HISTORIA VIVA | El frenesí liberador de Carabobo

Aldemaro Barrios Romero

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Desde 1811 hasta 1821 transcurrieron diez años de guerra intensa, sin embargo tres valores destacamos para reivindicarlos hoy cuando estamos en circunstancias parecidas: la constancia, la revisión de errores con corrección del rumbo y el reagrupamiento de fuerzas en una guerra popular cuyos objetivos tuvieron muy claros Bolívar y su alto mando.

Desde 2012 se intensificó el asedio contra Venezuela, el gobierno de EEUU pensó que la derrota de la Revolución Bolivariana estaba a la vuelta de la esquina; hasta hoy llevamos 20 años continuos de ataques, golpes “duros y suaves”. La distribución de alimentos utilizando a los monopolios capitalistas nacionales para desabastecer el mercado doméstico, la violencia de pequeños grupos fascistas y finalmente el asedio a la moneda y bloqueo, que contrario a la intensión imperialista de derrotarnos nos catapultó al mundo multipolar y a la conciencia de autonomía e independencia productiva. El mismo escenario lo tuvo Bolívar cuando revisaba su bitácora y esperaba el momento justo para salir de las dificultades que todavía ocupaban su pensamiento en enero de 1820.

El Libertador se encontraba en San Juan de Payara (Apure), en aquel desierto seco del verano llanero compartiendo sus angustias con los oficiales más cercanos, observando en el mapa los escenarios para iniciar la campaña de Carabobo, que apenas estaba en borrador. Aquel 20 de enero escribió al general de división Manuel Cedeño:

“La escasez de víveres, la deserción de alguna tropa por los oficiales que dimos servicio en el Nuevo Reino de Granada y la falta de pasto para la caballería, obligó al General Páez a volverse para esta provincia después de haber estado en Barinas, sin oposición alguna, porque los enemigos evacuaron toda la provincia. Él está reunido a mí, pero como la tropa está muy estropeada y los caballos muy atrasados, me he visto en la necesidad de suspender por ahora el plan de campaña que me había propuesto, mientras tanto se repone la tropa y los caballos convalecen asegurándole a Vd. que en el día no hay para montar los oficiales. Pero yo me he resuelto a obrar con un cuerpo de 1.500 hombres de los mejores por la parte que sea más conveniente. El General Páez con el cuerpo principal del ejército quedará aquí para obrar según mis disposiciones. Vd. con la caballería de su mando correrá a los llanos de Caracas y tomará cuanto encuentre para aumentarla y sostenerla. El General Bermúdez he dispuesto permanezca en el Orinoco con la columna inglesa y con el mando de las provincias de Cumaná, Barcelona y llanos de Barlovento de Caracas, hasta tanto sea tiempo de obrar (1).

Angostura y su puerto resultó para los patriotas la salvación a una resistencia que era sostenida por la liberación del comercio hacia Trinidad, Margarita, Saint Tomas y las colonias antillanas y desde allí a EEUU y Europa. Igual que la ganadería de Apure y las costas de la Orinoquia, bajo control patriota, cuya carne y cuero eran exportados por la ruta de ese puerto en el Orinoco hacia el Caribe. Pero además se estaba fortaleciendo, en términos de correlación de fuerzas, la armada bajo las órdenes del almirante Luis Brión, puesto que el Congreso asignó una Corte del Almirantazgo a Angostura donde los corsarios con patente de la república arrimaban barcos enemigos capturados en el arco marítimo del Atlántico y cuyos botines proporcionaban a la república erarios significativos para la lucha de independencia. Aunque a Angostura se le destinó una corte de Almirantazgo, la más activa fue la de Juan Griego en Margarita.

Pudiéramos decir que realmente fue desde Angostura cuando el Estado venezolano comenzó a estructurarse sólidamente, más no nos equivocamos al decir que con el Congreso de Angostura, la constitución y un ejército consolidado y unido, se plantaron las bases para constituir el nuevo Estado. El Orinoco y su gente dieron fuerza humana para echar andar esa gigantesca nave que llamaría Bolívar, Colombia, la nación continental, que desde 1819 sería una “amenaza inusual y extraordinaria” para el imperio español y para los imperios subsiguientes.

La vanguardia revolucionaria que era Venezuela tuvo que soportar todas las agresiones, igual como hoy, pero en aquel primer momento fundacional, Bolívar encargó a Francisco Javier Yánez, redactar la Ordenanza de Corsos al modo republicano luego de ser ordenado por el Congreso como ministro de la Alta Corte de Justicia, cargo que ejerció brevemente, designándosele luego como primer Presidente de la Corte de Almirantazgo (2). Así lo hizo y fue ley desde 1819 hasta 1822. Yánez, de origen cubano, fue un abogado, militar, periodista e historiador comprometido con la república desde 1810, en la confección de la primera Constitución, como periodista estuvo en la nómina de los fundadores del Correo del Orinoco y cuando el santanderismo intentó defenestrar a Bolívar, Francisco Javier Yánez junto a Cristóbal Mendoza recopiló la obra documental del Libertador titulada Colección de documentos relativos a la vida pública del Libertador de Colombia y Perú, Simón Bolívar, para servir a la historia de la Independencia de Sur América.

Desde Margarita, donde las olas de las tormentas marinas del Caribe oteaban buenas brisas para la independencia y una flota de corsarios ponía en jaque al imperio español, en la Guayana orinoquense se respiraba una relativa tranquilidad.

Aunque el excelente café que venía desde las tierras de Barinas bajando por el río Santo Domingo, el Apure y el Orinoco hasta Angostura, igual que la producción de tabaco y chimó había mermado por la guerra, la base de las bebidas aromáticas que se degustaban en Oxford, Londres y Hamburgo, salían por Angostura rumbo a las colonias en San Thomas y Martinica y de allí a Europa luego de 1819.

La guerra como en todo el territorio cambió la geografía del paladar y de las medicinas, sin embargo en Guayana como en otras regiones se usó la quina para combatir el paludismo, particularmente los misioneros catalanes elaboraban a base de la quina guayanesa cuspa, un licor que tiene un principio febrífugo contra esa enfermedad y la fiebre amarilla y que era menos irritante para el estómago (3) que la quina pura. El profesor Cunnill Grau señala que los misioneros vendieron este licor hasta 1817, año en que los patriotas controlaron Guayana. Aunque no registra si dicha producción del licor curativo continuó, lo que pudo ser muy probable, explica que los misioneros catalanes exportaban subrepticiamente la producción del licor de quina, que resultó la base para la fórmula del conocido Amargo de Angostura, creada por el médico y empresario alemán Johan Sieger en 1824, que luego convirtió en una muy prolífera producción industrial y desde Angostura salieron embarcaciones del amargo rumbo a Hamburgo puesto que en Europa era muy degustado en la preparación de cocteles.

La dinámica económica que generaron y promovieron los patriotas a partir de 1819 luego de romper las cadenas de la compañía Guipuzcoana, abrió las aduanas del mercado estadounidense y europeo al puerto de Angostura, así como del Orinoco salía café, cacao, ganado, carne, cueros, tabaco, etc; empezaron a venir desde Europa vinos, galletas, jamones de Westfalia, salchichones de Brunswick, quesos de Flandes, bacalao, aceites y aceitunas que solo degustaban los propietarios. En este frenesí económico se convocaron aventureros, comerciantes, marineros, inventores que como Sieger pensaron en transformar las materias primas guayanesas en productos de valor agregado, una agenda histórica que tenemos que revisar para darle fortaleza a una región rica en recursos humanos, mineros y agroecológicos.

Bolívar lo vio claro desde 1817 y no dudo en darle prioridad a Guayana como la chispa que encendió su proyecto emancipador, el tiempo le dio a razón.

Aldemaro Barrios Romero | venezuelared@gmail.com

(1) Carta del Libertador al general de división Manuel Cedeño, desde San Juan de Payara el 20 de enero de 1820. Archivo del Libertador. Archivo General de la Nación. Disponible en:
http://www.archivodellibertador.gob.ve/escritos/buscador/spip.php?article5364
(2) Sabatino Pizzolante, José Alfredo. Capítulo IV “Francisco Javier Yanes, pionero del Derecho Marítimo venezolano”. Libro conmemorativo de los doscientos años de creación de la Corte de Almirantazgo en Venezuela. Asociación Venezolana de Derecho Marítimo. Caracas, Venezuela 2019.
(3) Cunill Grau, Pedro. Geohistoria de la sensibilidad en Venezuela. Fundación Polar. Caracas, Venezuela 2017.