MICROMENTARIOS | Pedir, pedir y pedir

Armando José Sequera

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Estoy en desacuerdo con que a Dios sólo se le invoque para hacerle peticiones. Peticiones que, en muchos casos, tienen menos de solicitudes que de órdenes a un subordinado. Dios es un padre, un amigo y, si me apuran mucho, ese hermano mayor al que siempre podemos acudir a sabiendas de que nunca nos defraudará.

Sin embargo, casi nadie le pide posibles. Más que todo imposibles. Y cómo lo critican cuando no cumple con las expectativas inmoderadas.

Algunas personas no miden las consecuencias de sus peticiones:

–Dios mío, haz que me caiga del cielo una mansión como las que salen en la revista ¡Hola!

No advierten que si Dios les complace les resultaría imposible sobrevivir al impacto.

–Diosito, hazme ganar el primer premio de la lotería –es tal vez la más común.

Aunque no lo era la de la señora Ana Hernández, una amiga de mi abuela. Ella esperaba ganar el primer premio de cualquier lotería nacional –Caracas, Oriente, Zulia, Táchira–, y ser al mismo tiempo la favorecida con el cuadro único que acertó los seis caballos ganadores del juego del 5 y 6, en las carreras del hipódromo La Rinconada.

Hasta aquí, la anterior era una ambición exagerada, similar a la de cualquier comerciante, industrial o especulador venezolano. Pero la señora Ana Hernández llevaba las fronteras de lo aleatorio al nivel de supep milagro divino ultra especial recontra plus. Como no tenía dinero para hacer ninguna de las dos apuestas, esperaba encontrar ambos boletos premiados, enrollados sobre sí mismos y ceñidos por una liguita, exactamente en la entrada de la casa donde vivía, no más lejos.

Matemáticamente, no alcanzaban todos los números existentes para calcular las probabilidades del portento.

Un proverbio sueco señala que Dios le da un gusano a cada pájaro, pero no se lo lleva al nido. Quienes le piden algo, ¿hacen algún esfuerzo para alcanzar lo que solicitan? La mayoría no. Se limitan a solicitar, pedir y exigir, en ese orden, hasta que, al no serles concedida la venia, despotrican contra el Hacedor, poniéndolo verde o morado.

Dios, aunque todopoderoso requiere ayuda. Ayuda de la persona peticionaria y de todo aquel o aquella que le pueda brindar su apoyo. El que pide es quien primero tiene que esforzarse en obtener lo que requiere. Sin este esfuerzo, ni Dios puede complacerlo.

Pese a lo todopoderoso que es el Padre, no puede concenderle el Premio Nóbel de Medicina a un contabilista, ni proveerle la presidencia de un país a un individuo cuya única acción política ha sido mostrar su trasero a 27 camarógrafos, dos guardias nacionales y una mujer policía.

Por otra parte, no creo que haga falta pedirle nada a Dios. Él sabe lo que en verdad necesitamos. Lo que no nos concede es porque, en vez de hacernos bien, seguramente nos traerá algún perjuicio.

Armando José Sequera