HORIZONTE DE SUCESOS | Somos un horizonte de sucesos II

Heathcliff Cedeño

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La primera vez que escribí en este espacio traté de asociar a las personas con un horizonte de sucesos. Este ejercicio de intensidad pura es posible si asumimos que la realidad se proyecta a niveles cósmicos, pero también a escalas más reducidas.

Según la teoría, un horizonte de sucesos o de eventos es una región del espacio-tiempo que determina los límites entre la realidad posible y lugar incomprensible más allá de esa frontera, donde no se sabe qué ocurre con lo que traspase esa línea.

La fuerza de gravedad de un hoyo negro es tan poderosa que ni siquiera la luz puede escapar, y un observador ubicado en el exterior no puede precisar lo que sucede más allá del horizonte de sucesos. En cambio, en teoría, alguien que se ubique más allá de esa frontera sí puede ver lo que ocurre en el exterior.

Por eso no es imposible un ejercicio de imaginación en el que pensemos que todo lo que entra en nuestro universo no puede ser percibido por un observador foráneo, al menos no con la precisión con la que sentimos nosotros. La discusión de que si uno es proyección de universo o viceversa queda para otro momento.

Todo parece tener la misma esencia: un centro sobre el que orbitan otros elementos, y mientras más algo se aleje de ese centro va perdiendo realidad. Un buen ejercicio para entender esto es saberse viviendo en sociedad en cuyo centro se amontona la mayor cantidad de cosas y personas. Los de la periferia y su vida distendida no están sujetos a la misma gravedad, toda va a otro tiempo, más lento.

Los eventos del cosmos y de la cotidianidad pertenecen a la misma esfera del pensamiento y, por tanto, se organizan de la misma manera. Alguien dijo que el universo se parece más a un pensamiento que a una maquinaria, lo cual es creíble, sobre todo porque por más rígido que sea siempre hay un espacio para que la existencia se vuelva maleable y adaptable al entendimiento.

Heathcliff Cedeño