LA ARAÑA FEMINISTA | Los múltiples exilios

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Leyendo hace poco acerca de la feminización de la migración, dí con esta idea de la antropología feminista acerca de que la migración no es un hecho novedoso para las mujeres. Las mujeres, han sido las que históricamente, en la mayoría de las culturas, se han desplazado desde su lugar de nacimiento al de los hombres con los que forman familia.

Digo mayoría porque no quiero caer en una generalización. Por ejemplo, en les Warao son los hombres quienes van a vivir a casas de las mujeres, ocurre así con otros pueblos originarios del Sur Global, pero reconozcamos que no fue la tradición que se impuso con el hegemón occidental.

Entonces el drama, porque reconozcamos que eso de agarrar tus cachachás, dejar a tu mamá, a tus hermanas, tu familia, tu perro, tu casa y tus matas, para irte a vivir donde el jevo, nunca es algo que pueda hacerse sin dolor. Pero actualmente las mujeres, al menos en su mayoría, no migran para irse al casa del jevo, lo hacen por razones económicas, por ende laborales, pero también por ser sujetas de violencias, es decir, su movilidad está teñida no sólo de dolores, también de capacidad de agencia que las hace marchar a por vidas mejores. Pero, hay una diferencia entre migrar y el exilio, este último supone una condena, un rechazo, una expulsión. Exactamente por este movimiento tradicional de las mujeres al espacio vital de los hombres, en nuestras sociedades patriarcales, las mujeres al emparejarse con un hombre entran, a lo que yo llamo, “la tribu” del hombre.

Esto supone estrechar lazos y armar vínculos no solo con su familia nuclear y extendida, sino con todo el círculo relacional de él, ahí se construyen afectos, amores, cariños, amistades, alianzas y complicidades. Cuando el macho decide terminar, esta mujer es expulsada de la tribu, sobretodo si no hay descendencia, lo que supone que no haya una herencia paterna qué proteger. Creo que las mujeres hablamos poco de estos exilios a los que en una u otra medida, nos hemos visto expuestas, los dolores que acarrean las rupturas sentimentales con las parejas, pero sobretodo con las tribus. Quizá parta de esta comprensión la sabia estrategia de los feminismos de tejernos entre nosotras e insistirnos en la juntadera. Yo en lo personal he vivido varios exilios y autoexilios, estos últimos como estrategias de supervivencia, en despliegue de mi capacidad de agencia, pero nunca han estado exentos de grandes costos emocionales e incluso castigos sociales, la insubordinación siempre es castigada. Sin saberlo he andado por ahí buscando tribus que me reciban, mi tribu está donde esté yo.

Indhira Libertad Rodríguez