El dolor de la derrota forjó la inmortalidad

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Las victorias duraderas son las que se levantan sobre los escombros de pérdidas y dolores: metáfora del monumento que celebra el triunfo, la libertad y la independencia

Leorana González

Relieve del Libertador observando el campo de batalla

Desde la entrada del monumento se aprecia la majestuosidad de la obra escultórica. Dos largas líneas en perspectiva dibujadas por dieciséis bustos de nuestros héroes masculinos (ocho del lado derecho, ocho del lado izquierdo) convergen al final en un punto de fuga donde se encuentra el monumento el Altar de la Patria, obra de Antonio Rodríguez del Villar. Metros antes, se erige altísimo e imponente el Arco del Triunfo, inmenso portal con relieves que simbolizan la Paz y la Victoria arropando con su sombra la Tumba del Soldado Desconocido y la Llama de la Libertad. Una obra maravillosa cargada de mucho simbolismo.

El encuentro cuerpo a cuerpo entre patriotas y realistas duró solo una hora, desde las once de la mañana hasta las doce del mediodía. Me sorprendió la obra que se encuentra en la base del Altar de la Patria, llamada Los Cuatro Tiempos donde con técnica de altos y bajos relieves el escultor logró narrar los momentos decisivos divididos en cuatro cuartos de hora de la Batalla. Es una de las representaciones artísticas más bellas que he visto alusivas a la Batalla de Carabobo y una de las imágenes más preciosas de nuestro Libertador montado en su caballo con catalejo en mano, observando los movimientos de los ejércitos, armando la estrategia que marca nuestra gran victoria.

En primer plano, las piedras de La Puerta que adornan el

En el monumento resalta la ausencia de los negros y de las mujeres como sujetos participativos de la guerra de Independencia. Excluidos por los autores y los gobiernos que lo construyeron en sus diferentes etapas y épocas. La mujer, por ejemplo, aparece de manera simbólica y metafórica como “la Patria”, “la Victoria”, “la Paz”, pero no como ente participativo y protagónico. Un discurso artístico y político que llama a la reflexión en tiempos de verdadera revolución e inclusión de género.

Un dato curioso es que el primer proyecto monumental en conmemoración a Carabobo, aprobado por Cipriano Castro, consistía en la estatua de una india desnuda, que emerge desde una palma sobre una base de piedras e imagenes en alto relieve de los momentos más importantes de la batalla. Esta obra de Eloy Palacios fué excluida del proyecto por el General Gómez, quien al final encargó el actual Altar de la Patria, y relegó a la india a un rincón de El Paraíso, al parecer para que la desnudez de la estatua no ofendiera el pudor de la época. Es la misma que hoy engalana la redoma de La India, al final de la avenida Páez.

Con las piedras de la derrota

En tres ocasiones el ejército patriota fue derrotado por los realistas en la quebrada de Semen, también llamada La Puerta, en las afueras de San Juan de los Morros, estado Guárico. Allí quedó derramada la sangre de miles de venezolanos que entregaron sus vidas por defender la patria resultando perdedores frente al imperio español.

Estas derrotas no fueron motivo para que nuestro Ejército Libertador se diera por vencido. En el recorrido por el campo de batalla, supe que con piedras de este territorio guariqueño se construyeron las bases del gran Conjunto Escultórico y Monumental de Carabobo, un dato que me conmueve.

Las esculturas fueron erigidas sobre montones de rocas que simbólicamente están impregnadas de sangre y derrota. Las grandes victorias se construyen de momentos malos, feos, tristes y críticos. En Venezuela sabemos muy bien de qué se trata este simbolismo histórico, sabemos levantarnos con furia y valor de cualquier batalla perdida, de cualquier crisis impuesta; sabemos retomar las armas en medio del dolor, la tristeza y la crisis para continuar dando las batallas que sean necesarias con tal de defender nuestro territorio ante cualquier imperio, hasta conseguir la victoria definitiva por la libertad, la independencia y la soberanía.

El Altar de La Patria, visto desde el Arco

Como hace doscientos años, como ahora y como será siempre, cuando las generaciones que vienen hablen de nuestra batalla actual se acordarán de que ese triunfo se levantó con los escombros del año 2002, de 2007, de las guarimbas, del feo año 2016, de la desesperación del bloqueo y el veneno del dólar.
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Dato histórico

La primera batalla de La Puerta o Río Semen se desarrolló el 3 de febrero de 1814. Enfrentamiento militar acontecido en el contexto crítico de la guerra de independencia de Venezuela, entre las fuerzas del ejército de José Tomás Boves quienes avanzaban hacia el centro para tomar Caracas y las fuerzas de la Segunda República liderada por el coronel Vicente Campo Elías.

La segunda batalla fue un brutal enfrentamiento militar sucedido el 15 de junio de 1814 entre el ejército de Boves y el ejército de Bolívar, en el marco de la guerra social en la que el asturiano se propuso eliminar todo vestigio de blancos criollos y peninsulares.

La tercera Batalla fue un encuentro ocurrido el 16 de marzo de 1818. Las tropas de Simón Bolívar, quien se desplazaba por los llanos de Venezuela con el objetivo de tomar la ciudad de Caracas durante la Campaña del Centro, resultaron derrotadas por las fuerzas realistas de Pablo Morillo. En esa batalla el propio Bolívar entró en acción junto con sus hombres, y pudo salvar la vida replegándose a Parapara y luego a Apure.