DATE CON LA CIENCIA | Lecciones de ética política

Nerliny Carucí y Guillermo Barreto

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Debatir y estudiar es vital en momentos de transformación social

“Dame campo, pensamiento,
y dame rienda, albedrío,
pa’ enseñarle al que no sabe
a rematar un corrío.
Cimarrones hay que verlos,
de mautes no le porfío;
puñal, sáquelo si quiere
a ver si repongo el mío.
Duele lo que se perdió
cuando no se ha defendío”.
Alberto Arvelo Torrealba, en Florentino y el diablo

En 2018, Andrés Manuel López Obrador ganó la Presidencia de México, luego de varios intentos en los cuales hubo sobradas evidencias de que le hicieron fraude. Su plan central era (y es) llevar a cabo lo que llama la Cuarta Transformación, la 4T. Como en otras naciones latinoamericanas, las independencias ofrecieron la esperanza y la promesa de una primera transformación que superaría el orden colonial hacia naciones soberanas y prósperas. Sucesivas traiciones llevaron a procesos complejos que, en México, fueron categorizados como una segunda y una tercera transformación. Esta última, como nuestra Cuarta República, terminaron siendo Estados decadentes y corruptos.

El reto de las transformaciones es gigante y, en nuestra patria, podemos dar testimonio de las dificultades que implica. Transformar una sociedad requiere cambios en cada uno y cada una de nosotras. Emprender los cambios exige ser conscientes de los valores que se nos han impuesto y que hemos normalizado. Valores clasistas, valores racistas, valores patriarcales propios de la civilización moderna, que llevan al individualismo, al egoísmo y a la corrupción. Subjetividades que deben trastocarse y cambiarse, si se quieren transformaciones sociales reales.

Estos cambios son motivo de reflexión y estudio en los que ha estado concentrado el filósofo del sur global Enrique Dussel. Argentino/mexicano radicado en México, ha expresado y ha advertido sobre la importancia vital que tiene emprender programas de formación dirigidos a cambiar las subjetividades, especialmente en las juventudes, para afianzar una verdadera transformación social. Uno de los temas centrales en los cuales el doctor Dussel ha trabajado es, justamente, el de la ética política. Tema de investigación de gran interés en el ámbito de la filosofía política, pero de gran relevancia e impacto en el funcionamiento de la sociedad.

Son décadas de pensamiento y de investigación plasmadas en una copiosa producción que nos ofrece este gran amigo de Venezuela. Hoy, nos queremos referir a un trabajo pequeño en extensión, pero grande en su profundidad e implicaciones. Se trata del libro Hacia una nueva cartilla ético-política, que publicó la Secretaría Estatal de Formación Política del partido Morena, el partido que lleva adelante la 4T en la hermana nación mexicana.

En este texto, Dussel nos ofrece un resumen excelente de la historia de nuestra América desde su descubrimiento hace 30.000 años; la invasión europea, a partir de 1492, y la confrontación de visiones civilizatorias que marcarán a esa “raza cósmica”, que es América Latina. A diferencia de la cosmovisión europea, todos los pueblos originarios de América sostenían un principio de complementariedad compuesto por términos que se determinaban mutuamente. El origen se encuentra en un “madre-padre” del universo. Complementarios son hombre y mujer, mente y cuerpo, naturaleza y sociedad. Esa visión se convierte en referencia obligatoria para hacer diagnósticos culturales y éticos de nuestra idiosincrasia, con miras a entender el momento actual y encarar procesos de transformación.

La cartilla enumera los tres principios éticos que deben guiar la política. Principios que se sustentan en aprendizajes ancestrales. El primero se refiere a la afirmación de la vida: toda acción política debe estar dirigida a afirmar, (re)producir y acrecentar la vida, tanto individual como comunitaria. Cualquier acción de este tipo solo tendrá legitimidad si se sustenta en el consenso y en el acuerdo de la comunidad, lo cual constituye el segundo principio ético-político. Un tercer principio se refiere a la factibilidad: la acción política puede afirmar la vida y estar basada en el consenso, pero debe ser también posible.

La modernidad ha legado un sistema injusto que niega la vida y es, por eso, éticamente justificado intentar trascenderla. El proceso, sin embargo, debe estar sustentado en el acuerdo de la comunidad y debe emprenderse en el corto y mediano plazo dentro de las posibilidades, sin olvidar el fin utópico a largo plazo: la sustitución completa del orden vigente. El dirigente político debe entender que le ha sido dada una responsabilidad por el que verdaderamente posee la autoridad suprema: el pueblo. “Mandar obedeciendo” es la única consigna ética posible.

Debatir y estudiar estos temas son cuestiones vitales en momentos de transformación social. Es imperativo identificar las raíces de los problemas y actuar de manera coherente. La cartilla ético-política que nos regala el maestro Dussel es una base fundamental para ser estudiada por nuestra juventud. Como nos dice este gran filósofo, sin esos principios, sin la formación necesaria, cualquier transformación que se intente correrá el riesgo de convertirse en un castillo de naipes.

Nerliny Carucí y Guillermo Barreto