ARRIMANDO LA BRASA | Releer el País

Laura Antillano

0

Ramón Díaz Sánchez fue el escritor elegido para ser homenajeado en la FILVEN de Carabobo este año. Es algo que nos entusiasma, porque fue un brillante narrador, y debería ser leído para su disfrute por los nuevos lectores de las más recientes generaciones.

Su biografía de Antonio Leocadio Guzmán, por sí sola, ya es un libro que le da una condición especial a su autor, y novelas como “Cumboto” y “Mene”, igualmente despiertan nuestra mayor simpatía lectora.

En las cátedras universitarias donde revisábamos a nuestros autores en el contexto académico, en la búsqueda de una lectura con bríos de parte de los jóvenes nuevos acólitos del género novelesco, estos libros lograron importante acogida en grupos de disímiles gustos, y ello nos parecía siempre un acierto interesante.

Díaz Sánchez con “Cumboto” se lanza a elaborar una historia de familia de terratenientes, con un peso divergente en cuanto a la construcción de personajes de muy distintos perfiles, y contando la historia desde la niñez de los protagonistas, con un trío que irá definiendo la complejidad de sus aspiraciones, y el rango de sus acuerdos y distanciamiento de adultos, a partir de la condición económica y hasta racial de sus definiciones individuales.

Pone a narrar la gesta, justamente a Natividad, el entonces niño de oscuro origen, negro y sirviente, cuyo ubicación social le será precisada por la institutriz alemana, quien si bien logra distanciarlo de los niños de la casa aludiendo a su condición, se ve ella misma envuelta de manera clandestina, en relaciones ilícitas con un miembro de la servidumbre de la casa de hacienda, en apasionada circunstancia. Los elementos que movilizan la trama van poniendo sobre la mesa las indudables investigaciones llevadas a cabo por el escritor, en el contexto mismo de la historia del país que habita y sus contradicciones sociales, feroces en esencia. Natividad va definiendo su personalidad guardando las distancias, y cada muestra de su conformación personal nos refleja el perfil de un hermoso personaje, lleno de dignidad e inteligencia sensible. Será el héroe trágico esencial de la hecatombe.

Con “Mene” Díaz Sánchez se introduce en el nacimiento del tema petrolero en Venezuela, ubicando en esa temática contextual la trama dramática de su novela, describiendo el inicio de negociaciones, entre la “planta extranjera” en cuanto a la concesión de prebendas con el descubrimiento del petróleo en tierra zuliana y las consecuencias de su explotación.

Le interesa a Díaz Sánchez el conflicto generado por las complicaciones originadas por la presencia extranjera en términos de asumir potestad sobre el territorio y todo lo que este contiene, los cambios en las relaciones humanas de parte de la población nativa, y todas las reacciones inesperadas que esto genera.

Interesante releerle, y retomar su óptica, valorando el ojo clínico de quien no desperdicia detalles que señalan una sensibilidad especial tanto a nivel de percepción como en la generación de diseño de personajes y construcción de tramas que convencen, atrapando a los lectores.

Celebramos la densidad de este escritor, fallecido en 1968, después de una vida intensa con una dedicación a su oficio digna de reconocimiento. Ojalá se le reedite, para nuevas relecturas entusiastas de su obra, tan nuestra como país, para las nuevas generaciones.

Laura Antillano