BAJO LA LUPA | Rimbombante caribeño

Eduardo Rothe

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Los dos hombres más poderosos del mundo, el presidente de los EE.UU. y el presidente de Rusia, son denominados “Mister Presidente” y “Presidente de la Federación Rusa”; basta y sobra. Pero algunos jefes de Estado caribeños reciben muchos títulos: Maduro es «Nicolás Maduro Moros, presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela y Comandante de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana», ni más ni menos.

Si lo pensamos un poco, lo de constitucional está de más, porque se supone que lo es, y mencionarlo no lo le da ni le quita legitimidad. Y si no, los viejos recordamos aquel porro que cantaba “Coronel Marcos Pérez Jiménez, presidente constitucional” para referirse al dictador venezolano que cayó el 23 de enero de 1958.

Todo esto forma parte de lo rimbombante caribeño que en Venezuela llama a sus ministerios “Ministerios del Poder Popular”, cuando siguen siendo ministerios comunes y corrientes.

Pero el rimbombante venezolano se queda corto comparado con el gobierno nicaragüense y su recién propuesto “Ministerio Nacional para asuntos del espacio extraterrestre, la Luna y otros Cuerpos Celestes” ante cuyo alcance cósmico sería una tontería preguntarse si un ministerio podría no ser nacional… sobre todo porque Nicaragua no tiene ni un pequeño satélite propio y el anunciado en 2014, el Nicasat – 1, que costaría 346 millones de dólares y sería lanzado por los chinos, se quedó en proyecto. ¿Y por qué no ir más allá del sistema solar y la galaxia? ¿A la trascendencia cósmica? Después de todo, la vicepresidenta Rosario Murillo, esposa del presidente Ortega, se declara admiradora y seguidora, al igual que Nicolás Maduro y su esposa Cilia, de las enseñanzas del gurú Sai Baba, de la India. Una nueva versión con filtro del famoso “tomar el cielo por asalto” de muchas generaciones de revolucionarios.

Todos estos rimbombantes estilos gubernamentales no son nuevos: en Venezuela vienen de un formalismo que en mi juventud prohibía pasar en camisa o cargando un paquete por la Plaza Bolívar, y que obligaba, y aún obliga, a los pescadores a posar con traje y corbata para la foto del permiso de pesca o la cédula marina, en realidad usando unos trajes y corbatas arrugadas que tienen los fotógrafos; resultado: un desaliñado “percusio look” en las fotos de sus documentos.

Y en cuanto al ridículo, si el antiguo régimen de la Cuarta República tuvo su “Ministerio de la Inteligencia”, el Gobierno Bolivariano tiene su “Vice-Ministerio de la Suprema Felicidad Social del Pueblo”… Verdaderamente hay gente vacunada contra el ridículo que no le tiene miedo a las palabras. Así cualquiera: yo podría ser “Excelentísimo Señor Doctor Profesor Lupa de Caracas, odalisca rendida a los pies del sultán enamorado”, y mandarme a imprimir unas tarjetas de visita con letras doradas.

Que conste que esto es un asunto cultural y no político, y que escribo sobre Nicaragua y Venezuela porque son de la familia: a los otros “ni los ignoro” como dicen los jóvenes porque ¿qué decir de la muy formal Colombia con su sobriedad a lo “british”, tan llena de académicos que deben caminar levantándose la toga para que el ruedo no se les manche con la sangre de cientos de miles de asesinados por la oligarquía y donde el árbol de la democracia representativa echa sus raíces en millares, de fosas comunes… o de la supuestamente culta Argentina donde todo es “de la Nación” y cuya clase dominante viene de genocidio en genocidio de gauchos, indígenas e izquierdistas.

Prefiero, aún criticándola, la exuberancia verbal de la Patria Grande caribeña, que nos hace sonreír pero no nos mata. Por aquello de Bertold Brecht: “Desorden es donde todo está fuera de su sitio, y orden es donde, fuera de su sitio, no hay nada”…

Eduardo Rothe