Francisco Zurita Barrada | “Hay que decirle a los niños cuánto costó construir el país”

0
Un veterinario imbuido en la historia y trascendencia de una batalla que sigue marcando el destino de la Patria Grande.

> Conoce el Campo de Carabobo, su historia y sus caminos, desde el encuentro con sus habitantes y desde la pasión por la investigación documental

Los azares de la vida y la profesión de Francico Zurita Barrada, veterinario, lo llevaron en 1968 hasta el estado Carabobo en asuntos relacionados con la salud pública. Él, un joven de veintitantos, tenía la misión de recolectar muestras para detectar casos de tuberculosis, lo cual, dicho así, no suena en lo absoluto relacionado con temas históricos.

Pero la circunstancia del recorrido lo llevó al Campo de Carabobo y sus alrededores, y allí, inevitablemente, se estableció el contacto humano con aquellas poblaciones deprimidas, un tanto o bastante olvidadas, que proliferaban y todavía proliferan en los alrededores del lugar que 147 años atrás habia sido escenario de la batalla grande. La Batalla de Carabobo se contaba entonces de una manera en la escuela, pero la gente la contaba de otra forma distinta en los caminos. La tradición oral de más de un siglo seguía cruzando por esos caminos o ausencia de caminos, y así fue como al joven Zurita se le sublevó en los adentros el otro discurso, el que lo fue convirtiendo en historiador y en padre de historiadores (al menos en padre de un historiador y militar).

Medio siglo más tarde él y su hijo, el entonces coronel y ahora General de Brigada Frank Zurita Hernández, le dieron en el mero centro a la filosofía de la historia, mediante esta sentencia: “La historia no es más que la geografía en el tiempo, así como la geografía no es más que la historia en el espacio”, idea formidable que se propusieron defender en la introducción de su libro escrito a cuatro manos y a dos cerebros, “Carabobo 1821, caminos a la gloria”. El encuentro con documentos y testimonios, además el contacto con el territorio y la gente de la sabana donde ocurrió la batalla, convirtió a los Zurita (padre e hijo) en analistas de aquella campaña y conflagración de cuya ocurrencia se cumplen 200 años.

Zurita describe parte de la historia y sus caminos, en la Cita con la Actualidad.

El genio y la suerte

Francisco Zurita, el padre, vino a la redacción de Ciudad Ccs para someterse a la sesión o entrevista semanal de este periódico, denominada genéricamente Cita con la Actualidad. En este caso la “actualidad” trataba sobre un evento ocurrido hace dos siglos, así que, en la misma línea de la ruptura de esquemas y moldes, Zurita invirtió buena parte del encuentro en hilvanar un discurso lleno de datos y comentarios imposibles de encasillar en el concepto clásico de entrevista. Así que lo que sigue es una síntesis de la conversa, charla o clase magistral que el historiador nos obsequió a Mercedes Chacín, Teresa Ovalles, Nailet Rojas, Jesús Arteaga, Gustavo Mérida, Reinaldo Linares, Américo Morillo, Enrique Hernández y José Roberto Duque.

De entrada, y para no desubicarnos en el concepto, desarrolló sus comentarios acerca de por qué aquella batalla decisiva tuvo lugar en la sabana de Carabobo y no en otro lugar.

Confiesa que siempre ha tenido presente la tentación de decir que todo se debió al genio de Bolívar, pero conserva el rigor suficiente para comentar los eventos no planificados:

–Los realistas dominaban un eje que era Caracas-Valencia-Puerto Cabello, es decir, las ciudades más importantes y el puerto más importante del país para ese momento. El Libertador, al sur de Venezuela, dominaba recursos pecuarios pero no las costas, esta era la situación cuando el armisticio, al final del año 20. Bolívar sabía que venía una gran batalla decisiva pero no sabía dónde se iba a realizar; esa confrontación pudo haber ocurrido en los valles de Aragua, por ejemplo. Y además ocurrieron situaciones atribuibles a la suerte, es decir, a cuestiones que no tuvieron que ver directamente con la estrategia de Bolívar. Por ejemplo, el hecho de que los 25 mil soldados que venían a Venezuela como refuerzo, a petición del general Morillo, se alzan y obligan al rey de España a jurar una constitución que ya no es absolutista. Fue la rebelión de Riego y Quiroga, que casi nunca se menciona como acontecimiento importante de nuestra historia. La corona envió una orden a Morillo para que pactara con los independentistas. Cuando Bolívar se entera de que ya esta gente no viene a Venezuela, decide planificar una batalla final para liquidar los restos de un ejército muy grande, pero que se encontraba disperso. La posición era desventajosa desde el punto de vista numérico, pero ventajosa desde el punto de vista territorial.

Claro en el contexto e informado sobre los planes del Libertador, su visión geopolítica y desenlace de aquella y otras campañas guerreras, conserva además la memoria de su encuentro con un anciano caballero, personaje fundamental de la historia del siglo XX venezolano, y autor del libro más respetado y reconocido como fuente para la reconstrucción de los eventos de aquel 24 de junio en Carabobo. Zurita recuerda sus conversaciones con el general Eleazar López Contreras, quien dejó como legado un libro lleno de historia, de mapas y datos fidedignos sobre varias campañas y batallas: “Bolívar coductor de tropas”, material publicado por primera vez el 17 de diciembre de 1930.

Esas conversaciones con López Contreras sobre el contenido de ese libro fundamental, sus recorridos personales por el Campo de Carabobo, y su carácter de padre y formador primero de un militar ávido de zambullirse en las aguas de la historia de las grandes batallas, lo fueron llenando de requisitos para una misión que habrían de encomendarle en 2014: es comisionado para participar en la comisión presidencial que habría de desentrañar y recuperar el trazado de la ruta que ahora todos reconocen como la original que siguió el Ejército Libertador desde Taguanes hasta el Campo de Carabobo.

Como todo trabajo de esta envergadura, el proceso de reconstrucción de aquellos caminos fue controversial, y hubo quienes intentaron desmeritar el trabajo de la comisión comentando que el trazado de los caminos era incorrecto. “Nos acusaron de haber inventado un camino, que es ese mismo que todos los visitantes recorren cuando van a Carabobo a conocer el sitio de la batalla”, comenta Zurita con más buen humor que amargura, pues lo respaldan un estudio palmo a palmo del terreno, además de unos documentos invalorables: “En la sección Libros Raros y Manuscritos de la Biblioteca Nacional existen unos documentos que pertenecieron a Pablo Morillo, unos informes realizados por sus ingenieros, en los que se describe ese terreno con indicación de las distancias y la cantidad de pasos que deben darse para ir de un punto a otro. Dice, por ejemplo, cosas en este tono: ‘esta elevación se encuentra a un minuto, caminando a pie en sentido noreste-suroeste desde tal sitio’. Con unas indicaciones de ese tipo es muy difícil o casi imposible confundirse en el terreno”.

El historiador recuerda que, además, las rutas establecidas o redescubiertas por la comisión contaron con veredictos emitidos por expertos en historia militar, con dictámenes de este tipo: “A falta de pruebas en contrario, se aprueba la ruta que por tradición oral se ha determinado”.

Así, la información que los expertos dejaron perder, la ha podido recuperar el país gracias al testimonio del pueblo habitante de la sabana, docentes y otros.

En el Salón Elíptico del Palacio Federal Legislativo se encuentra la obra de Martín Tovar y Tovar que recrea la batalla.

La misión: formar a los niños

Francisco Zurita admite que la comisión, y su propia memoria, fueron puestas a prueba por circunstancias imprevistas e imprevisibles. Por ejemplo, en uno de los recorridos, el veterinario e historiador caminó un tramo que había transitado décadas atrás, ayudado por los recuerdos, y de pronto se sintió o creyó perdido, porque estaba seguro de que a una distancia desde un punto ya establecido había un río: él lo había visto en su juventud. Pero en esta ocasión caminó más del doble de la distancia que recordaba como referencia, y no encontró río alguno, sino más bien una especie de barranco.

Llevaba horas de desconcierto, tratando de encontrar el punto o el momento en que había extraviado la ruta, cuando decidió acercarse a un señor que transitaba por la zona y le preguntó por el río que él estaba seguro de haber visto. “Pues sí”, les dijo el hombre, “por aquí pasaba un río. Pero hace unos años hicieron un movimiento de tierra más arriba y el curso fue desviado, ahora el río pasa tantos kilómetros más allá”. Se trata de la Quebrada de Chirgua.

Aprovecha el investigador para comentar las sucesivas depredaciones que han ocurrido en el lugar: “Una vez hubo que desalojar a una gente que estaba instalada en medio de la sabana de Carabobo y había encerrado eso como si se tratara de su propiedad privada.

Pero el peor momento fue cuando hubo una ‘bulla’ (el descubrimiento de una veta de oro) que llegaba hasta Tinaquillo. Hubo explotación y minería intensiva, todavía hay cursos de agua contaminados con mercurio”.

Sobre la forma en que los venezolanos deberíamos extender hacia el futuro el conocimiento y la información sobre Carabobo y el resto de nuestra historia, Zurita califica como fundamental la formación de los niños y jóvenes. “Hay que expicarles qué es el país, cuánto le costó a aquella generación construirlo, y cuánto nos sigue costando. A mí me maravilla la forma en que ha sido recuperado el Mirador donde se recibe a los turistas y personas interesadas en saber sobre Carabobo, lo bien acondicionadas que quedaron esas instalaciones. Pero más me impresiona la forma en que habían sido destruidas. La manera en que se educa a la gente para que entienda el valor del patrimonio histórico, más que la vigilancia y la represión, es la educación, la formación para la consolidación de una conciencia nacional”.

No se le escapa el hecho de que en la actualidad el país de aquellas gestas grandiosas se encuentra en un callejón o laberinto de difícil resolución:

–Actualmente vivimos una guerra similar a aquella, con un imperio que nos ataca de muchas formas. El año 2016 fue un año de guerra: no había con qué comprar alimentos y no había alimentos. Fue una situación extrema y así debemos entenderlo, fue una situación de guerra de la que salimos hacia otra etapa, que sigue siendo difícil.

Texto José Roberto Duque | Fotos Américo Morillo