HORIZONTE DE SUCESOS | Realidad cultural (II)

Heathcliff Cedeño

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También es posible interrogar la cultura de una sociedad a través de los objetos que produce, los pensamientos que desarrolla, la historia que cuenta de sí misma y el lenguaje inmaterial con el que la expresa. Sin embargo, si apelamos a la idea cósmica de que todo lo que se aleja del núcleo pierde intensidad, así también el que se distancia del centro donde confluye lo más representativo de un pueblo pierde la capacidad de entenderlo.

Todo parece indicar que los procesos humanos establecen unas murallas simbólicas tanto para los que saltaron el muro como para los que vienen de afuera. Los laboratorios para estudiar el chavismo en su dimensión histórica-global saben mucho de eso.

Esa tensión que referí anteriormente está determinada por el quehacer diario y, en nuestro caso, por los 500 años que conforman nuestra historia moderna. Si somos capaces de reconocernos en ella, nuestra edad adquiere las dimensiones de la sociedad entera, por eso sentimos y vivimos los hechos que no pudimos presenciar.

Quien se conecta culturalmente junta la naturaleza, la mística y la ciencia sin la necesidad de distinciones, categorías o jerarquizaciones, tampoco de nombrarla porque es integrante de esa realidad, no un observador foráneo o un participante a medias. Y tal vez no lo note porque está inmerso en ella al punto de que se disuelve con el resto de las cosas.

En algunas oportunidades se ha proyectado a Venezuela como un país gris que perdió su alma porque algunos poetas se fueron y es incapaz de sobreponerse del duelo. No reconocer que el país mismo es la cultura y viceversa es una forma de matarlo con intención.

Lo mismo dicen de la intelectualidad venezolana. Para muchos, Venezuela y el chavismo están vaciados de contenido porque sus académicos se fueron del país o son antichavistas.

Estos intelectuales y artistas no han dado con la fórmula para entender la inmanencia del chavismo como accidente en la historia política nacional y global, tampoco el pragmatismo con el que ha sobrevivido al bloqueo, golpes de Estado y todas las formas de guerra que se han aplicado.

Sin querer agregar elementos cosmogónicos o mágicos, aunque siempre estén presentes, vale decir que para acercarse a cualquier forma de cultura es necesario un principio de honestidad del que quiere saber y conocer. De esto dependerá, en gran medida, la cercanía con esos procesos humanos.

Entendiendo que la sociedad funciona como un cerebro y que en la cultura no todo está dicho, la idea de este espacio es tratar de jugar a conseguir la razón por la cual se coló y se fijó el chavismo como una idea imperecedera que sobrevive al tiempo y a las vicisitudes. La idea es un tanto arriesgada porque eso implica buscar el espíritu nacional, inatrapable por su cualidad fantasmal, como un hecho mítico que funge como espacio físico donde se desarrolla nuestra sociedad. El juego es algo serio y las paradojas se resuelven solas.

Heathcliff Cedeño