García Carneiro sobre ese tanque en la autopista

0

El general en jefe Jorge Luis García Carneiro se distinguió de otras prominentes figuras del chavismo porque no se inventó un pasado épico-revolucionario. Lo construyó a pulso.

No nos quiso hacer creer que en sus años mozos lo perseguía la Disip o que en los cuarteles hacía circular panfletos subversivos. Siempre tuvo la transparencia y la personalidad necesarias para reconocer lo que en verdad fue: un chamo pobre de El Valle que logró cruzar la autopista y entrar a Fuerte Tiuna como cadete, porque le atraía el deslumbrante mundo de los militares.

Y también admitió sin ningún complejo que, dos décadas más tarde, cuando el movimiento encabezado por su excompañero Hugo Chávez puso patas arriba al país político, a él lo agarró por completo de sorpresa.

García Carneiro era ajeno a esa mitología, que abarca a militares y civiles, según la cual aquí el que no fue tutor de Chávez en sus tempranas lecturas analíticas de Gramsci, al menos pasó de caleta los documentos que salían de Yare.

Luego de graduarse en la Academia Militar, las líneas de vida del líder de la Revolución Bolivariana y del recién fallecido gobernador de La Guaira, avanzaron paralelas hasta que, ya iniciado el gobierno de Chávez, en 1999, los amalgamó aquello que tenían en común: su origen popular, su esencia de soldados y su determinación de que el país podía cambiar positivamente.

No es sorprendente que los primeros puntos de coincidencia hayan sido el Plan Bolívar 2000 y otros esfuerzos por disolver las brechas que la IV República habían creado entre los civiles y los militares, trastocadas ya en abismos desde los sucesos del aún reciente 1989, cuando las tropas fueron usadas para masacrar a la gente necesitada.

Metafóricamente, la unión cívico-militar que impulsó Chávez, y que encarnó muy eficazmente García Carneiro, ha sido como borrar esa autopista que separa a la principal guarnición castrense capitalina de las barriadas de Coche y El Valle.

La participación activa de García Carneiro en aquellos primeros esfuerzos por romper las barreras tan empeñosamente construidas (y manchadas de sangre) lo convirtió en blanco de los primeros ataques políticos que experimentó. Fueron esos los tiempos en los que a los oficiales que dirigieron los operativos de asistencia social se les caricaturizó en los medios –rabiosamente antichavistas– como “generales vende-papa”. La autodenominada sociedad civil estaba horrorizada.

Llegó así el momento de las definiciones: finales de 2001, comienzos de 2002. Y allí ocurrió que algunos de los que habían asumido como suyo el discurso y hasta se habían inventado un pasado revolucionario, terminaron por aliarse a la contrarrevolución o por desentenderse de Chávez, mientras otros, como García Carneiro, que no habían presumido de nada de eso, se restearon en unas circunstancias solo aptas para valientes.

Podemos volver al símil de la autopista Valle-Coche porque justamente fue allí donde comenzó a escribirse la parte épica de la historia de este oficial, esa que lo muestra sobre un tanque de guerra, megáfono en mano, arengando al pueblo más pobre y excluido, que fue el primero en manifestarse en Caracas contra el golpe de Estado del que se ufanaba una petulante oligarquía.
Esa potente escena fue clave en el desarrollo de los acontecimientos que permitieron el

retorno al poder de Chávez, hecho inédito en la historia larga de los derrocamientos de presidentes en América Latina, un libraco escrito en Washington.

Si usted no ha entendido por qué la élite derechista venezolana y sus jefes estadounidenses odian tanto a García Carneiro, debe repasar su actuación en este episodio histórico del siglo XXI venezolano y, sobre todo, calibrar su trayectoria posterior, pues ya sabemos que algunos de los héroes de ese día terminaron luego siendo más peligrosos que los golpistas de abril.

Los años siguientes, García Carneiro siguió cumpliendo las misiones que el Comandante Chávez le encomendó, tanto en la esfera civil como en la militar (esa era, definitivamente, su naturaleza). Comandante general del Ejército, ministro de la Defensa, ministro de Desarrollo Social y, desde 2008, gobernador del estado Vargas, que durante su mandato pasó a llamarse estado La Guaira.

En el cargo regional, que ejerció durante 13 años, fue en el que García Carneiro mostró de nuevo características que lo distinguen de otras personalidades de la Revolución: eficiencia y discreción.

Su desempeño como gobernador del sufrido litoral central tuvo más gestión y menos pantalla, una fórmula inversa a la del promedio. Esto fue algo muy importante si se considera que se trata de una región que se recupera del peor desastre socionatural sufrido por el país en toda su historia. Ah, y hay que decirlo, cuando lo recibió, el estado también venía de sufrir las pésimas administraciones de Alfredo Laya y Antonio Rodríguez Sanjuán, así como las muy tecnocráticas “soluciones” del miquilenista Carlos Genatios, quien fue Autoridad Única de Vargas, luego de la tragedia.

Una de las claves del buen gobierno estadal de García Carneiro fue, una vez más, su extracción popular, que estaba siempre por delante de su estatus de general en jefe. Sabía comunicarse con la gente de todos los niveles socioeconómicos y, en particular, con los más pobres, dentro de una entidad compleja, en la que confluyen zonas de mucho lujo y potencialidad turística, con recónditos barrios y pueblos de extrema pobreza.

No es por casualidad que apenas unas horas antes de morir fulminado por un infarto, haya estado inaugurando un puente en Chuspa, en el extremo oriental del estado, donde aceptó la invitación de hacer sonar –con su ritmo de El Valle– los tambores alegres de esa maravillosa tierra.

_________________

Maestro bailador de salsa

El Comandante Chávez afirmaba que el único paso de su repertorio en materia de salsa se lo había enseñado García Carneiro.
Al parecer, en la época de la Academia Militar, fue el profesor de baile salsero (y merenguero) de casi toda la promoción. Según un libro de caricaturas que hicieron el travieso Chávez y otro alférez, conocido como “el Soberbio” Suárez Domínguez, este último dibujó a García Carneiro moviendo el esqueleto, junto a la siguiente nota: “Gustaba de demostrar sus grandes dotes de bailarín, haciendo exhibiciones durante las horas de casino”.
El Comandante, en una amena conversación con el periodista Earle Herrera, en el programa de televisión El kiosco veraz, reveló que “por cierto, García Carneiro se puso muy bravo con nosotros por esa caricatura”.
En otra oportunidad, en medio de un discurso, Chávez comentó que García Carneiro fue muy importante para la vida social de los “vegueros”, es decir, los campesinos, los muchachos de pueblos del interior del país que habían venido a Caracas a estudiar en la Academia. “Como él era de El Valle, nos llevaba para su parroquia y nos presentaba a las muchachas. ¡Uf, cuántas veces estuvimos por ahí, por el callejón del Loro pa’ arriba!”, expresó Chávez con gestos pícaros.
De alguna forma, esa fue la primera “integración cívico-militar” de Chávez con los barrios de Caracas. ¡Quién lo hubiera dicho!

Clodovaldo Hernández