Cuentos para leer en casa | Igual

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Mi padre nació en un rincón de tierra húmeda. En una cosecha mala, de puras papas muertas, recordaron llevarlo a Nebretic, un pueblito de Croacia en la planicie del Save y del Danubio. Le pusieron mi nombre que recuerda a la muerte, para no olvidar al Francisco asesinado, que desató la Primera Guerra Mundial. En 1929 solo mi padre se atrevió a nacer en el Estado sur -eslavo. A sus dos años, en 1931, le llamaron: Yugoslavia.

Siempre debo decir que mi padre nació en Yugoslavia, que descendió de croatas católicos, vecinos de los serbios ortodoxos, líderes de los pueblos eslavos del sur bajo el reinado de Dushan en el siglo XVI.

Aunque no tenía aspas de molino ni fuelles de herrería, mi padre era el niño más lindo del pueblo: más alto que un niño normal de Europa baja, de ojos cerulei, cabellos castaños, sin cicatrices. Podía montar todos los caballos y burros, hablarles desde sus ojos azules, decirles que en Spalato estaba el mar Adriático, boca azul del mar, cuerpo de tormentas, tan azul, que sus ojos no alcanzarían las naranjas y manzanas que nadaban entre las gaviotas hasta Italia.

Fue el primer estudiante de su pueblo de campesinos. No sé cómo hizo mi abuelo Stepan para hacerlo estudiar, pero sacó oro de las aceitunas y del heno. En pleno conflicto mundial mi padre iría a Zagreb a estudiar.

Luego iría a Rikeja, no para estudiar sino escapando de las fuerzas de ocupación. Allí Igual fue molino de viento loco en la imagen de mis abuelos caminando de un pueblo a otro hasta Treblinka, una palabra mágica que no sabe lo que encierra, muertos bajo la sombra de los árboles, únicos testigos del volar rasante de las balas de Hitler. No luchó, sus manos nunca tocaron un fusil, ni siquiera cuando estalló la insurrección de Tito, millones de hombres luchando para sacar al führer de sus tierras.

Yugoslavia se acabó después del mar, mis abuelos murieron y solo quedó esta foto de sus hermanas en un hospital de Belgrado.

Hubo un deseo de irse; se fue. De Rikeja a Trieste en caminatas largas, de noche.

Ya no hubo siquiera un molino de viento loco sobre los caballeros del Francisco 8499, refugiado en Intake Center, Iro, Italian Mission. Los “sobre mi apellido dejaron de sonar en Trieste, en las canas y arrugas de mi padre cerulei”.

En 1955, un certificado del Consolato Generale in Genova de la República de Venezuela, decía que mi padre, mash, célibre, castani, cerulei, podía ir a América en busca de fortunas. Ya no se dibujaron manzanas en el cerulei de sus ojos, ni siquiera huesos de calavera.

Así llegó mi padre en el Castel Verde a La Guaira. Cuando yo era niño prefería a mi padre de Zagreb a Viena, de Viena a Frankfurt, de Frankfurt a Berlín, a Gdansk, a Madrid, a Teherán, a Bagdad, a Trípoli, a Río de Janeiro, a La Guaira, Venezuela. Luego lo veía víctima de las culebras y tigres del Amazonas, o revolcándose entre las papas y aceitunas de su infancia, siempre de una manera no parecida a la de los seres que conozco.

Vino buscando fortuna y tormentas de esas que solo se dan en América. Olvidó entre el calor de sus pasos y las cartas de Mary Monazin, a sus padres muertos, sus hermanas enfermas y su tierra de papas y cochinos, que luchaba por ser independiente.

El no me conoció. Sobre sus cabellos nació de nuevo el molino de viento loco y un día regresó a sus tierras amarillas, cubiertas de papas y de heno sin rastrillar, la tierra de los hombres cerulei.

Desde esta foto gris, puedo darle finales de vida y muerte ignorados, nunca igual.

¿Has muerto, padre? Te maldigo.

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EL AUTOR 

Slavko Zupcic
(Valencia, Carabobo, 1970). Escritor y psiquiatra venezolano.

Ha publicado el libro de poesía para niños Escúcheme, Señor Sol (1989); los libros de relatos Dragi Sol (1989), Vinko Spolovtiva, ¿quién te mató? (1990), 583104: pizzas pizzas pizzas (1995), Médicos taxistas, escritores (2014) y Cementerio de médicos (2018); la novela Barbie (1995); el libro de crónicas literarias Máquinas que cantan (2005), y la novela para niños Giuliana Labolita: el caso de Pepe Toledo (2006). En 2007 formó parte de la selección Bogotá 39. Ha ganado, entre otros premios, la Bienal de Literatura Infantil Luis Bouquet (1987), Bienal José Rafael Pocaterra (1988), Premio Municipal Ciudad de Valencia (1991), Mención de Honor de la Bienal de Literatura de Guayana (1994) y el XVIII Premio Anual Transgenérico (2018) con su novela Curso (rápido y sentimental) de italiano. Asimismo, fue finalista del XIX Premio Herralde de Novela (2001). Cuentos suyos han sido incluidos en diversas antologías de cuento venezolano e hispanoamericano