La Caraqueñidad | El arduo camino a la santidad

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El pasado 30 de abril, cuando toda Venezuela y gran parte del mundo católico, cristiano, apostólico y romano celebró la tan retardada beatificación del doctor José Gregorio Hernández Cisneros (JGHC), inició el conteo regresivo que impone la cúpula eclesial y sus estrictas reglas para reconocer al menos un milagro más que permita su canonización y con ella el ascenso al trono de los santos.

Fue viernes, último de mes. Hubo un primer milagro. Santa quincena y los angelicales cestatickets fueron olvidados –a pesar de la innegable necesidad–.

Prioritario fue observar, en vivo y directo, el promocionado acto con las rigurosidades de la bioseguridad en pandemia.

Ese camino que permitirá al hijo de Benigno María Hernández y Josefa Antonia Cisneros transferir sus virtudes humanas a la cima del cielo, jovialidad incluida por su afición a la música en aquella decimonónica Venezuela casi aldeana –tocaba piano y violín y bailaba como el que más–, luce plagado de deseos imposibles que de cumplirse ojalá la cúpula sacerdotal capte tan velozmente como otros que sin previo aviso pasaron el umbral y se instalaron a la diestra de Dios Padre luego de sus legales canonizaciones.

Si hay un cybersanto europeo, por qué no puede haber un santo médico y musicólogo, virtud irrefutable del beato criollo que con la ciencia atendía males físicos y con música y baile alegraba su espíritu y el de sus allegados.

¿No cree usted? Aunque como está el país y el mundo, al hijo ilustre de Isnotú le corresponde atender peticiones más de índole moral que científica.

¿Será poner la vara muy alta al doctorcito? Nada debería resultarle imposible.

Por eso se oyen y se leen peticiones –de ateos y feligreses– de todo tipo, deseos y anhelos que van de lo individual a lo colectivo…

Juzgar y ser juzgado

Si la Biblia y las santas escrituras son más extensas, en centímetros por columna, que el Quijote de Cervantes, por qué la beatificación estuvo amenizada con el canto sepulcral que interpretó un desconocido aspirante a prelado sobre el versículo 25:35-46 de Mateo, cuyo contenido pareciera contrario al unionismo y antiintervencionismo demandado en un video horas antes por el jerarca católico, Francisco.

“Todo lo que hicieron a mis hermanos necesitados a mí me lo hicieron. Entonces me volveré a los de la izquierda y les diré: ¡Apártense de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus demonios”… Silencio sepulcral. ¿Un desliz de la élite católica criolla en tan especial momento aguardado por más de 70 años? Extraña manera de subsanar la evidente fractura social y política.

Un minuto más tarde el jefe del nuncio apostólico, Aldo Giordano –palabras más, palabras menos– editó sin música la misma parábola y con ambidextra tolerancia omitió los sonoros epítetos. ¿Milagro rectificador? Ave María Purísima.

El orientador mensaje del jesuita Jorge Mario Bergoglio quedó bloqueado en las redes sociales. Increíble excusa: “Quien subió el mensaje lo borró”. ¿Quién domina la plataforma youtube? Milagro hubiese sido darle like para, como buenos samaritanos, imitar al beato andino. No obstante, lograron bajarlo a otras plataformas y aunque sin llegar a trending lograron difundirlo.

Milagros muy esperados

El milagro más solicitado fue el fin del coronavirus y todos sus vestigios. Hay mucha fe en ello, porque si de algo sabía el venerable era de medicina y esas cosas de salud. Para ella vivió, y garantizando la de un paciente murió.  Surgieron otras peticiones. Quizás, unas más lógicas que otras.

Milagro justiciero. Que le caiga el peso de la Ley a quien atentó contra la vida de Yaxuri Solórzano. Es dicotómico porque sin ese delito no hubiese existido la víctima que visibilizó la causa. Ese, esos y todos los delincuentes merecen similar destino que el coronavirus: su neutralización.

Milagro de cordura y paz. Ninguna fuerza pública puede negociar con hampa común ni permitir la creación de cuerpos paralelos para administrar (in) seguridad ciudadana.

¿Milagro sexual? Tolerancia cero con agresores de menores de edad y personas abusadas sexualmente. Cesen los crímenes de odio y la violencia de género.

Milagro de reconocimiento. Profesionales de la medicina, enfermería y todo el personal de salud, así como educadores y otros pilares creadores de vida y crecimiento integral del país deben ser reconocidos, respetados y dignificados.
Milagro presencial. ¿Cuándo aparecerá el profesor Carlos Lanz? Lo esperan vivo y sano. Como él, cuántos más… Ver para creer.

Milagro de multiplicación. Jesús multiplicó panes y transformó agua en vino. ¿Quién multiplica los salarios y dignifica el poder adquisitivo? Hay teorías y estrategias al respecto. Buscar menos culpables y trabajar más unidos en la solución podría ser parte del milagro, con un punto de honor: desaparecer “for ever” el bendito dólar y el website que from Colombia mueve la economía de our milmillonario country. Increíble que el recién anunciado aumento no alcance ni para un cartón de huevos…

Milagro de humildad. Aplicable a los líderes de todas las tendencias. Y aunque son minoría, en el discurso se rasgan vestiduras por amor al pueblo mientras en la práctica malogran la quimérica justicia social.

Milagro de alcurnia. Como dijo un profesor amigo, ¿debe JGHC apelar a su segundo apellido para acceder al olimpo católico?

Tantas peticiones que lucen inalcanzables allanan de imposibles el camino a la santidad del humilde médico, quizás por eso las lágrimas derramadas por su imagen en un liceo de Charallave (certificado por su directora, profesora Dilcia Millán)… Creer o no creer. Hay libertad para ello.

Ciudad Ccs / Luis Martín