RETINA | Pulsión de muerte

Freddy Fernández

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Creo que la muerte es solo un concepto y que la vida, aunque se pueda afirmar que es también un concepto, es mucho más que una idea. La vida es, eso entiendo, nuestra única posibilidad de ser.

Lo que acabo de escribir puede ser mucho más controversial de lo que a mí me gustaría que fuera. Niega visiones que les resultan muy valiosas a mucha gente, pues la mayoría está convencida de la posibilidad de una separación del espíritu, o del alma, que abandonará nuestro cuerpo y seguirá existiendo más allá de la vida material.

Lejos de querer discutir sobre estos temas, sólo quiero afirmar que le concedo un altísimo valor a la vida de cualquier ser humano y que nunca me alegraré de la muerte de nadie, porque cada muerte me parece la irreparable pérdida de una visión única del universo.

Nunca he sentido alivio por la muerte de seres a quienes detesté abiertamente mientras estaban vivos. No me alegraron las muertes de Pinochet ni Somoza, a pesar de saberlos responsables directos de la tortura y el asesinato de miles de personas.

Siento una terrible repulsión a las expresiones de alegría por la muerte de cualquier persona. Esta sensación se me vuelve imborrable y se queda pegada a la biografía de las personas a quienes he visto manifestarse de esa forma, como ocurre con G.W. Bush, ante el asesinato de Sadam Husein, y Hillary Clinton y Obama, ante el asesinato de Gadafi.

Estoy seguro de que cuando se piensa que debe matarse a los adversarios para hacer avanzar o sostener una visión o una propuesta, lo que presenciamos es una actitud criminal que no debe ser confundida con una convicción política. En este caso lo que caracteriza a la visión es su ruta criminal, no su justificación en discursos de supuestas intenciones de perseguir un bien mayor.

Si esta visión criminal fuera cierta, América Latina, con sus centenas de miles de asesinados, torturados y desaparecidos, sería un modelo mundial de gestión.

Los miles de colombianos asesinados por Uribe no han significado que Colombia sea un mejor país. Todo lo contrario, en Colombia el exterminio permanente de la oposición popular ha permitido la existencia de un país cada vez más injusto.

Hay un sector del antichavismo muy anclado en esa repudiable visión del asesinato y la muerte como vías de actuación. Se trata de una pulsión que nada tiene que ver con la política, es una pulsión criminal que busca justificaciones para sentir que los asesinatos que quiere cometer están dotados de algún sentido.

Freddy Fernández | @filoyborde