La araña feminista | El racismo naturalizado

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Un único tweet https://cutt.ly/ObQSvXd basta como evidencia del racismo nuestro de todos los días. 140 caracteres escritos por un hombre casi centenario, socialdemócrata, exdiputado del extinto Congreso Nacional, formado en el Colegio La Salle de una ciudad localizada frente al inmenso Mar Caribe. Se trata de ENRIQUE ARISTEGUIETA GRAMCKO, quien hizo parte del movimiento cívico-militar que derrocó al dictador Marcos Pérez Jiménez en 1958 y que se enquistaron en el poder en una Venezuela “pactada” y rendida a los crueles designios del neoliberalismo continental.

Entender quién es ARISTEGUIETA es entender el accionar de sus hijos, de sus nietos, de su propia genealogía, de la herencia y su legado genocida, aporofóbico, xenófobo y clasista que, al amparo de reinos y gobiernos genocidas, resguardan hoy a los responsables directos de la mortandad y destrucción pretendida de la Patria bolivariana.

Que diga ARISTEGUIETA que en el Salón Elíptico no puede ocurrir un velorio de santeros es prueba irrefutable de la continuidad del accionar histórico vigente de la “espada y la cruz”. Sanguinario accionar con el cual han pretendido siempre arrancar nuestra conciencia, identidad originaria, nuestra cosmogonía que es planetaria (África planetaria), la vida que no se somete.

Espada y cruz o rendirnos… ¡no, nos rendimos! Que las redes (anti)sociales vomiten odio, vísceras y el contenido fecal que las sostienen, no es cosa nueva. Festejar la muerte del Cimarrón Aristóbulo Istúriz, empleando expresiones de odio racistas y xenófobas, no es cosa nueva. Lo harán siempre a través de los medios disponibles, sus propios medios.

Es su naturaleza odiarnos, celebrar la muerte y apelar a Dios (su Dios) y a las pailas de sus infiernos con las que jamás lograron ni lograrán “disciplinarnos” e instalar el “temor divino” para que nuestros santos, los tambores, nuestro canto, dejen de honrar la vida de los nuestros y conduzcan el viaje que con la muerte nos lleva de vuelta al África.

Mientras no entendamos que el racismo existe, que el denominado mestizaje es racista en su esencia (mestizarnos con sus dioses, con sus credos, negando nuestros Orixas, nuestra historia, tributando a los poderosos, es rendirnos), que hay que insistir en una nueva pedagogía que devele la Historia arrancada, y no la historia de héroes y tumbas, no la eurocéntrica que tributa a la modernidad occidental, no la historia que nos invisibilizó y negó siempre.

Hasta tanto no ocurra, el odio supremacista tendrá siempre la mesa servida.
El racismo, xenofobia y aporofobia continúan intactas y se camuflan en las denominadas diferencias políticas. Del racismo al fascismo hay un paso.

Ciudad Ccs / Lilia Ferrer-Morillo