BAJO LA LUPA | Cruceros de la muerte

Eduardo Rothe

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Ya aparecieron en Venezuela anuncios invitando a viajar en cruceros que parten de La Guaira hacia el Caribe. Esta supuesta “aventura” en un barco de 3 cuadras con una media de 3.000 pasajeros (los mayores albergan 6.000) no es más que pasar unos días en un gigantesco centro comercial, con fugaces escalas en algunos puertos y apenas tiempo para dar una vuelta y comprar recuerdos. No vamos a discutir sobre el buen o mal gusto de semejante vacación, pero es necesario informar a los usuarios sobre las partes más siniestras de ese tipo de turismo.

Los cruceros funcionan con fueloil, el combustible más pesado que existe, y que es la basura que sobra de la producción de gasolina y gasoil en las refinerías. Los motores de uno de esos barcos funcionan noche y día sin parar, y en un año producen más carbón y gases de invernadero que un millón de carros, o que 4.200 camiones pesados que recorran cada uno 100.000 kilómetros de carretera. Si sumamos lo que afectan en todos los puertos que visitan, se les atribuyen de 250.000 a 400.000 muertes prematuras en un año.

Por otro lado, los cruceros producen y arrojan al mar, diariamente, unos 114.000 litros de aguas de cloaca y 964.000 litros de aguas servidas (de duchas, lavabos, fregaderos y lavanderías). Este más de un millón de litros (mil toneladas diarias) de porquería con detergente mata peces y corales, intoxica a los que sobreviven y termina en la cadena alimenticia de los humanos.

El daño de los cruceros está monitoreado por una agencia de las Naciones Unidas, la International Maritime Organzation (IMO), con sede en Londres, pero es autónoma, y de la misma manera que la Organización Mundial de la Salud (OMS), también de la ONU, depende de las transnacionales farmacéuticas, la IMO depende de las empresas de navegación, entre ellas las de los cruceros. Por eso, en su última reunión para tratar el crecimiento anual de emisiones tóxicas de los barcos, un 15%, acordaron rebajarlo… a 14%.

La organización civil internacional de defensa del ambiente marítimo, Oceana, publicó una encuesta según la cual 8 de cada 10 pasajeros de cruceros desaprueba su contaminación de cielo y mar, pero las empresas de los cruceros responden que sólo tratarían las aguas que vierten al mar si cada pasajero está dispuesto a pagar 25 dólares extra para resolver el problema.

Mientras tanto, en algunos puertos importantes las autoridades van a proveer electricidad a los cruceros para que apaguen los motores mientras están atracados y así reducir el daño que su humo causa a la población.

Pero también los pasajeros (sólo en 2013 fueron más de 21 millones) son víctimas del gigantismo de los cruceros: el Covid-19 hizo olvidar muchos casos de recientes infecciones colectivas, mayormente gastrointestinales y respiratorias que azotaron a esa industria debido a cocineros infectados, mal manejo de la comida (especialmente mariscos), elementos crudos contaminados y al contagio en ese ambiente cerrado. Siendo 45 años la edad media de los pasajeros, unos 10.000 enfermaron gravemente y muchos murieron víctimas de Salmonella, E. Coli, Shigela Cyclospora, Trichinella, Staphilococus aureus o Clostridium perfringens.

Visto todo lo anterior, solo queda desearles ¡Feliz Viaje!

Eduardo Rothe