Tres en 1 | Fabiola José: Seguimos cantando donde sea

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Revele su rollo

Cantora. Licenciada en Música, Mención canto lírico. Se inició en el canto lírico, después asumió el canto de la música venezolana y su admiración por el compositor Otilio Galíndez. A él le dedicó una de sus producciones, Ahora, la llamó.

—¿Es mejor un concierto hecho en casa que en la calle?

—Es mejor seguir cantándole a la vida siempre y donde sea, en la calle, en la casa propia o la de las amigas y amigos. En cualquier caso, nunca dejamos de cantar, y tampoco dependemos de las invitaciones de otr@s para hacerlo.

Nuestros videos Hecho en casa surgieron en un momento, previo a la pandemia, en que no había muchos conciertos. La situación de crispación del país ha sido muy difícil, las medidas coercitivas, etc… pero la verdad es que nosotr@s l@s cantor@s seguimos cantando donde sea que estemos y en cualquier circunstancia. Entonces tomamos lo que teníamos a mano, una cámara, un grabador, y comenzamos a grabar las canciones que nos cantamos a nosotr@s mism@s en la intimidad de casa y las compartimos por redes sociales. Después esto ha sido la norma para tant@s músic@s en todo el mundo. Nosotr@s tuvimos esa intuición en aquel momento.

—¿Cómo se defiende una cantora de la pandemia?

—Cantando. Para una y para quien quiera escuchar. El canto crea mundos y desde allí estamos las cantoras soñando la realidad.

—Otilio Galíndez, ese gran compositor nuestro y muy admirado por ti, tiene una canción que se llama Pueblos tristes, ¿son tristes nuestros pueblos?

—Nuestros pueblos históricamente tienen sus momentos tristes y también sus momentos felices. Otilio denuncia bellamente en sus canciones una condición de nuestros pueblos, de opresión, que comenzó hace mucho, digamos que con la imposición de otras formas de vida, como fue la colonización europea. Esa colonialidad aún persiste, pero de formas más sutiles incluso dentro de nosotr@s mism@s. Sin embargo los pueblos no se “amilanan” ante esto, sino que estamos siempre en resistencia y sobre todo en re-existencia. A veces gana la tristeza, pero siempre avanzamos inventándonos la vida, creando a través de las artes, por ejemplo, de la danza, del tejido, la plástica y el canto, por supuesto.

—Ahora que se habla tanto del feminismo, ¿nunca le diste una serenata a un novio?

—¡Le he cantado a mis novios! Aunque no de esa manera como una se imagina las serenatas…. o sea, no ha habido ventana de por medio.

—Hay un polo margariteño que dice: “Qué hago yo solo en el campo/ qué hago yo en el campo solo/ Yo no enamoro ni canto/ yo no canto ni enamoro/”. ¿Se puede vivir así, sin canto y sin amor?

—No se puede. El amor es de lo que está hecho el mundo en su esencia, y las canciones son lo que nos cantamos para movilizar esa energía creadora tan poderosa. Si perdemos el canto y el amor perdemos la esencia misma de la vida. Por eso seguimos cantando y amando, por ahora y para siempre.

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Retrato Hablado

“¡Libros! ¡Libros! He aquí una palabra mágica que equivale a decir “amor, amor”, y que debían los pueblos pedir como piden pan”. Así dijo en uno de sus discursos ese extraordinario poeta y dramaturgo que fue Federico García Lorca. Comenzó sus estudios en Granada y de allí se fue a recorrer España y conoció al poeta Antonio Machado. Después fue a la residencia estudiantil, en Madrid, donde se hizo amigo de Juan Ramón Jiménez, Salvador Dalí y Luis Buñuel. Y siempre escribiendo. En 1929 viajó a Nueva York, y después de su muerte se publicó su libro Poeta en Nueva York. Vuelve a España y funda el teatro universitario La Barraca. Y en 1933 viaja a Argentina para el estreno de su obra Bodas de sangre. Ya en 1927 había sido reconocido como poeta y dramaturgo por su libro Canciones y su obra Mariana Pineda. Sus tres obras de teatro fundamentales son: Bodas de sangre, Yerma, y La casa de Bernarda Alba, que siguen siendo representadas en todos los escenarios del mundo. El 18 de marzo de 1936 fue asesinado en Granada por el fascismo. Y todavía no se sabe dónde está enterrado su cadáver. Su amigo, el poeta Antonio Machado, escribió un poema donde dice: “Mataron a Federico cuando la luz asomaba”. Había nacido para siempre, el 5 de junio de 1898, en Fuente Vaquero, España.

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El viernes de Lira

Roberto Malaver