VITRINA DE NIMIEDADES | Preguntas sobre una narrativa de movilización popular

Rosa Pellegrino

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Colombia es hoy palabra compartida. Actores internacionales, políticos, luchadores sociales y pueblos del mundo hablan de lo ocurrido en la nación suramericana desde fines de abril, donde una ola de protestas puso en el foco público una de las realidades sociales más complejas de nuestro continente. Que eso sea así no necesariamente se traduce en una verdadera compresión de lo que ocurre en ese país. Quizás son más las preguntas que surgen, especialmente cuando se mira el abordaje mediático de esa situación.

No se trata de ampararse en una simple visión crítica de los medios, ni en plantear fórmulas infalibles para un “deber ser” de los comunicadores en estas circunstancias. Sería demasiado pretencioso hacerlo. Pero, al menos, vale preguntarse qué dicen los medios de comunicación sobre Colombia: cuando se habla del nacrotráfico y el paramilitarismo, ¿se cuenta cómo afecta esa realidad al pueblo llano? ¿Sólo se enfoca el impacto planteado desde el discurso de los voceros políticos? ¿Cómo mostrar el rostro humano de semejante realidad de forma efectiva? ¿Cómo evitar la estigmatización de un pueblo?

La narrativa sobre la situación colombiana se cruza, además, con una afirmación que surge en algunos entornos cada vez que hay un estallido social en nuestra región: ese tipo de situaciones ocurre por “una cosita así”, es decir, por algo pequeño que provocó la reacción de una población. En el caso de los colombianos, esa “pequeñez” se traduce en 7 décadas de violencia sistemática, una larga lucha por acuerdos para la paz que terminan sin cumplirse y una acentuada desigualdad social.

No pasó solo en Colombia, lo mismo pensaron algunos sectores en su momento sobre Chile, Bolivia y Ecuador. ¿Por qué los datos históricos quedan soslayados en la comprensión pública de esas situaciones? ¿En qué forma los medios de comunicación contribuyen a esa percepción? ¿Por qué quedan opacadas organizaciones y grupos, para terminar sorprendiendo como un movimiento telúrico? ¿Hasta qué puntos las redes sociales contribuyen a que temas neurálgicos se vean solo en el presente, como si no tuvieran pasado ni futuro?

Si la mirada fragmentaria de los problemas del continente es un desafío, construir una narrativa que distinga entre movilizaciones, articulación popular, represión y vandalismo tampoco es asunto resuelto. Líneas editoriales e intereses mediante. el campo de discusión y de preocupación es amplio: ¿cómo tratar informativamente un conflicto sin criminalizar a quienes están protestando legítimamente? ¿Cómo presentar el cuadro general de manera justa?

Una forma de afrontar esto es poder contar con múltiples narrativas sobre la movilización popular, para sembrar al menos la inquietud ante un voz diferente. Es lo que de alguna forma pasa con la portada de la revista Rolling Stone dedicada a Colombia frente a la narrativa de medios hegemónicos de ese país. Pero, como sabemos, son más las ocasiones en las que ese tipo de cosas no pasa.

Se supondría que con las redes sociales habría un campo amplio y fértil para conocer esas realidades, pero no ocurre así. Eso hace más urgente buscar respuestas a los desafíos de implica el intenso mundo de la movilización y organización popular en América Latina.

Rosa Pellegrino