Guarapito, un gocho avispao en Caracas

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Dirigió manicomios y casi llega a rector de la UCV

Qué “pelao” ha vivido el caraqueño común en su estéril burla cotidiana contra la gente del interior, especialmente llaneros y gochos, quienes han demostrado que en su gustico indescriptible por un uniforme y por las instancias de poder han escalado exitosamente las máximas altitudes políticas y se han adentrado en las más intrincadas latitudes de la fama, como veremos en este relato… Un charlatán de finales del siglo XVIII, habilidoso como el que más, movió de tal forma sus tentáculos en esa Venezuela en transición de rural a semicitadina, y con innegables dotes de encantador de serpientes sedujo al matrimonio presidencial para ascender en su estatus social y adquirir inimaginables cuotas de mando. El yerbatero casi trepa a la rectoría de la Casa que Vence las Sombras… aunque sí llegó a la dirección del Hospital de Lázaros de Caracas y del Manicomio de Los Teques.

Se trata del gochísimo Telmo Romero, un personaje que se presume nació en Táchira por los días de 1846 –vivió poco, hasta 1887–. De manera determinante influyó en el Taita Joaquín Crespo –aragüeño criado en los llanos de Guárico– y su mujer, la llanera Misia Jacinta, quienes en su desesperación le entregaron la quebrantada salud de su hijo y al comprobar mejoras quedaron flechados por ese Rasputín criollo, en comparación con el capítulo del sabihondo europeo quien trató al menor Alexéi, el hemofílico hijo del Zar Nicolás de Rusia.

Como Juan Pachanga

Son las cinco de la mañana y amanece, bien vestido Juan Pachanga aparece… Asimismo el curandero andino Telmo Romero impresionó, no solo con su hábil verbo –escribió el libro referencia de la medicina del momento: El Bien General: Colección de Secretos Indígenas y otros que por medio de la práctica han sido descubiertos–, sino con sus aromáticos brebajes, su engominado cabello, su bien moldeado bigote y barba, y sus brillantes leontinas que completan el ornato de su excelsa pinta, para sumar puntos ante la rampante ignorancia…

“Negociante de ganado, buen jinete y coleador, de alguna chispa y mucha audacia, a quien por su afición a recetar menjunjes lo llamaban Guarapito”, escribió el historiador y expresidente, Ramón J. Velásquez, acerca de su paisano, quien pasó parte de su juventud en la misteriosa Guajira donde aprendió los secretos de las yerbas y sus poderes curativos, por lo que a su retorno a San Cristóbal, en 1883, publicó el polémico texto, con cuyas dos reediciones –una suerte de Best Seller–, conquistó la fama, no obstante la comprobada calidad de médicos criollos. En sus andanzas por zonas fronterizas con Colombia, Romero se hizo además de buen jinete un hombre de ganadería y logró una audiencia con el alto gobierno para pedir rebajas de los abusivos impuestos a la actividad. Momento que no desaprovechó al hallar la oportunidad de oro en la frágil salud del retoño presidencial.

Pura paja

Desde entonces –¡cómo no!– estuvo apadrinado por Crespo y su todopoderosa mujer. Un “enchufao”, que sin medir consecuencias en la ciencia ni en la cotidianidad social logró la aprobación y aplicación de métodos aberrantes como la trepidación craneal a manera de “calmar los calores de arriba que podían causar estragos abajo”. Abrían el cráneo para enfriarlo con agua y así bajar las ansiedades. ¡Qué locura! Pero culpable no es el mono sino quien le da la hojilla.

Lo de Crespo venía de familia. Su papá, don Leandro, fue brujo reconocido y la historia de venezolanismos le achaca la frase “la tacamahaca de Ño Leandro”, en referencia a las olorosas pócimas vegetales que usaba el milenario curioso.

Según el historiador Pino Iturrieta, que el Taita Crespo, además de pedir consejos al brujo para gobernar, quedó impresionado por el diagnóstico colectivo por la gran cantidad de pacientes enajenados. “Excesiva masturbación”. Coño. “Hay que podar la paja, dicen que dijo el Taita ante el hallazgo del consejero”. Posteriormente le autorizó no solo la instalación de su “Botica Indiana” en el centro caraqueño sino que además “sería el fabricante y proveedor exclusivo de los remedios del Hospital y quedaba facultado para poner en marcha las modificaciones que considerara convenientes para lograr pleno éxito en sus funciones”, dice el cronista de Los Teques, Ildefonso Leal.

Curaría males como reumatismo, insomnio, algunos tumores, vómitos de sangre, diarreas crónicas, asma, problemas de la vejiga, almorranas e incluso teñiría el cabello y aplicaría emplastes antiarrugas… tratamientos contenidos en su obra, cuya trascendencia y aplicabilidad le valió en 1885 “Medalla de la Instrucción Pública”, además de unos buenos billetes y morocotas de arcas públicas y privadas.

Pero la avaricia rompió la busaca cuando pretendieron imponer al singular chamán como rector de la UCV: con violencia los estudiantes apedrearon hasta su desaparición aquel expendio de pócimas e hicieron una fogata al pie de la imagen de José María Vargas –el 10 de marzo de 1886 en el centenario de tan ilustre médico y primer Presidente venezolano– con los ejemplares de El Bien General…, autoría de aquel audaz que atribuyó males y deficiencias a los altos niveles de testosterona liberados por autocomplacencia. De no haber trepidado cráneos, Caracas corría el riesgo de ser la capital de los amputados… Aseveran los críticos que un cuadro o una escultura se vuelve más famosa cuando es robada o secuestrada; que una canción o un libro logran mayor popularidad cuando son prohibidos… el de Romero fue incinerado. Hasta en eso lo acompañó el destino.

Desquiciado parte médico

“Caracas, 8 de agosto de 1884. Resuelto: El ciudadano Telmo A. Romero, con quien el Gobierno del Distrito ha contratado a curación de los enajenados y elefanciacos recluidos en el Asilo de Los Teques y el Lazareto de esta ciudad, ha presentado en este Despacho a los enajenados Emilio Montilla T, Santiago Larrain, Saturnino Girón, Avelino Trujillo y Felícita Delgado, como curados radicalmente de la enajenación mental que sufrían; y sometidos dichos enfermos al examen de los facultativos Doctores Manuel María Ponte y Alejandro Frías, estos han informado que aquellos individuos se hallan hoy en el completo uso de sus facultades, por tanto este Gobierno en el cumplimiento del contrato celebrado con el ciudadano Telmo A. Romero, acepta como curados radicalmente a las personas arriba mencionadas, por cuya razón se ordenará la baja de ellos en el Asilo de Los Teques. Comuníquese y publíquese. El secretario de Gobierno, Pedro Sotillo…”

Así dice la ordenanza que muestra el poder de tan curioso personaje. Por cierto, Manuel María Ponte sería el sustituido por Romero en la rectoría de la UCV. ¿Locura, avaricia o juego de traición política? Nunca se sabrá porque no se materializó.

CIUDAD CCS / LUIS MARTÍN