MICROMENTARIOS | Siameses históricos

Armando José Sequera

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Los magnicidios y los asesinatos de personas famosas generan una curiosidad histórica. Víctimas y victimarios, pese a que solo tienen un brevísimo contacto, ingresan juntos a la Historia. Y juntos quedan en las respectivas biografías, tanto la de la víctima, como la de su asesino.

Puede decirse que terminan conformando la pareja más extraña de siameses: aquellos que nunca compartieron un cuerpo y ni siquiera son o fueron almas gemelas.

Pensemos en Abraham Lincoln. No hay ni habrá un texto biográfico suyo en el que no aparezca John Wilkes Booth. Y, como Booth se integró a la historia por asesinarlo, cualquier referencia biográfica que se haga sobre él, incluye a Lincoln. ¿Cuánto tiempo coincidieron en el espacio y el tiempo? Muy poco. El escaso tiempo que le tomó a Booth llegar al teatro Ford, entrar al palco donde Lincoln presenciaba la puesta en escena de Nuestro primo americano, de Tom Taylor, y disparar.

Otras trágicas hermandades históricas fueron las generadas por Quinto Casio Longino y Marco Junio Bruto, quienes asesinaron a puñaladas al emperador romano Cayo Julio César. En este caso tal vez no pueda hablarse de siameses, pues hubo tres involucrados, pero sí en los siguientes.

El activista político bosnio Gavrilo Princip y su víctima en Sarajevo el archiduque Francisco Fernando; el extremista hindú Nathuram Vinayak Godse, asesino de Mahatma Gandhi; y Lee Harvey Oswald junto a John Fitzgerald Kennedy.

En los tres casos, las muertes fueron provocadas mediante disparos e igual que con Lincoln y Booth, el contacto entre asesinos y asesinados se redujo a casi nada, unos pocos segundos.

Los dos asesinatos más sonados de los tiempos recientes entre los ciudadanos no dedicados a la política han sido los del cantante y compositor inglés John Lennon y el diseñador italiano Gianni Versace. A Lennon su muerte por disparos a manos de un fan suyo lo emparentó con éste para siempre. Mark David Chapman, intuyendo lo que ocurriría, se avino a cometer el crimen para hermanarse en la historia con el ex Beatle.

El caso de Versace tiene una característica distinta: aunque Andrew Cunanan, su victimario, igualmente lo asesinó en razón de su celebridad, añadió al homicidio un elemento adicional. Cunanan ya era un asesino en serie y la muerte del diseñador la concibió como el broche de oro de su cadena criminal.

Armando José Sequera