Tres en 1 | Giordana García Sojo. El chavismo es una revolución cultural

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Licenciada en Letras. Poeta. Fue viceministra en el Ministerio del Poder Popular para la Cultura. Participó en la antología La poesía contra el bloqueo, con poetas de Cuba e Italia.

—¿Por qué participar junto a Italia y Cuba en un libro que se llamó La poesía contra el bloqueo?

—La antología fue idea de Geraldina Colloti y los compañeros de Argo Libri de Italia.

Cuando me convocaron a participar no lo dudé, Venezuela ha padecido una de las campañas de satanización más descaradas y poco sustentadas de la historia. Las corporaciones mediáticas han querido convertir la palabra Venezuela en sinónimo de todos los adjetivos negativos imaginables, esto en base a falsedades de muy mala factura pero de inversión mil millonaria en difusión. En este contexto, sería imperdonable dejar pasar los espacios que surgen para decir otros sentidos de la Venezuela contestataria, antiimperialista, soberana en su capacidad de denunciar el doble rasero y la falsa moral de quien aplica el garrote. Por esos días ocurrió el asesinato de George Floyd en Minneapolis, vimos en directo los terribles segundos de asfixia de un cuerpo inmovilizado, un cuerpo negro y sometido, un cuerpo que gritaba lo que todxs teníamos atravesado en la garganta: “No podemos respirar”. La palabra poética puede tener una potencia incomparable al enunciar desde la honestidad y la compenetración con los afectos y la subjetividad imbuida en el día a día de la resistencia.

—¿El bloqueo y las sanciones se combaten con poesía?

—El bloqueo y las sanciones son ilegales ante el derecho internacional, son oprobiosos ante cualquier código de ética sustentado en los derechos humanos, son una afrenta al sentido común y sin embargo se disfrazan de acciones “correctivas” cual ejercicio conductista decimonónico y supremacista. Desde todos los puntos de vista que se sustenten en los derechos humanos hay que combatir este tipo de medidas de coacción. Es larga la tradición  de la palabra poética en estas lides, desde Sor Juana Inés de la Cruz hasta Federico García Lorca, o desde César Vallejo a Lydda Franco Farías, la poesía puede no solamente denunciar lo que la excede en acciones de falanges, cleros o imperios, sino también trascender la ignominia del opresor permaneciendo en el habla y el imaginario de la gente, hacerse en la corporeidad de la realidad escrita, en papel o en pantalla, pero  expresada, ejercida como contraofensiva y propuesta.

—El presidente Chávez dijo: “La revolución es cultural o no es revolución”. ¿Estamos haciendo una revolución cultural?

—El chavismo ya significa una revolución cultural, al punto de que se intenta borrar por todos los medios, se invierte mucho dinero en tanques de pensamiento y propaganda para revertir lo que logró en la cultura política de las mayorías, no solo en Venezuela y América Latina, sino allende las fronteras subcontinentales. Pero los ataques permanentes y la misma condición contracorriente de sus propuestas han generado desgaste y estancamiento. A veces nos enfocamos tanto en repeler golpes y trampas que olvidamos el que hacer cotidiano y la planificación acuciosa de la transformación social, del pensamiento crítico como antídoto y acicate.

—¿Por qué será que la poesía venezolana no ha dado el salto a la trascendencia?

—Yo no diría eso. Más bien creo que la poesía en Venezuela es el género mejor cultivado, con el perdón de Gallegos y sus adláteres y adversarios de oficio. El problema en el campo literario en el país tiene que ver más con la crítica y la proyección, aun teniendo portentos editoriales como Biblioteca Ayacucho e, incluso, en un registro más popular y masivo, El perro y la rana.

Sin embargo, es histórico el rezago de los circuitos de promoción y crítica literaria en Venezuela en comparación con países de la región como México, Argentina, Cuba, Colombia, Brasil o Chile. Lo veo como un desafío, no solo para poetas y escritores en general, sino también para investigadores, gestores y activistas culturales. Es tiempo de ser más solidarios y también más rigurosos en la proyección y la construcción de la historiografía de nuestra literatura, tanto en los programas de estudios como en las redes sociales.

—¿Hay machismo también en la poesía venezolana?

—Mucho, muchísimo. No se pasa de la inclusión condescendiente y ornamental. En Venezuela el feminismo tiene un largo campo por desbrozar, y en él la literatura, y la poesía en especial, son un sendero de grandes posibilidades de mapeo, investigación, edición, crítica y difusión. Hay mucho por hacer, lo cual lo hace más emocionante y urgente.

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Retrato Hablado 

“Yo no escribo por amor, sino por desasosiego; escribo porque no me gusta el mundo donde estoy viviendo”. Así declaró en una rueda de prensa el escritor portugués José Saramago. Siempre irreverente y revolucionario. Premio Nobel de Literatura en 1998. En noviembre del año 2004 estuvo en Venezuela. Y dio una rueda de prensa donde asumía su apoyo al gobierno del presidente Chávez. Habló sobre sus libros y sobre Don Quijote de la Mancha. El presidente Chávez había ordenado la publicación de un millón de Quijotes. El prólogo de esa edición fue escrito por Saramago. Entre sus libros están: Ensayo sobre la ceguera, que fue llevado al cine. Ensayo sobre la lucidez, donde habla sobre la democracia. En el 2000 escribió La Caverna. En su novela Las intermitencias de la muerte habla sobre la inmortalidad, un país donde la muerte no existe. También al poeta Fernando Pessoa le dedicó una de sus novelas, El año de la muerte de Ricardo Reis. Ricardo Reis fue uno de los heterónimos usado por el poeta Pessoa. A pesar de declararse ateo, en una de sus novelas, El Evangelio según Jesucristo, crea un mundo paralelo, una alternativa a la vida de Dios. Caín fue su última novela. Nació el 16 de noviembre de 1922, en Portugal, y murió el 18 de junio de 2010, en España.

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El Viernes de Lira

Roberto Malaver / Ciudad CCS