LA ARAÑA FEMINISTA | Colombia sangra y riega su resistencia

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“No parimos hijes para la guerra” rezaban las pancartas de las madres y abuelas que se autoconvocaron a marchar en repudio a la más salvaje represión contra la ciudadanía que haya desplegado gobierno alguno en la región. Quizá, sólo comparable con la de Piñera en Chile.

Días antes mi cuerpa se había entumecido, al escuchar estallar en llanto, en cada uno de los testimonios de 7 o más hermanas colombianas, en un zoom que prepararon amorosamente las Feministas del Abya Yala ante el cómplice silencio de los medios hegemónicos. Lloró desde la bogotana sifrina, la caleña del barrio, hasta la que está fuera del país desde hace muchos años.

Hasta ahora se cuentan 10 sobrevivientes de violencia sexual por parte del ESMAD u otro ente de seguridad del Estado. Otra vez el cuerpo de las mujeres como botín de guerra.

Cuál guerra, pues la de una oligarquía narcoparaca contra una puebla que, desde que asesinaron a Jorge Eliezer Gaitán no ha dejado de resistir y organizarse.

Una puebla sí, porque en Colombia, como en todo el sur global, las que sostienen la vida de las clases precarizadas son las mujeres con sus varias jornadas de trabajo.
Colombia hermana es la segunda más desigual de la región. Alrededor de 70% de la masa laboral gana entre 1 y menos de 1 salario mínimo vital. Su oligarquía, porque ahí la burguesía si tiene vínculos directos con la concentración del capital desde la colonia, profundamente rancia y conservadora, es inescrupulosamente racista, clasista, xenófoba y machista; lo que explica que haya salido vestida de blanco y armada, junto con la policía, a abalear a la Minga Indígena que se encontraba en la Universidad del Valle, Cali.

Colombia, en la que esa élite asesina cedió territorio para instalar 9 bases militares de EEUU, otorgándole inmunidad a sus marines con la cual fueron a violar niñas colombianas. La misma que depositó profundas esperanzas en la firma de unos acuerdos de paz, que a la fecha arroja más de 1100 personas asesinadas entre excombatientes, lideresas, líderes sociales y defensoras de DDHH.

Si hay un lugar en el que el uso de la palabra terricidio tiene cabida para explicar una realidad, es en Colombia, a la cual siguen regando con veneno sus tierras y aguas, y los millones de personas de comunidades enteras desplazadas, así lo demuestran.

Por eso cantamos para que sane Daniela Soto, el himno de la Guardia Indígena que seguro ella mucho cantó. Mujer del Pueblo Nasa, lideresa en defensa de la vida, el territorio y los derechos de las mujeres y jóvenes, quien está luchando por su vida como lo hizo Daniel Alejandro Zapata por 10 días o Lucas Villa.

Nos solidarizamos con su digna resistencia y con ustedes decimos: “Y echemos para siempre el proyecto de muerte que extermina a los pueblos y sembremos para que florezca el proyecto de vida que busca el bien común para todas y todos”.

Indhira Libertad Rodríguez