AHORA LOS PUEBLOS | Carabobo entre el Discurso Historiográfico de las Élites

Anabel Díaz Aché

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“Carabobo, por tanto, es un potente faro de luz
que nos enseña la estrategia incomparable de Bolívar
en esa espiral histórica que es la revolución
de la América antes española”.
Hugo Chávez (1)

Los Bicentenarios de las Independencias Latinoamericanas se posicionan como hitos, en la batalla simbólica por la que atraviesa la región. Batalla, que se libra en la conciencia, entre los discursos historiográficos de las élites y los imaginarios colectivos de los pueblos, que se han asumido como sujetos históricos en sus proyectos políticos.

El año 2021 significa un importante hito en el horizonte histórico del pueblo venezolano. Como horizonte histórico, me refiero, al destino compartido, al constructo que le da sentido colectivo al aquí y al ahora, que conjuga la carga simbólica del pasado, el presente y el futuro, aceptado por los sujetos de la comunidad, en un plano espacial y temporal determinado.

Como el pasado no existe, las naciones reconstruyen los hechos a través de discursos historiográficos o historiografía; “…la historiografía es una construcción discursiva que forja constantemente identidades e imaginarios, apelando a la memoria colectiva” (2).

La categoría tiempo es la tensión principal entre los discursos historiográficos de las élites, que la interpretan de forma lineal y en constante evolución, mientras que para los imaginarios colectivos, tienen carácter circular, conformado por ciclos, donde las condiciones parecieran repetirse de manera idéntica, pero en realidad integran un rizoma o espiral histórico.

El Bicentenario de Carabobo encuentra al pueblo venezolano en plena batalla simbólica contra el discurso historiográfico de la élite, que ha actuado como agente de cohesión nacional, donde la historia termina legitimando su proyecto de Estado-nación, centrado en su protagonismo como clase dominante, fusionando las nociones de Estado-élite, en un proyecto hegemónico de homogenización nacional.

Carabobo, para la élite simboliza el mito fundacional de su Estado-nación, la frase: “Carabobo, donde nació Venezuela”, resume a la Cuarta República, como el proyecto histórico de las élites, y a pesar que celebra la gesta heroica de todas las castas para alcanzar la independencia del imperio español, termina reivindicando la colonización al desconocer los catorce mil años de historia de las sociedades originarias.

En Carabobo, el proyecto histórico de la élite asume al colectivo nacional como: los descamisados, los desposeídos, una masa amorfa, supersticiosa, ignorante, las hordas que sólo pudieron ser encauzadas, bajo el fuerte liderazgo José Antonio Páez, para ponerlas al servicio de una élite dibujada por la historiografía oficial como poseedora del conocimiento, de las tierras, los bienes, la única con la capacidad de conformar el Estado y ejercer la soberanía.

Este proyecto histórico de la élite, con Carabobo como mito fundacional, también desconoce a la República de Colombia, como proyecto bolivariano, y constituye una República alineada a los intereses hegemónicos mundiales. Intentan imponer a Páez como héroe nacional y en torno a su figura, pretendieron homogenizar la identidad nacional desde la “llaneridad”. La élite desconectada del sentir y pensar del pueblo, de sus necesidades y aspiraciones, no es capaz de reconocer la diversidad plurinacional y multiétnica que caracterizan a la nación venezolana.

La historiografía oficial forjó desde la escuela, como institución reproductora de la ideología hegemónica, una identidad nacional incompleta, que no reconocía a la totalidad diversa del colectivo nacional. Mantuvo al pueblo a través de la inferiorización social-ideológica propia de la colonialidad, bajo la dominación política-económica. Como nos señala Luis Britto García, en El Verdadero Venezolano: “La Nación que hoy es Venezuela debió redefinir su identidad en varias circunstancias críticas, y en casi todas ellas sectores dominantes foráneos o internos impusieron al venezolano una autoimagen negativa” (3).

Para alcanzar la ruptura paradigmática, metodológica y teórica, con los discursos historiográficos elitistas, debemos construir una historiografía insurgente, resignificar procesos desde el punto de vista del nosotros, reconocer desde una visión de complejidad y totalidad, las contradicciones, relaciones y tensiones, que nos conduzcan a descolonizar el pensamiento y liberarnos de prejuicios. Aprender a mirarnos con nuestros propios ojos y valorarnos bajo nuestros propios parámetros.

Anabel Díaz Aché

Fuentes Consultadas:
(1) Chávez, Hugo (2011), Prólogo. Carabobo, Un Punto Itinerario, de Jacinto Pérez Arcay. Fondo Editorial Darío Ramírez. Caracas.
(2) Díaz Boada, Lina Constanza (2012). Discursos historiográficos sobre nación y nacionalismo: reflexiones en torno a la producción de los grupos de investigación en Colombia, 1980-2010. VII Jornadas de Sociología de la UNLP. Departamento de Sociología de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, La Plata. Disponible en: https://www.aacademica.org/000-097/91
(3) Britto, Luis (2017), El Verdadero Venezolano. Mapa de la Identidad Nacional, Fondo Editorial Fundarte y Monte Ávila Editores, Caracas.