Cuentos para leer en la casa | El coleccionista

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Debo confesar con cierta vergüenza que este hábito de coleccionar pesadillas lo heredé de mis mayores, que a su vez lo heredaron de los suyos en una larga tradición que abarca siglos de luchas y de sacrificios.

De niño me despertaba atacado por una feroz pesadilla que intentaba ahogarme entre los meandros de su macabra historia, hasta que, con el tiempo, comencé a acostumbrarme a ellas. Luego me di cuenta de que podía atraparlas y coleccionarlas en pequeñas y frágiles cajas de madera. Allí estaban encerradas en un orden universal y perfecto las visiones más abominables de la psique humana, aquellas que nadie se atrevía a pensar, pues su sola idea enloquecería los corazones más valientes. A veces, cuando me matan el tedio y el aburrimiento, doy una siesta para divertirme. Entre los invitados escojo a un grupo de vecinos grises y avarientos que, sin lugar a dudas, nadie echará de menos. Los conduzco bajo engaños, a la habitación donde, orgulloso, les muestro mi colección de pesadillas. Dejo que cada uno escoja a su preferencia. Luego les abro la ventana y salen volando convertidos en grifos, aves insomnes, insectos monstruosos, mariposas oscuras, murciélagos salvajes. Se posan sobre los cables del tendido eléctrico contemplando el mundo a sus pies. En un principio están felices de su nueva condición. Pero luego de un tiempo se cansan de sus pesadillas, pero ya no saben cómo regresar. Se quedan estáticos a la intemperie bajo la fría noche hasta que el cruento invierno los congela en figuras de hielo que nadie reconoce. En el verano se derriten. Cuando arrecia el calor húmedo de la costa y salgo a la calle a comprar un helado, cigarrillos o la prensa puedo sentir sus miradas de odio desde las alcantarillas oscuras y húmedas.

EL AUTOR

Wilfredo Machado

(Barquisimeto, 1956). Narrador y compilador. Estudió Letras en la Universidad de Los Andes (ULA) y en 1993 realizó estudios en la ciudad de Nueva York. Sus comienzos literarios están vinculados al Taller Autónomo de Literatura (TAL) en la ciudad de Mérida en el que participó a finales de los años sesenta. Primer Premio XLI Concurso de Cuentos de El Nacional, 1986, por Contracuerpo. Mención de honor en XLII Concurso de Cuentos de El Nacional, 1989. Segundo Premio del Concurso Literario Narrativa Breve, Instituto de Cooperación Iberoamericana (ICI), Embajada de España, 1992. Premio Municipal de Narrativa del Distrito Federal, mención Cuento, 1995 por Libro de animales.