Olores y sabores de la sabana (II)

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Un viaje al Campo inmortal, tejido con hermosos encuentros, nos llevó a pueblos profundos de mujeres emprendedoras y hombres, niñas y niños consustanciados con la gesta que se dio en las tierras que ahora habitan

Teresa Ovalles Márquez

La gastronomía también protagonizó el recorrido.

Encontramos las sabanas del Campo de Carabobo con olor a tierra mojada, había florecillas silvestres que dan vida y color al lugar. Alcaravanes y gaviotas surcaron los cielos con presagios de triunfo. Al fondo, había unas amenazantes nubes grises que al final se quedaron en el cielo de Carabobo.

El recorrido, a propósito del Bicentenario de la Batalla, no fatigó nuestros pasos. Éramos ocho periodistas a los que nos asaltó la sorpresa. La primera fue una casa ubicada en el corazón de la sabana. Un abrigo lleno de magia con muchos objetos y adornos, en donde almorzamos. Es la casa habitada desde hace 25 años por Amalia Pinto, jefa del CLAP de Chaparral. Fue un almuerzo con sabor y olor a leña.

El plato principal fue la energía y el amor de Ana Acevedo convertido en arroz con pollo; un dulce de lechosa, hecho por Sileny Ygarza, complació nuestros paladares; y la torta de auyama, para el cumpleaños de Leida Leal, fue hecha por Deysi Sánchez. Un carato de maíz nos hizo volver a las delicias de un pasado en tiempos decembrinos, de hechura de hallacas; emprendimos un viaje a nuestra niñez. Para algunos comensales fue el mejor carato de maíz que han probado en sus vidas. Lo preparó Inarci Morillo. Se trata de una historia de mujeres comuneras.

El olor a leña amerita mención aparte. La casa donde almorzamos estaba impregnada de ese olor. Había un altar para Santa Bárbara, un mesón con una pequeña maqueta del Arco de Carabobo y jarrones de barro. De ese fogón de leña salió un delicioso guayoyo bien caliente.

Estos son tiempos de cosechar el maíz por lo que también hubo cachapas. En cuanto a los mangos, eran como fantasmas que nos perseguían por todo los caminos de las sabanas de Carabobo. De hilachas, de bocado… una delicia con dulce sabor tropical cuyas variedades solo puede identificar un poblador rodeado de mangos por los cuatro costados.

Yasmín sirvió el carato de maíz.

La casa estaba habitada también por morrocoyes, un hermoso y altivo gallo blanco, gallinas y cochinos. Acoge también un arpa y piezas artesanales. Fue así como en un corredor habitado por el viento y la brisa de la sabana mojada, transcurrió el almuerzo. Un corredor donde cantaron “corríos” José Luis Martínez y Marcos Alí Castillo. Leorana González hizo lo suyo con su voz melodiosa y bonita, que acaricia también canciones con historias de esta nueva épica.

Es en estos momentos, y en muchos otros escenarios de esta patria grande y bonita, cuando palpamos la unión cívico-militar, característica de la Revolución Bolivariana.

Ya en la cena, Yasmín Álvarez, comunera, nos confesó, entre triste y satisfecha, que lo que más le ha gustado de nuestras visitas es que se sienten tomadas en cuenta. “Ustedes no son como muchos que vienen marcando distancia y ofreciendo cosas que no cumplen. Ellos allá, nosotros aquí… Ustedes vienen de la capital y los sentimos humildes, iguales a nosotras y a nosotros…”.

La caminata

Es la segunda vez que un equipo de periodistas de Ciudad Caracas se traslada al estado Carabobo para hacer un recorrido a pie a través de los hitos históricos de la Batalla demarcados en la sabana, y para seguir indagando acerca de las vivencias de mujeres, hombres, niños y niñas agrupados en la Comuna Nueva Batalla de Carabobo, que arropa a los 24 consejos comunales que ocupan hoy ese campo.

En la sabana donde se escenificó la Batalla hay 24 monolitos que demarcan los principales acontecimientos históricos registrados en ese suelo, e hitos que señalan la ruta geográfica que siguieron las divisiones de combatientes. Hicimos una caminata corta que no abarcó todos los monolitos.

Nuestro guía en el recorrido fue el sargento de seguridad (Infantería) Marcos Alí Castillo, cuya formación y entendimiento de la gesta patriota se la debe al libro Bolívar, conductor de tropas, de Eleazar López Contreras.

Nos topamos con algunos lugares por donde pasaron la primera, segunda y tercera divisiones, y desde uno de los cerros avistamos, a lo lejos, el tercer puesto de observación que tenía nuestro Libertador en la Batalla.

Encontramos un caserío, Chaparral, donde varios niños recibieron con sorpresa ejemplares del semanario Ciudad Caracas. Aquí, al ver una casa colonial en ruinas, nos dijeron las mujeres comuneras que también hicieron el recorrido, que las casas antiguas enclavadas en estas sabanas son patrimonio cultural.

En este punto, el sargento guía nos interpretó la canción de su autoría: Venezuela no se humilla. Un canto de amor y de historia. También cantamos en el sitio donde cayó el Negro Primero. Allí hicimos un alto, y Leorana conjuró con cantos aquel episodio.

La otra gran sorpresa del viaje fue haber pernoctado en el pequeño Pueblo Vaquero -así llamado-, ubicado en Sabana del Medio. Al llegar a esta minifinca del sector Barrera, nos pareció entrar en un set del cine hollywoodense. Es la recreación de un pueblo estadounidense de vaqueros, con la oficina del sheriff, el saloon, y muñecos vaqueros apostados en los techos, rifle en ristre…

Un escenario a lo western.

Al día siguiente, domingo, nos levantamos para hacer la visita al Arco del Triunfo de Carabobo y al Altar de la Patria.

Primero se encuentran los generales y principales figuras que fraguaron la triunfal Batalla; después se observa el Arco con todas sus simbologías, arriba, de frente, Bolívar; detrás, Páez; al fondo, con aire de misterio está el Altar de la Patria, flanqueado por dos esfinges de mujer que representan, una, la nación venezolana, y la otra, España.

En el Altar se registran, en relieve, las cuatro escenas más importantes de la contienda épica: la primera, el cruce de la quebrada de Carabobo donde se dio el primer encontronazo con el batallón realista; la segunda, cuando la caballería del general Páez accede al campo de batalla; la tercera, registra el choque de las infanterías patriota y realista; y en la cuarta, la más conmovedora, está Bolívar en su caballo observando a lo lejos; abajo, se ve la triste escena donde Manuel Cedeño, Ambrosio Plaza y el perro Nevado pierden la vida. Esta es la escena de la persecución al batallón expedicionario Valencey, realista, final de la gloriosa Batalla.

El camino de vuelta lo hicimos llevando a cuestas un redondel de 50 tortas de yuca, elaboradas en aquellas sabanas.