BAJO LA LUPA | Los Preciosos Ridículos

Eduardo Rothe

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A lo largo de 20 años, la oposición venezolana se ancló en algunas creencias y consignas tan fáciles como falsas que le impidieron ver la nueva realidad y la entramparon por la calle de la amargura y el fracaso: “Chávez es un demagogo que dividió al país”, “El pueblo ignorante está engañado”, “Con mis hijos no te metas”, “Los cubanos mandan en Venezuela”, “Éramos felices y no lo sabíamos”, “Maduro es un usurpador”, “Guaidó Presidente”, etc.

La oposición nació negando toda evidencia y sin respeto por la coherencia, como aquel político adeco que dijo en televisión (textual): “El problema es que el discurso de Chávez está dirigido a los sectores populares y no al venezolano común”… venezolano común que, según el lamentable Carlos Blanco (el de la reforma del Estado) era graduado en la universidad, tenía carro y vivía en un apartamento.

Los intentos de golpe de Estado y magnicidio fracasaron y la única vez que los opositores ganaron una elección, por abstención del pueblo chavista, y se apoderaron de la Asamblea Nacional, desperdiciaron la oportunidad al ponerse fuera de la ley en su intento facilista de salir de Nicolás Maduro mediante procedimientos administrativos.

Luego, con la salud y la educación al alcance de todos, millones de viviendas y 20 universidades después, siguieron sin reconocer (y aún no reconocen) ninguno de los beneficios de la revolución bolivariana, y hoy se ven finalmente obligados a renunciar a los atajos y a participar en las elecciones.

Y a sus “líderes”, perdida toda esperanza de llegar al poder, sólo les queda el ridículo y el dinero que tienen, de cuna como Enrique Capriles y Leopoldo López, o el que cobraron de comisión por entregarle a los gringos todos los activos de Venezuela en el exterior, como Guaidó y sus 40 ladrones.

Son los preciosos ridículos: Guaidó, a quien ya nadie reconoce como “presidente” de nada (ni Washington que lo inventó ni la Unión Europea) llama al diálogo con Maduro y se mete su “cese de la usurpación” en el (bolsillo) trasero.

Leopoldo López da una entrevista al ‘Expresso’ de Portugal y, cuando le preguntan cómo sobrevive en España, dice “vendí cosas, como muchos venezolanos que salieron del país, el carro, otras cosas. Tengo apoyo de mi familia (y aquí viene lo bueno) mi mujer trabaja de ‘coaching’ (asesoría) de nutrición. Era lo que ya hacía en Venezuela, y está a correr bien”. En el caso de la Tintori, claro, no es para organizar el contenido de las cajas del CLAP sino para que algunas señoras bajen de peso. Y como no tiene permiso de trabajo en España, deducimos que trabaja “en negro” (evadiendo impuestos)…

Ahora resulta que Lilian Tintori, quien gastó centenares de miles de dólares haciendo turismo político durante años, es una mujer trabajadora que, además de criar a sus tres hijos, se rompe el lomo para mantener al hogar (y al marido que no hace nada). Y debe trabajar mucho para poder pagar, entre otras cosas, los 14.500 dólares mensuales de alquiler de su apartamento en Madrid. ¿Habrase visto tal descaro y semejante ridiculez?

Por eso, con todas las dificultades y el descontento que vive la mayoría, estos preciosos ridículos no tienen chance de ganar las próximas elecciones de Noviembre, ni de escapar del burlesco puesto que se han ganado en los basureros de la historia.

Eduardo Rothe