los valores más sólidos de nuestra identidad. Bien lo afirmaba Hugo Chávez, quien resaltaba a Carabobo como una referencia vital para el mantenimiento del proceso revolucionario actual.

Así, un solo hilo conductor representa el diálogo presente-pasado en las luchas de siempre, con basamento en el ideal bolivariano. Hechos que desde los inicios –una vez instaurada la República en 1830– caracterizaron las luchas de quienes se opusieron tenazmente a las oligarquías de su tiempo, que en realidad eran las mismas, sin diferencias en sus ambiciones. Las luchas zamoranas a mitad del siglo XIX, o las escenificadas por la lucha armada en los años 60 y 70 del siglo XX, en las montañas de Falcón, Lara y Monagas, siguieron ese hilo en su afán por liberar la patria. Hoy nos toca, a todos nosotros, seguir en ese empeño.

La Batalla de Carabobo actual es, sin ninguna duda, atizar la lucha contra el imperialismo, en lo cual no debemos ceder espacios. Nuestro país se resiente en la actualidad de un ataque feroz, sin contemplaciones, propulsado por un enemigo de consideración; y es contra ese enemigo, y contra los apátridas que en Venezuela propugnan y avalan ese proceder, al pedir más medidas coercitivas contra el país y solicitar invasiones armadas, que debemos luchar con todo.

Más acá de Carabobo, entonces, se debe entender como un propósito de lucha que aún no concluye. Es ese diálogo, ese hilo, del cual hablamos; pero no en teoría, contemplativamente. La pelea se torna cada vez más exigente, el imperialismo con su capitalismo decadente en su expresión neoliberal, aprieta cada vez más. En el camino de esa lucha han quedado muchos sembrados: líderes grandes y pequeños, indios, negros, blancos y mestizos, que no importa el color, pero con una sola nacionalidad, que no es otra que la de la Patria Grande. Al final, el mantenimiento de la unidad es materia insoslayable, la educación como proceso liberador, la ética como práctica y el amor como conciencia, nos mantendrá siempre con mucho empeño para la continuación de esta lucha. Pongamos lo nuestro, que Carabobo continúa.

Antonio González Antías
Lic. Historia. Paleógrafo