CORREO DE CARABOBO | El casabe es la esencia de El Rincón

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El Campo de Carabobo está habitado en sus alrededores por mujeres, niñas, niños, adolescentes y hombres que hacen de la calidad y el amor los ingredientes principales de sus actividades en la vida

En El Rincón, caserío ubicado en el municipio Libertador de la parroquia Independencia, estado Carabobo, se encuentran 272 casaberas. Son fábricas artesanales comandadas, en su mayoría, por mujeres que están organizadas en consejos comunales y CLAP.

Marisol Meza y María Teresa Hernández Segovia han pasado buena parte de sus vidas elaborando casabe en las modalidades tradicional, tipo galleta, naiboa, el jaujau, típico y exclusivo de esta zona del país, y también chicha de yuca. Todos estos productos son hechos a partir de la yuca amarga que cultivan, en algunos casos, en 100 hectáreas del cerro el Cantilote, ubicado en la zona.

En una breve jornada de elaboración del casabe, ellas nos explicaron el proceso de producción de las delicadas tortas. Un producto, parece mentira, que se elabora a partir de la yuca amarga, venenosa, y que contiene, además, almidón y etanol.

En el caso de los pobladores de este caserío, es procesada a través del prensado para separarla del veneno, mientras que nuestros indígenas utilizan para ello el sebucán.

Marisol Meza es oriunda de las sabanas carabobeñas, sector Chaparral, y tiene 36 años elaborando productos que salen de la yuca amarga. Ella es la secretaria ejecutiva y tesorera del banco comunal, además es cultora y al encuentro con ella nos condujo Reina Hernández, nuestra gentil anfitriona. Era sábado y su casabera no estaba activa, de modo que fuimos a otra fábrica regentada por María Teresa Hernández Segovia, quien tiene 66 años de experiencia en la elaboración de las tortas.

En la casabera SantaTeresa se hacen 600 unidades diarias cocinadas en budares en las modalidades de leña y gas. En el momento, degustamos el famoso jaujau de la zona, enriquecido con queso, anís dulce y azúcar. Ocasionalmente tiene un toque de leche condensada para obtener un delicioso producto dulce con predominante sabor a anís.

Dos personas suelen participar en la confección final de las tortas de casabe en el procesado de la yuca amarga: primero hay que pelarla y lavarla con agua, luego se raya con un improvisado y práctico rayo a motor. Seguidamente se exprime para sacarle el yare, que no es más que el líquido que contiene el veneno, el etanol y el almidón. Luego se pasa nuevamente por el motor para volverla una refinada harina.

Espigas de gamelote

Después del segundo rayado se lleva la harina al budare, se extiende con una bonita brocha de espigas de gamelote y se voltea para que salga de allí una torta de unos 60 centímetros de diámetro aproximadamente. De cada bañera (poncheras de plástico), salen entre 60 y 65 tortas de casabe. Se procesan en total entre tres mil y cinco mil kilos de harina por día.

La leña utilizada para darles calor a los fogones que calientan los budares viene de los aserraderos de Tinaquillo, en Cojedes, en algunos casos.

En la mesa de los pobladores de El Rincón no faltan las tortas de casabe y a decir de Carlos Lago, quien regenta la botica comunal, todo el que pasa al lado de la mesa en donde está el casabe le mete un pellizco para llevar a su boca un pedazo del ancestral condumio.

En El Rincón no dejan de comer nuestras deliciosas arepas de maíz en el desayuno y la cena, y regularmente es en el almuerzo cuando consumen el casabe con sopa y otros alimentos.

Ah, pero hay que escribir muy especialmente sobre el jaujau, al que le agregan en la primera tendida en el budare queso duro llanero rayado, anís y azúcar. Se dobla por la mitad y el resultado es un deleite que da dulzura a nuestro paladar y que muestran con amor y orgullo las pobladoras de El Rincón.

La yuca se parece al cochino porque de ella se aprovecha hasta la concha que sirve de alimento a los cerdos. También se saca el almidón para comercializarlo.

Presenciamos en otra fábrica el proceso de empaquetado de las tortas de casabe con papel plástico en presentaciones al detal, y en bolsas de papel en la presentación de 50 tortas de 60 centímetros de diámetro. En cuanto a los precios los comercializan en nueve dólares el bulto de 50 tortas.

Y ya para cerrar damos las gracias a nuestras anfitrionas y nuestros anfitriones en un pueblo de patriotas, fermentados con el sabor de una batalla que nos sigue haciendo libres en el pensamiento y en el querer colectivo del que también fuimos parte.

TERESA OVALLES M. / FOTOS BERNARDO SUÁREZ