AL DERECHO Y AL REVÉS | Nuestros militares

Domingo Alberto Rangel

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En todos los países la vida militar es dura, espartana, ruda como dicen los muchachos.

Y no puede ser distinto ya que de otra manera estos profesionales de la guerra… serían inútiles frente a una agresión exterior que en tiempos de sanciones y debilidad económica… como es lo que nos toca vivir… siempre puede venir desde la frontera occidental.

Máxime con un presidente como el señor Duque dispuesto a salvar su fracaso y lavarle la cara a un virreinato que necesitó soldados, oficiales y un gran general como Bolívar… para independizarse.

Levantarse con el gallo… obedecer a los superiores en el entendido que trasmiten órdenes y no temas de debate… estar dispuesto a lo largo del año a ser trasladado del lugar de trabajo… son usos que no encajan con el modo de ser de los civiles.

Pero, aún así una sociedad no puede funcionar sin militares. Salvo que esté dispuesta esa sociedad a que otras desde el extranjero la cuiden… o a que periódicamente se pierda territorio.

Por otra parte el militar es y debe ser objeto de cuido por la sociedad a la que sirve: por ende es el único profesional que siempre encontrará cobijo, cama y comida en su lugar de trabajo.

Y puede pasar la vida vistiendo en exclusiva traje militar… porque para eso tienen uniformes para cada ocasión.

Pero así funciona la institución militar en todos los países de la tierra donde los hombres de guerra son objeto de respeto por parte de la población, que sin muchas explicaciones entiende que los militares son indispensables al ser quienes en definitiva, con las armas que les da la república, cuidan las fronteras del territorio patrio… pero también garantizan el clima ciudadano para que puedan funcionar las instituciones.

Lamentablemente la polarización extrema hace tiempo acabó en nuestra Venezuela con este desiderátum republicano que se debe restablecer.

Este ataque estúpido y suicida contra nuestros militares lleva tiempo: aún recuerdo cuando infiltrados en una marcha de protesta contra la inseguridad… ventoleaban como gracia, frente a la reja de un cuartel ropa íntima femenina significando que los militares –miembros de una institución obviamente machista- eran considerados por aquellos extremistas unas “damas”… porque no derrocaban “ya” al presidente Chávez.

En esa época me separaré de aquella oposición que es la misma que hace poco le tiró excremento a militares y policías que ponían orden en una autopista… y ahora aplaude a la guerrilla colombiana… llegando al colmo de celebrar a quienes secuestraron ocho o nueve miembros de la FANB.

Pero retornando al presente entiendo que la corrupción que en todo estamento venezolano tiene asiento… también se ha infiltrado en nuestra FANB… pero si uno mete la lupa verá que los militares… tienen las mismas dificultades que el resto de los venezolanos… muchos están flacos… lo cual acaba con la premisa de “todos roban”.

Flaquitos como eran los soldados nuestros que una vez llegaron hasta el Alto Perú.

Y flacos como esos que se ven por las calles son los que combaten valientemente y a riesgo de la vida… la incursión colombiana en Apure y estados aledaños. ¡Con nuestros muchachos secuestrados por la disidencia FARC debe estar alineada toda Venezuela!

Restablecer la unidad venezolana implica actos de confianza entre civiles… militares y gobierno: por ejemplo… la población está obligada a hacer respetar a nuestros soldados… y sin alharacas también debe sin temor denunciar la corrupción donde aparezca… sea del lado civil… o del lado militar y las instituciones del Estado deben actuar a tiempo.

El coronel de la leche ni es el único corrupto ni debe ser chivo expiatorio… pero tampoco representa la media.

En ese grupo de sinvergüenzas cae el ex diputado interino… al que el Fiscal debe encerrar… junto al ex zar de Lácteos Los Andes.

Domingo Alberto Rangel