Cuentos para leer en casa | La tarde en el café

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No Verónica –el hombre le dijo con denuedo– ya todo eso pasó, ahora es solo el recuerdo de aquellos días lo que me impide descansar totalmente. Tú me dirás y creerás que necesito ayuda, pero yo, al contrario, a diferencia de ti, estoy completamente seguro de que fue solo el implacable recuerdo de un largo tiempo solo. Después de una pausa larga pudo enjugar el ahogo de las lágrimas. Verónica lo miró. Se sintió abandonada, como si sus palabras hubieran ido directamente al tacho de basura, como si a él no le importara todo ese tiempo en el que se habían vestido y desvestido uno junto al otro.

Y entonces se detuvo un poco entrecortada, sin saber aún si seguir adelante o no, evitando el rostro inesperado de él, su solitud. Si te vieras a ti mismo –le replicó–. Y después de una pausa, quizá un poco tensa le volvió a decir. Si te vieras como hablas. . . podrías darte cuenta de que no estás bien. Él tuvo miedo. Ella que se dio cuenta del pánico corrosivo que le rodeaba, y decidió increparlo nuevamente a ver si reaccionaba de una vez por todas y para siempre. Y fue entonces que le dijo ¿Cuál podría ser una afrenta más perdonable, tener miedo a la vida o tenerle miedo a un caballo? Y solo entonces fue que el hombre recordó aquella frase que aparecía en la Apología de Sócrates: “En efecto, si me condenáis a muerte, no encontraréis fácilmente, aunque sea un tanto ridículo decirlo, a otro semejante colocado en la ciudad por el dios del mismo modo que, junto a un caballo grande y noble pero un poco lento por su tamaño, y que necesita ser aguijoneado por una especie de tábano…”.

Y un segundo después, él pensó, ¿Qué habrá querido decir Verónica con el caballo?, si la metáfora estaba relacionada con las palabras platónicas, si es que fuere el caso que el hombre no había actuado con la misma rapidez con la que debería y por eso ella tenía que recordárselo cada vez, si es que quería continuar con algo más denso, más profundo, atentándose los cuerpos, sin siquiera haberse tocado. Porque estaba bien que tenerle miedo a la vida, pero la exclusión lógica: o. . . o. . ., o la vida o un caballo. Acaso ella se imaginaría serlo, acaso le pedía que decidiera entre su vida y la vida con ella. El hombre no entendió el mensaje. Levantó la vista y vio que el sol de la tarde seguía asomándose de manera rencorosa y que, aunado a ello, el frescor del viento también consumía la tranquilidad.

Él sabía que durante cinco largos meses había sido pisoteado, destruido, descuartizado, como si en el mejor de los casos hubiera ido a un campo de guerra, Verónica le terminó de endosar una vez más otro gesto de reproche, y acostumbrada a ensortijar con dilemas filosóficos sus palabras, le agregó al corolario platónico que esa tarde había traído en repertorio, “No llegaréis a tener fácilmente otro semejante atenienses, y si me hacéis caso, me dejaréis vivir.” Y después, un ratito después, y viendo que él no actuaba en nada, le dijo que era un tonto y que debía abandonar. Él pensó que no tenía por qué hacerlo.

Ambos permanecieron en silencio, casi sin mirarse o mirando hacia el costado, el sol se sostenía embelesado en la pequeña batalla. Después de un rato giraron sus rostros para encontrarse, no como se encuentra una pareja de enamorados, sino como un hombre y una mujer que recién han hablado sobre algo. Pero no hablaron nada, permanecieron cinco, tal vez seis o más minutos en el impertérrito silencio. Y el silencio entró en medio del espacio de la mesa, ínterin durante el cual bebieron el último sorbo de agua y se marcharon.

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Carlos Dimeo

(La Plata, Argentina,
1967). Es ensayista,
director de teatro,
actor y profesor
universitario,
egresado de
la Universidad
de Carabobo,
Valencia, en
Lengua y Literatura. Ha publicado teoría de
teatro y dramaturgia. Entre otros Los girasoles no
florecen en invierno (2006), Teatro Breve (2012),
Marco Antonio Ettedgui: Poéticas Teatrales Pos(t)
modernas. (Sacralización y carnavalización /
dialogismo y polifonía) (2013). Otras Geografías
/ Otros mapas teatrales: Nuevas perspectivas
escénicas latinoamericanas (con Jorge Dubatti
2016). Director, editor y fundador del sello
editorial La Campana Sumergida. Director y editor
de la revista digital Dramateatro. Actualmente
imparte clases en la Universidad de Bielsko-Biała,
en Polonia, y en la Universidad Matej Bel, de
Eslovaquia.