CORREO DE CARABOBO | El impertérrito coronel Aramendi y su Escuadrón Sagrado

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Hablar de la Batalla de Carabobo es, sin dudas, coincidir en el genio estratégico del Libertador Simón Bolívar, las grandes cualidades militares del general José Antonio Páez y el arrojo de sus llaneros, la estoicidad de la Legión Británica y el derroche de valentía demostrado por todo el grueso del Ejército patriota. Sin embargo, poco se habla de algunas unidades y personajes que fueron de gran importancia en el desenlace de la contienda. Un ejemplo es el caso del Escuadrón Sagrado, que actuó en la épica batalla bajo el mando del coronel Francisco Aramendi, a quien, por cierto, la historia oficial le ha jugado una mala pasada, al punto de casi ser invisibilizada su relevante participación durante toda la Guerra de Independencia, y particularmente en la Batalla de Carabobo, donde tuvo una actuación destacada.

Francisco Aramendi, guerrero patriota nacido en Nutrias, estado Barinas, en 1791, se destacó en innumerables combates desde 1814. Pelea en Mata de la Miel, El Yagual y Los Cocos, en 1816. En la Batalla de Mucuritas, en 1817, haciendo derroche de temeridad, salta con su escuadrón sobre la sabana incendiada derrotando a las sorprendidas y aterrorizadas tropas enemigas. En 1818 estuvo a punto de matar al general Morillo en Calabozo, si no es porque se interpone un edecán y recibe el lanzazo para salvar a su general. Ese mismo año de 1818, se destaca en la acción conocida como la Toma de las Flecheras, en la que junto a 25 llaneros, a nado con sus caballos, tomaron varias embarcaciones realistas armadas en el río Apure. Es el segundo hombre de importancia en la heroica acción de Las Queseras del Medio el 2 de abril de 1819.

Las tropelías del impertérrito

Aramendi era un oficial feroz, vehemente y algo indisciplinado. Tuvo violentos encontronazos con varios oficiales, incluyendo al general Páez, quien lo derrota en un duelo a mano limpia y le perdona la vida por conocer su importancia en las acciones futuras. No obstante, “el Centauro del Llano” siempre fue su gran benefactor. A causa de su indisciplina, en mayo de 1819 estuvo a punto de ser fusilado por el Libertador, después de que se fuese a las manos con el general Manuel Cedeño luego de la derrota en la Batalla de Laguna de Patos. A los pocos días de ser detenido se escapa y regresa a las tropas del general Páez bajo su protección.

En 1817 se bate a duelo en Achaguas con el comandante patriota Calixto García y lo mata a estocadas. En 1819 tiene un altercado con el coronel Miguel Guerrero y estuvo a punto de matarlo con un trabuco.

Ese mismo año riñe con el general Miguel Vázquez. Luego del triunfo de Carabobo, Vázquez es nombrado gobernador de Caracas, y durante un baile en honor a los libertadores en esta ciudad, tienen nuevamente una discusión que termina en un duelo donde Aramendi es herido en una mano. Se cuenta que estaba conjurado con el capitán Leonardo Parra, para hacer una revolución contra los blancos.

En junio de 1819 es nombrado comandante del Regimiento de la Muerte, donde continúa cometiendo actos de indisciplina. Se le acusa de no cumplir órdenes, se le responsabiliza por la pérdida de varias partidas de ganado y es destituido en julio de 1820, hasta que en junio de 1821 es puesto a la cabeza del Escuadrón Sagrado.

Este fue organizado en San Carlos entre el 15 y el 20 de junio de 1821, específicamente para pelear en Carabobo. Era un escuadrón de caballería de línea, encuadrado como la única unidad de caballería de la Segunda División. Se le atribuye su nombre a que estaba conformado en su totalidad por oficiales “sobrantes” o que no tenían unidades bajo su mando directo en ese momento.

Estaba comandado por el intrépido coronel Aramendi; el segundo comandante era el teniente coronel inglés Brooke Young. Eran alrededor de 100 a 150 jinetes. Una particularidad es que todos portaban uniformes de color rojo, incluso las botas y se dice que montaban caballos blancos, pero este último dato no se ha podido confirmar.

La Segunda División toma la entrada por el camino real y sube a la llanura. El Libertador en su parte de la Batalla de Carabobo se refiere en estos términos: “… el Escuadrón Sagrado que manda el impertérrito coronel Aramendi a las órdenes del general Cedeño…”. Se lanza contra el Batallón Barbastro, el cual tuvo que rendirse. Páez se les une y juntos atacan al Valencey que se forma en cuadro y resiste.

Los jefes realistas al ver muy comprometida su victoria, envían 400 hombres de caballería a atacar por el flanco izquierdo a la Primera División. El Sagrado con arrojo sale a recibir el ataque y los derrota en un feroz combate a la lanza, haciéndolos huir por el camino del Pao y Calabozo.

El Sagrado hace derroches de valentía en la persecución de los realistas hasta Valencia.

Otros oficiales que integraron esta temible unidad fueron, el capitán Antolín Torrealba, quien en principio luchó en las tropas realistas, pero luego de la Batalla de El Yagual se incorpora a las filas patriotas, donde se distinguió por su valentía; el teniente coronel José Alejo Acosta, aguerrido oficial de origen neogranadino; el teniente Pedro Cortés, otro de los lanceros inmortales de las Queseras del Medio, y el teniente Francisco Nieves, temible guerrero nacido en Cumaná.

El Escuadrón Sagrado fue desactivado el 27 de septiembre de 1821. La mayoría de sus integrantes volvieron a sus antiguas unidades o murieron. En 1823 se concedieron premios a los que participaron en Carabobo y la lista del Sagrado es de apenas 17.

La última batalla

A raíz del violento altercado con el coronel Vázquez en Caracas, Aramendi es enviado a Guasdualito como comandante de armas, donde choca con el gobernador, su antiguo enemigo, el general Miguel Guerrero. A causa de este incidente es asesinado en 1822, mientras dormía en el corredor de su casa junto a su esposa en una hamaca. El mismo Guerrero le confiesa al Libertador en una carta, que le había mandado a matar y aduce una gran cantidad de razones para hacerlo. A pesar de que no le dieron chance de defenderse y le cortaron el brazoderecho, logró estrangular a uno de sus asesinos con su siniestra.

La patria venezolana le debe mucho a este legendario guerrero, el adalid de los lanceros de Páez, que a pesar de su controversial existencia fue de una ayuda incalculable para su emancipación. Citando a don Eduardo Blanco: “Aramendi solo, valía por un regimiento”.

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Los centauros colorados

Una de las características del Escuadrón Sagrado era su particular uniforme colorado. El mismo constaba de un morrión (tipo de sombrero de copa sin alas y con visera) de color rojo con cordones dorados y una pluma roja; chaqueta roja tipo húsar con alamares dorados; faja de cordones rojos y borlas doradas; pantalón rojo con franja
dorada; botas rojas y bandolera blanca con cartuchera.

Los uniformes militares durante la Guerra de Independencia provenían de Europa,sobrantes de las guerras napoleónicas en su mayoría. Teorías arman que este en específico puede haber sido diseñado, en un principio, para músicos de guerra, que debían ser vistos por la tropa a grandes distancias para recibir órdenes en el campo de batalla; otras dicen que las pintorescas prendas fueron escogidas entre varios uniformes.

Para los guerreros de la época, mientras más visible se era en la contienda, más valentía se demostraba. Algunos historiadores aseguran que montaban caballos rucios. Sus armas eran el sable de caballería modelo 1796, pistolas de chispa, y es probable que algunos guerreros de este escuadrón, al ser diestros lanceros, como el mismo Aramendi, estuviesen también armados con las temibles varas.

Kike Gavilán