Tres en 1 | Amaranta: “Crear es el reto de liberarnos”

0

Revele su rollo

Cantautora. Su voz va regando cantos y pasiones y emociones. Ahora tiene la palabra.

¿Es mejor componer canciones que cantarlas?

—Crear una canción es juntar nuestras convicciones para plasmar ideas literales o metafóricas, y sintetizarlas con melodías, armonías, ritmos, silencios y vacíos, bastante importantes, por cierto. Ahí viene el parto de la composición. Creer en una posible canción… y crearla. Luego, criar la canción. Ensayar, memorizar. Interpretar es crear de nuevo. Es subjetivo por lo que sabemos o sentimos, y cuándo necesitamos una canción y no otra. Apretar diafragma, abrir costillas, inflar pulmones, devolver el aire por las cuerdas, campana, timbre, y lengua pa’ armá’ o desarmá’ el fiestón, pa’ entretenernos y brincar o desgarrarnos por solidaridades cada vez más necesarias o despechos. Sale la voz sola, con un cuatro o maracas, hasta una orquesta, depende del gusto, pero también de la lucha de clases que nos permite o nos limita soltá el buche. Plasmar la canción para ejecutarla y grabarla requiere múltiples conocimientos, de arreglo, grabación, comunicación, dominio de redes emergentes y lidiar contra la monotemática industria cultural. Huimos de su embudo que pasa a ese globito, que impone el gusto y niega millones de géneros de gran riqueza, mientras hace mofa de libertad y nos lleva a oyentes y creadores a lo básico y aplastado de nuestra imaginación y deleite. Así resumo la pasión fascinante que elegí para mi vida: cantar.

Hay un verso en la música venezolana que dice: No me obliguen que cante que no puedo/ me duele el alma, me duele corazón/ se me acabó la voz y el resuello/ y el canto me priva la respiración. ¿Cómo se puede cantar así?

—Siempre me lo pregunté cuando le oía a Gualberto esa recopilación poética en su hermosa Malagueña. De que pudo, pudo. El arte permite fantasía, omnipotencia, omnipresencia, contradicción, reflexión, acción. Ojalá en muchos casos, estos permisos, se quedaran sólo en el arte. Pero ahí vamos, aprendiendo de autopeñonazos. Eso sí, lo obligao nos está apretando mucho en estos tiempos. Vamos dando zarpazos a Obligancio el rancio. Volvemos a la creación coherente con la vida floreciendo, expansiva.

¿Cómo sobrevive una artista popular en estos momentos de bloqueo y sanciones?

—Exacto. Sobrevive. Antes de, y en pandemia. El proceso creativo que te conté al principio es ignorado. Hay quienes sólo perciben la abstracción «aire salir de la garganta». Crear es el reto de liberarnos. El arte lo promueve. Desde el arte popular reconocemos a quién y dónde nos parió. Sin olvidar la tierra, la raíz, el tallo, creamos a partir de ahí nuestra propia flor.  Si hubiera mayor conciencia de ello, en nuestra patria, tendríamos la ansiada ley que nos incluyera en nuestra hermosa Constitución y que nos reconociera como expresión de algo tan amplio como la poderosa cultura de nuestros pueblos.

En esto hemos avanzado: nuestras comunas sí reconocen nuestro proceso creativo, porque vivimos en esa integración que nos hace creer, crear y criar. No nos convocan para que les apoyemos solidariamente, sino para trabajar en conjunto una idea solidaria. Reconocen nuestro trabajo, lo valoran y buscamos formas múltiples de intercambio para alzar nuestros talentos en un brazo que construye esa «mayor suma de felicidad posible» avanzadora. Somos rizoma en acción para lograr el proceso del arte más allá de la tarima o los tres minutos repetibles en las plataformas que nos aplanan cuando el sustento místico se debilita por cubrir efemérides, despedidas y programas.

Entre tantos géneros musicales que hay en el país, ¿cuál es tu preferido?

—Voy a tener que plantearte gustos semanales, porque la semana pasada estaba pegada con el merengue venezolano, que es en el que más me gusta componer; pero esta semana estoy con el joropo tuyero, la que viene, golpe mayero. ¿Te imaginas hacer Corazón Galeronero, Corazón Polero, Corazón Guasero, Valsero, Tamunanguero, etcétera, que cubra la difusión de mi pueblo entero, rico en  géneros y formas en todas sus regiones? ¡Pa’ allá vamos! ¿No?

¿La música venezolana sí tiene quién le escriba?

—Siempre ha tenido, tiene y tendrá quien le y la escriba. Enorme y prolija la creación y la expresión de nuestra música. Le decimos, a quienes imponen la gran maquinaria cultural, ese sabio dicho guaro que amamos en la Cantoría: «…donde repugno, amanezco…». Pero léase en tono grave y lento: ‘onderrepugnoamanejco’.

_________________________________

Retrato Hablado

“En toda nuestra América Latina se está librando una batalla contra fuerzas de
penetración extrañas no solo en el terreno de lo económico y de lo político sino además, y con intensidad, en el ámbito de nuestra cultura y de nuestro arte”. Así, con fuerza en su palabra, nuestro pintor y dramaturgo, César Rengifo, dejaba claro su pensamiento con lo que estaba pasando en ese momento. Rengifo siempre fue un defensor de sus ideales. Fue militante del Partido Comunista de Venezuela. Estudió pintura en la escuela de Caracas y después se fue a México, donde admiró los murales de Diego de Rivera.
Volvió al país y creó los murales: El mito de Amalivaca, en 1955, ubicado en las Torres de El Silencio, y Creadores de la nacionalidad, en 1973, situado en el Paseo los Próceres. Su talento fue galardonado con el Premio Nacional de Pintura, en 1954, y el Premio Nacional de Teatro, en 1980. Entre sus obras de teatro destaca Esa espiga sembrada en Carabobo. En 2011, luego de una profunda remodelación urbanística de la zona, se inauguró el Bulevar César Rengifo en el sector El Cementerio de la parroquia Santa Rosalía, en el Municipio Bolivariano Libertador del Distrito Capital, siendo el segundo más grande de Caracas en su tipo. Sus restos fueron trasladados al Panteón Nacional en 2006. Nació en Caracas el 14 de mayo de 1915, y murió el 2 de noviembre de 1960.

______________________________

El viernes de Lira