Diariamente son vacunados 100 adultos y adultas mayores

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Cuando a la señora Carlota, que ya tiene sesenta y tantos años, le llegó aquel mensaje a su teléfono, ella pensó que era broma o que se trataba de una de las tantas bandas de estafadores que operan en la ciudad capital, ya que ella no se había anotado en ninguna lista para ser vacunada contra el Covid 19. A cada rato revisaba el mensaje y lo releía con calma.

“Buenas tardes, Por el sistema Patria y a través de la Sala Situacional de adulto mayor Omapedam de la Alcaldía de Caracas, ha sido seleccionado para que asista Mañana 11 de mayo a partir de las 8 AM al Hospital de Coche, para la 1era Dosis de la vacuna contra el Covid 19. Asistir con las medidas de bioseguridad. Por favor, confirmar asistencia”.

Después de pensarlo detenidamente llegó a la conclusión de que no tenía nada que perder con asistir a la cita.

Al llegar al hospital, a eso de las 8 de la mañana, preguntó dónde es que estaban vacunando y allí le indicaron. Había un montón de sillitas dispuestas. Ella las contó. Había 50. Consultó y le dijeron que citaban 50 en la mañana y 50 por la tarde, ya que tenían que evitar aglomeraciones. En otra parte de la sala había otro lote de sillas y también estaban vacunando, pero luego se enteró que ese grupo venía por su segunda dosis. Todos pasaban de los sesenta años y algunos se ve que pasaron esa edad hace bastante.

Verificaron con su cédula si aparecía en la lista de los que habían citado para ese día y, tras corroborarlo, le pidieron otros datos, como el correo y la zona donde vivía, los cuales fueron anotados en un libro de registro. Le tocó el número 37.

Pero en la cola no había 50 personas, sino más. Ella contó por lo menos 55. Se extrañó, pero pensó que se trataba de amigos o familiares de las enfermeras. La cola estaba a cargo de un grupo de estudiantes de la Universidad Rómulo Gallegos, mientras que las vacunas las aplicaban tres enfermeras de allí del hospital de Coche.

Las estudiantes de la Unerg verificaron, lista en mano, a cada uno de los asistentes y el grupo de mujeres sobrantes no supo explicar por qué habían acudido ese día al centro hospitalario sin haber sido citadas. Las muchachas las instaron a retirarse, pero las mujeres “se las comieron vivas”. Optaron por dejarlas quietas, pero igual las sacaron de la cola cuando les llegó su turno y las enfermeras corroboraron que no habían sido citadas. La orden era precisa y terminante. Sólo serán vacunados los que fueron citados. Sin excepciones.

Finalmente a las 10:30 de la mañana le llegó su turno. La vacunaron y la mandaron a volver el 10 de junio. Le dijeron que esperara sentada en una salita unos 15 minutos, al cabo de los cuales le manifestaron que podía retirarse a su casa. Era por si acaso alguna reacción.

Wilmer Poleo Zerpa / Ciudad CCS