Correo de Carabobo | Los carrerones de Páez para alcanzar a Bolívar

0

En la recta final

A principios de mayo de 1821, por estas fechas, Bolívar le ordena a Páez movilizarse con todo su contingente desde Apure para encontrarse con él en Guanare. La orden se resume fácil en una línea, como se acaba de ver. Pero el trabajón que esto representaba era en sí mismo una hazaña dentro de la hazaña guerrera. Así describe y cuantifica José Antonio Páez la tarea que tenía por delante, cómo inició y cómo fue mutando sobre la marcha:

“El 10 de Mayo salí de Achaguas con 1.000 infantes, 1.500 jinetes, 2.000 caballos de reserva y 4.000 novillos, y crucé el Apure por el paso Enriquero. No son de contar las molestias y trabajos que nos hizo pasar durante nuestra marcha la conducción de tan crecido número de animales. Todas las noches los caballos se escapaban en tropel, sin que bastaran los hombres que los custodiaban para detenerlos en la fuga. Por fortuna, como habían estado siempre reunidos por manadas en los potreros, corrían juntos, y era fácil seguirlos por las huellas que dejaban en la tierra, muy blanda entonces, pues para mayor aprieto estábamos en la estación de las lluvias. Estas deserciones se repetían todas las noches á las ocho, pues por el instinto maravilloso de esos animales, una vez que han encontrado la posibilidad de escapar á sus dehesas, redoblan siempre sus conatos á la misma hora del día siguiente. Al fin mis llaneros los cogían y al otro día me alcanzaban con ellos en la marcha, que yo aceleraba todo lo posible para reunirme cuanto antes con Bolívar”.

Logran Páez y sus combatientes llegar a Guanare para el encuentro, pero Bolívar, que invertía sus energías en perseguir a De la Torre, decide no esperarlo; Páez cuenta cómo fue que, antes de llegar a Guanare, le informaron que el Libertador había partido hacia Araure. Páez decide dejar la infantería (soldados de a pie) y lanzarse en busca del jefe solo con la caballería, en parte porque sabía que Bolívar andaba fallo de caballos, y en parte porque así podía acelerar la marcha.

Así que Bolívar iba persiguiendo por esas sabanas a De la Torre, y Páez a Bolívar. Páez pasó por Acarigua-Araure y de allí también habían salido volando, primero el español, pegando los talones en la nuca, y más atrás el Libertador. Finalmente Bolívar se detiene en San Carlos y De la Torre llega jipiando (“hipando”, diría alguien curto y bien hablado como ustedes) a Carabobo, donde está el grueso del ejército realista.
La cortesía del enemigo

Cuenta Páez en sus Memorias que, estando en San Carlos, reunido al fin lo más selecto del generalato patriota a las órdenes de Bolívar, y mientras se toman unos días para descansar y organizar allí la arremetida de Carabobo, se presentó un enviado de De la Torre con una extraña propuesta de armisticio. Páez asegura que lo del armisticio era solo una excusa para que el enviado, un oficial de apellido Churruca, se enterara de primera mano si por fin los llaneros de Páez habían logrado reunirse con el Libertador. “El objeto aparente de la llegada de Churruca era proponer un nuevo armisticio; pero el real y verdadero, averiguar si aún no me había reunido yo con Bolívar para atacarle inmediatamente”, dice el Centauro.

Cuando el español preguntó por él en medio de la comida que le ofrecieron, Páez lo saludó: “Háblame”.

Entonces el español pasó a explicarles el acuerdo que los realistas proponían: un nuevo alto al fuego, con la margen derecha del río Portuguesa para los españoles y la otra para los patriotas. Ninguno debía cruzar al otro lado del río para evitar nuevos enfrentamientos. Bolívar dijo algo que, traducido a la terminología militar de esta época de guerras de cuarta y quinta generación, vendría a significar algo como: “¿No será pa’ joderme?”. Ni más ni menos, la propuesta realista significaba para los patriotas tener que ceder todo lo que ya habían conquistado. Así que le indicaron al compai Churruca que se comiera un postre, un café y un traguito de miche callejonero, y se regresara a Carabobo a decirle a su jefe que se preparara para la coñacera de los próximos días.

El jefe llanero describe lo que currió inmediatamente después (ni más ni menos, la antesala de la Batalla de Carabobo): “…después de su expulsión de San Carlos, y desde principios de Junio, había el enemigo concentrado sus fuerzas en Carabobo, y desde allí destacaba sus avanzadas en descubierta hasta el Tinaquillo. Envióse contra ellas al teniente coronel José Laurencio Silva, quien logró hacerlas prisioneras después de un encuentro en que murió el comandante español. Entonces el enemigo juzgó prudente retirar un destacamento que tenía en las alturas de Buenavista; y ocupado desde luego por el ejército patriota, desde allí observamos que el enemigo se estaba preparando para impedir el descenso a la llanura”.

Ni más ni menos: Aquiles contando cómo empezó la Ilíada.

____________________________

GENTE CLAVE

CRUZ CARRILLO

El distractor

Entre los muchos venezolanos valiosos pero poco conocidos que incidieron en la campaña de Carabobo, debe mencionarse a Cruz Carrillo (Trujillo, 1788). De la gran cantidad acciones en que participó, antes de 1821, destaca la Campaña del Centro (1818) y en 1819 es uno de los oficiales que acompañan a Bolívar en la insólita hazaña conocida como el Paso de los Andes o de Pisba, antes de cubrirse de gloria también en las batallas de Gámeza, Pantano de Vargas y Boyacá.

En noviembre de 1820 estuvo con Bolívar en otro momento trascendental de nuestra historia: la entrevista de Santa Ana con los generales Morillo y De la Torre, en su calidad de gobernador político y militar de la Provincia de Trujillo. Mientras la maquinaria de guerra republicana se dirige a Carabobo para la gran batalla, en junio de 1821, Carrillo al mando del Ejército de Occidente realizó la maniobra de diversión que acosó a los realistas en San Felipe, Nirgua y Valencia, evitando que todo el ejército español lograra congregarse en Carabobo.

Ya consolidado el triunfo patriota, fue ratificado como gobernador de la Provincia de Trujillo el año 1823 y luego en 1824 cumplió las mismas funciones en Barinas. Ascendido a general de brigada en 1826 y a general de división en 1831, se retira para ejercer la agricultura después de la muerte de Bolívar. Pero la República lo siguió convocando para ocupar cargos de importancia, hasta su muerte en 1865 con el rango de general en jefe.