VITRINA DE NIMIEDADES | Ansias de (a)normalidad

Rosa Pellegrino

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Llegó ese momento que parece anunciar la cercanía de los tiempos postpandemia. La vacunación masiva, todo un desafío sanitario, nos hace correr desesperados a la meta de la “nueva normalidad” (aún no se sabe qué es, pero nada promete que sea mejor que la vieja normalidad) con la mirada puesta en la franja de llegada, luego de un maratón de asepsia, tapabocas y hasta deslices poco bioseguros. El asunto es que, mientras logramos el objetivo, quedan kilómetros de cosas insospechadas por vivir.

Las redes sociales, con su insuperable capacidad de enredar cualquier asunto, han mostrado los extremos del proceso de inmunización: desde la alegría hasta la desinformación, en variados matices que mezclan emoción, dudas y, en algunos casos, desesperanza (convenientemente alimentada por algunos sectores). Es un gran reto desde lo comunicacional y lo simbólico explicar y ayudar a entender el proceso masivo: todavía nos falta camino para llegar a la inmunidad de rebaño, así que cada vacunado debe ser motivo de regocijo, pero hasta que la calculadora del Ministerio del Poder Popular para la Salud no marque 22 millones de venezolanos inmunizados contra el covid-19 y tampoco se logre avanzar en el resto del planeta, no hay que desbocarse.

En nuestro caso, preocupa la desorientación que expresan algunos convocados a la vacunación, un asunto que los medios de comunicación nacionales deben asumir en conjunto. No basta solo con publicaciones en redes, es urgente una campaña orientadora en todos los espacios posibles: ¿dónde averiguar con exactitud las direcciones de los centros de vacunación? ¿Qué sucede si el convocado no logra llegar? ¿Cuáles son los cuidados previos y posteriores que deben tomarse? ¿Por qué confiar en las vacunas?

Solo se están planteando acá un puñito de miles de interrogantes que deben estar corriendo de boca en boca a la espera de la vacuna, especialmente por las ansias de “normalidad” contenidas en quince meses, pese a los momentos de flexibilización que hemos tenido y la actitud de relajación continuada de algunos compañeros. Y ahí está el otro punto: ya vacunados, ¿qué se nos viene ahora?

Ya por ahí están los que apuestan a que en mes y medio estamos listos, volveremos a lo de siempre, mientras en la calle unos cuantos comienzan a bajar la guardia porque aparentemente pasó la segunda ola. Evidentemente, no podemos estar confiados, por muchas ganas de normalidad que tengamos. Pero, sobre todo, porque la vida ha cambiado tanto en más de un año y nos merecemos, al menos, un tiempo de adaptación.

Se nos ha vendido la ilusión del tiempo suspendido, pero los niños que comenzaron la pandemia en preescolar irán en unos meses a primaria, o de primaria saltarán al bachillerato, sin mencionar a quienes iniciarán estudios universitarios en estas circunstancias. Eso no sería volver sino, más bien, estrenar una normalidad. Ni hablar del mundo del trabajo: muchos encontraron otras formas de obtener ganancias; otros, nuevos métodos para cumplir con su oficio sin salir de casa. Lo anormal frente a tanto cambio sería pensar que volveremos a marzo de 2020, cuando nos cambiaron los códigos de vida.

Rosa Pellegrino