Turismo rumbero gastronómico en San Agustín

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“A la hora de parrandear esto sí suena sabroso, es el Cumbe Tours, ven a bailar con nosotros”, corean todas y todos en el autobús que acaba de partir desde el Teatro Teresa Carreño rumbo al Metro Cable que nos subirá hasta las entrañas del barrio musical de Caracas.

Son cerca de las cuatro de la tarde de un miércoles cualquiera y la cotidianidad en las adyacencias de Parque Central se rompe con un poco de gente vibrando al repique del tamborileo. Un sarao hermoso que acompaña incesante toda la experiencia de Cumbe Tour, la ruta turística barrial de San Agustín, soñada y delineada por sus propios habitantes allá por el año 2016, cuando le vieron la cara a lo peor de la guerra económica.

Hoy este proyecto genera decenas de puestos de trabajo directos e indirectos para vecinos y vecinas, sustenta buena parte de la actividad cultural del barrio, y avanza a paso vencedor hacia el objetivo de potenciar la parroquia como un eje turístico en la ciudad.

Y San Agustín tiene con qué. Derrocha acervo cultural y un legendario legado musical que es sana envidia de otras barriadas caraqueñas. De estética propia, raíces afromestizas, plagada de vistosos e inspiradores murales, rebelde y participativa, autogestiva, pachangosa y parrandera, presume de una identidad única.

Asentado de forma caóticamente bella sobre un cerro que alcanza en su punto más alto los mil metros de altura sobre el nivel del mar Caribe, cerca de 50 mil personas habitan estos 1.7 kilómetros cuadrados de barrio/pueblo multicolor, “el pedacito de tierra más divino del planeta”, piropea a su patria chica el cronista local Emilio Mujica.

Turismo en el barrio, y ¿qué?

La recorrida coordinada por Reinaldo Mijares, director general de la Fundación 100% San Agustín y profesor de danza de varias generaciones de san agustinos, lleva a los visitantes cerro arriba por un viaje de colores, olores, sabores y ritmos. Se patea el barrio de arriba a abajo pasando por sus distintos sectores, callejones y esquinas emblemáticas, apreciando de cerca la particularidad del tejido sociocultural de San Agustín, el de la descarga eterna, donde dicen que la pelea es bailando. Todo se hace al ritmo del tambor, allí todo tiene que ver con la música.

Paseo todo incluido

Vaya preparado, preparada, para jartar y beber parejo. La dulcería criolla ancestral es también protagonista de la experiencia, con sazones provenientes de Barlovento y otros propios del sincretismo barrial autóctono. Desfilan los buñuelos de Juanita, bañados en mela´o de papelón, la cafunga barloventeña, besitos de coco caraqueño, el mestizo sanagustiniano; pero también la empanada margariteña, la mejor de Caracas aunque la señora que las prepara no lo sepa. Para no pasar sed, todo está bien regado con la cerveza artesanal “Cumbe 100% San Agustín”, elaborada con papelón. Ah, y el llamado Cocuy Anticovid, macerado en jengibre, miel, papelón (siempre presente en la gastronomía de estos lares), limón, sauco, guayaba, clavitos, y otros ingredientes secretos.

Cinco horas de parranda

Es el tiempo aproximado que lleva la ruta turística, buscando finalizar en la noche, porque los san agustinos también desean mostrar con orgullo su rica vida nocturna. Tras conocer el Centro para el Encuentro Popular La Ceiba, el emblemático bar setentoso y centro social deportivo Los Alegres All Star, donde suenan boleros y sones, empaparse en la actividad de la Coordinadora La Calle es de los Niños, pegar un vistazo en las residencias Hornos de Cal, palpar la historia del Afinque de Marín y el recuperado Teatro Alameda, se aterriza con la última luz de la tarde en el Fogón de Emilio, en la San Agustín plana del Pasaje 8. Allí te ponen a bailar a juro y no hay excusas, pues la agrupación Son Mondongo brinda un amplio repertorio de música caribeña y venezolana de los años 70 y 80, gaitas y villancicos, hasta suenan piezas de rock. En San Agustín todo tiene que ver con la música. Y con la esperanza.

Sabroso guaguancó

Juanita Gómez sonríe y le veo un diente dorado. Sonríe porque la piropean, a unos mil metros sobre el nivel del mar, dentro del funicular. “Tengo cincuenta años haciéndolos”.

Habla de unos buñuelos de yuca con papelón. Aparte de una empanada oriental, picantica, divina, perfecta y tibia; unos tragos de Cocuy Anticovid, según Mijares y otro dulce maravilloso servido en un trocito de hoja de plátano (que no les voy a decir el nombre a propósito, no porque no me acuerde), los sabores y olores de San Agustín, con el permiso de Teresa Ovalles, creadora de la serie Olores y Sabores de Carabobo, son inolvidables. La cantidad de gente que se dedica a cocinar con sentido, y con todos los sentidos, impresiona. En San Agustín está sucediendo la cosa gastronómica de Caracas, si es que se puede llamar cosa.

El mexicano

Erick Fonseca tiene un hijo de seis años, Marco. El mexicano probó de todo lo descrito, bailó, ensayaba sus parlamentos todo el tiempo. Lo acompañaban dos rusos y una rusa que no probaron nada… hasta el final. La rusa no resistió la tentación de una cerveza artesanal -sin precio claro todavía; Emilio, en su Fogón, anunció un precio que emocionó, pero que no era. Luego, la artesanal (¿será por la ley?) sucumbió ante la de Mendoza, pero esa es otra historia. “Sin parabanes, sin tapar nada: mostramos el barrio tal cual es”. San Agustín, caminada y bailada por la gente bien cuidada de Russia Today (RT), la televisora rusa, aparecerá en el programa La Lista de Erick, una producción del “primer canal de televisión ruso en idioma castellano con señal de alcance mundial”. En su página anuncian lo siguiente: “Según una investigación de la compañía internacional Ipsos, dieciocho millones de personas ven RT cada semana en diez países de América Latina. Entre los motivos principales del creciente interés que suscita RT en la audiencia, los participantes de la encuesta refieren el deseo de recibir noticias con “una perspectiva diferente sobre los acontecimientos mundiales”.

Este Cumbe Tours se adaptó a los ritmos de un programa televiso con su propio ritmo. Después que se fue Erick, el son se extendió hasta la noche, con humor y sabor. El programa será transmitido en mes y medio, aproximadamente. Los buñuelos de yuca de Juanita, son buenos. Son riquísimos. Son del coño de la madre, o del padre. Y con tres puedes compartir. Cuestan un dólar. Uno solo.

Matías Aberg Cobo / Gustavo Mérida / Ciudad CCS