HISTORIA VIVA | Tretas y tratados de ayer y hoy, 1821-2021

Aldemaro Barrios Romero

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No es raro que hoy el gobierno de EEUU escude al narcotráfico y al paramilitarismo colombiano, si esa historia tiene antecedentes pendientes en sus orejas con crímenes desde hace 200 años. Si John Quincy Adams, entonces jefe del Departamento de Estado en 1821, recomendó la doctrina que James Monroe anunció en 1823, el artero estratega británico George Canning había recomendado a estos dar a conocer que una intervención de potencias europeas en América contra las colonias sería considerada por EEUU como una agresión contra ellos mismos (Acosta, Vladimir, 2017) todo para salvaguardar los intereses de Inglaterra en Centro, Suramérica y el Caribe. Ambos se lavaron entonces y se siguen lavando las manos en cuanto a delitos magnos contra nuestros pueblos, baste solo nombrar los supuestos “argumentos legales” para desconocer al presidente Nicolás Maduro como mandatario de Venezuela y apoderarse de millones de dólares en reservas de oro que tiene la República Bolivariana en el Banco de Inglaterra (1).

Un personaje de la diplomacia norteamericana poco nombrado, fue Charles Steward Tood, asignado por Quincy Adams para espiar y tratar los negocios de Estados Unidos en Colombia. Solo que este militar y abogado, que despachaba desde Margarita o Saint Tomás, no tuvo el acierto de cumplir con su cometido toda vez que temía enfermarse o morir en las selvas o caminos de Venezuela o Cundinamarca y porque que el entonces el gobierno de Colombia, nunca le admitió las insolentes maneras de reclamar asuntos en los que se vieron involucrados barcos norteamericanos tanto en apoyo al ejército español como la trata de barcos negreros o de contrabando que circulaban y eran capturados por barcos republicanos, con razón su estadía no fue en Bogotá sino en el Caribe.

Lo que Adams y Monroe en EEUU y Cannings en Inglaterra decidieron tenía que ser operado por negociadores aguas abajo, que no tenían rango diplomático porque Colombia no había sido reconocida como república, podemos preguntarnos si estos ciudadanos eran dignos diplomáticos o mercaderes oportunistas interesados y tahúres que el gobierno de EEUU despachaba para llamarlos eufemísticamente “Charg d´ affaires” o encargados de negocios como ocurrió con Jean Baptiste Irvin, el comodoro Oliver Hazard Perry y Charles S. Tood. Todos hombres ineptos que fracasaron en negocios personales o políticos en los Estados Unidos y fueron enviados a una suerte de aventuras en el Caribe y Suramérica para sostener su prestigio con los nueve mil dólares anuales que pagaba la diplomacia norteamericana, y nos seguimos preguntando si hubo transacciones ilegales y negocios mal habidos con corsarios o propietarios. ¿Por qué se hacían la vista gorda al “tratar” el contrabando o tráfico de barcos negreros españoles o portugueses que llegaban al Caribe desde África a las islas de Saint Tomas, Curazao, luego Cuba y Puerto Rico y finalmente al sur de Estados Unidos?

Tood tuvo una firma legal en Kentuky que la llevó a banca rota y bajo el soporte de su suegro, el gobernador del estado Isaac Shelby y otras influencias políticas familiares, consiguió la asignación como encargado de negocios en Colombia en 1820.

Cuando llegó a Suramérica su primera acción fue reclamar las indemnizaciones a los dueños de las embarcaciones Tigers y Liberty confiscadas por la república en 1818. Para ello escribió en dos oportunidades al Vicepresidente Juan Germán Roscio en 1820, desatendiendo la autoridad de Revenga, encargado de las relaciones exteriores de Colombia, sin embargo la respuesta del gobierno colombiano fue que las cartas debía ser escritas en idioma castellano, a lo que Tood respondió arrogantemente debo, no obstante, reclamar el incuestionable derecho a utilizar el idioma de mi nación y gobierno”.

Entre abril y agosto de 1820, Charles Tood informó confidencialmente a Quincy Adams del envío de armas desde Estados Unidos a Colombia, “50.000 piezas de armas han alcanzado Angostura desde los Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia y sus islas coloniales” además agregaba lo de una propuesta hecha por algunos comerciantes en Nueva York, al gobierno en Angostura, para prestarles $ 3,000,000 en efectivo, por lo cual deben ser compensados con un monopolio por un período adecuado en el comercio del tabaco después del establecimiento de su independencia… (2). Adams respondió a Tood que “Estados Unidos no vendería armas a los republicanos porque creía que España lo interpretaría como un acto hostil”. Ya estaba en proceso el Acuerdo entre España y EEUU, conocido como el Tratado Adams-Onis que fue firmado por los norteamericanos en 1821.

Finalmente Tood no tuvo éxito, luego que el Dr. Pedro Gual asumiera la cartera de Exteriores del gobierno de Colombia las relaciones con el encargado de EEUU fueron más duras y distantes, a tal extremo que Tood dirigió sus comunicaciones directamente a Santander.

El colmo de Tood fue el reclamo hecho al gobierno colombiano de un barco conocido como The Aligator, capturado por el capitán republicano José Rastique quien, a bordo de La Capitana con bandera republicana, arrestó el mencionado barco traficando contrabando y lo remitió a puerto por no tener documentos que certificaran su legalidad. Inmediatamente, Todd protestó ante el Tribunal del Almirantazgo de Estados Unidos, a través del vicecónsul estadounidense en St. Thomas, solicitando que se informara a los propietarios neoyorquinos del The Alligator sobre el asunto, pero además desconociendo la soberanía de Colombia al señalar que: había cumplido con su autoridad como agente al exigir formalmente la suspensión de todos los procedimientos por parte del gobierno republicano de Colombia hasta que los propietarios tuvieran la oportunidad de reclamar su propiedad.

Como muchos de los encargados de negocios de EEUU, Tood se ocupó de entregar información interesada y falsa a las altas autoridades de EEUU como la calificación del tipo de guerra que se llevaba a cabo en Suramérica al señalar que se trataba de una guerra civil y no de una rebelión, igual como acusar a Gual de falta de cordialidad en sus relaciones personales y hostilidad hacia los Estados Unidos, teniendo en cuenta estos hechos, se enfrentaba a la dolorosa necesidad de considerar todas las relaciones oficiales ulteriores de mi parte, con este Gobierno como al final y, además, que si bien el actual Secretario (Gual) sigue siendo el órgano de este Gobierno para naciones extranjeras, no se renovará ninguna relación.

Ese ha sido el estilo de la diplomacia norteamericana desde los tiempos de la independencia en el siglo XIX, son antecedentes que a esta hora resultan analogías que pueden sorprender, pero basta leer las palabras de James B. Story actual encargado de negocios de EEUU sobre Venezuela:

El gobierno de los EEUU ha sido claro en que estas políticas de sanciones tienen la intención de cambiar el comportamiento y que consideraremos el levantamiento de sanciones si hay acciones concretas y significativas para combatir la corrupción en Venezuela, poner fin a los abusos de los derechos humanos y restaurar el orden democrático (3).

No hay más nada que agregar, todo está escrito y documentado.

Aldemaro Barrios Romero | venezuelared@gmail.com

(1) https://t.me/NoticiasWBDigital
(2) Sherry Keith Jelsma. Un unexpected nightmare: Charles S. Todd and United States Diplomacy in South America, 1820-1824. Disponible en:Https://filsonhistorical.org/wp-content/uploads/publicationpdfs/76-4-2_an-unexpected-nightmare-charles-s.-todd-and-united-states-diplomacy-in-south-america-1820-1824_jelsma-sherry-keith.pdf
(3) Testimony of James B. Story Nominee for United States Ambassador to Venezuela Senate Foreign Relations Committee August 6, 2020. Disponible en: https://www.foreign.senate.gov/imo/media/doc/080620_Story_Testimony.pdf