DATE CON LA CIENCIA | Bolívar rescata sus tradiciones agrícolas

Nerliny Carucí y Guillermo Barreto

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Jóvenes de Guayana investigan para reconstruir la agricultura y las prácticas alimentarias

“Después de su muerte
me entregaron lo que ella
había dejado para mí:
un jarro viejo.

—Guardá este jarrito
—me dijeron—;
adentro está la voz de tu abuela”.
Humberto Ak’abal, en El rostro del viento

Mango, pumalaca, lechosa, aguacate; cebollín, culantro, ají dulce; yuca, yancín; bocachico y sapoara destacan entre los principales alimentos de temporada que llegan, de la mano de la agricultura familiar, a los abastos a cielo abierto de Guayana para degustación fresca.

Como alimentos de estación, Guayana también tiene los que se cosechan en las islas y vegas del imponente Orinoco, donde se aprovecha el ciclo de inundación y recogida de las aguas del río para cultivar, en sus orillas, maíz, auyama, melón y frijol. Estos rubros se cultivan entre los meses de octubre y noviembre, y se cosechan entre febrero y marzo. En años recientes se ha observado que estos cultivos, igualmente, forman parte de los patios de las casas de algunos sectores de la ciudad.

Guayana, por su diversidad biológica y cultural, produce una gran variedad de especies frutales y vegetales, en distintas temporadas del año, que sirven para alimentar a cerca de un millón de pobladores en esa urbe del sur. Sin embargo, con la proliferación de alimentos procesados e importados, como parte de la guerra de la agroindustria contra nosotros/as, estos rubros de temporada poco son aprovechados, generalmente, en los menús de los comedores ligados a establecimientos educativos y a las políticas de acompañamiento al bienestar social de personas en situación de vulnerabilidad.

Frente a este hecho cultural, político e histórico, desde principios del año 2020, un grupo investigadores noveles de la Universidad Bolivariana de Venezuela (UBV) decidió buscar en la memoria colectiva conocimientos, sensaciones y haceres para reconstruir un calendario anual de frutas y verduras de temporada, que permita revitalizar el repertorio de comidas en los programas populares de alimentación y conocer qué plantar en cada época del año para el sustento del pueblo. Se trata de cinco mujeres y un varón, estudiantes del programa de formación en Soberanía Alimentaria y Cultura Nutricional, desarrollado en el aula territorializada de la UBV que funciona en el Comedor Popular del Instituto Nacional de Nutrición ubicado en San Félix.

El objetivo de este colectivo estudiantil es consolidar un calendario con los alimentos que se cosechan, cada mes del año, así como las especies de pescado disponibles para hacer una dieta acorde a los rubros que se cosechan por cada temporada del año.

Este rescate de conocimientos sobre tradiciones nutricionales y agrícolas incluye la experiencia del grupo de estudiantes (maestros-pueblo en el área de nutrición popular), sus familias y sus ancestros; conversas con conuqueros y madres procesadoras del Programa de Alimentación Escolar; visitas a sembradíos rurales y urbanos; observaciones en los abastos y diálogos con la gente que trae su cosecha; levantamiento de información sobre el estado nutricional de la gente en las comunas seleccionadas. Este colectivo, paralelamente, estudia los programas nutricionales de los comedores populares para estudiantes y adultos mayores del municipio Caroní, a fin de elaborar regímenes alimentarios para cada tipo de población.

Jorgelina Murúa, investigadora de la UBV en Guayana, ha sido testigo ávido de lo gozado y lo padecido por el estudiantado en esta innovadora experiencia de aprendizaje y construcción de conocimientos relevantes para su ciudad. Murúa nació en Argentina, pero llegó al suelo guayanés cuando tenía ocho años de edad. Todos sus estudios los ha hecho en el estado Bolívar. Esta ingeniera en Industria Forestal, egresada de la Universidad Nacional Experimental de Guayana (UNEG), con una maestría en Gerencia Ambiental, de la Universidad Nacional Experimental Politécnica de la Fuerza Armada (Unefa), hoy es doctoranda en Ciencias para el Desarrollo Estratégico.

Jorgelina relata que el aula territorializada de la UBV en Guayana replantea la descolonización de la ciencia, mediante prácticas de investigación que conectan con el valor de los conocimientos campesinos, indígenas, afro, como un manantial de poesía creadora de sustento, de vida. De acuerdo con lo expresado por esta científica venezolana, rescatar las tradiciones culinarias y agrícolas de los pueblos aporta elementos significativos que pueden ayudar a vivir bien.

La promoción del consumo de frutas, verduras y pescados de época es una estrategia para fomentar la soberanía frente a la colonización de los patrones de alimentación, así como un buen estado de salud de la población y la disminución del riesgo de enfermedades crónicas relacionadas.

Los seis estudiantes de la primera cohorte del programa de formación en Soberanía Alimentaria y Cultura Nutricional de la UBV en San Félix intercambian saberes y vivencias con los misioneros de Agroecología que acompañan procesos de siembra familiar en parcelas de zonas como San Jacinto y Cerro Roberto.

El citado programa pedagógico de la Bolivariana concentra contenidos sobre lógicas de producción y explotación capitalistas, prácticas agroecológicas ancestrales, el derecho a la diversidad, la lucha por las semillas, épocas propicias para el crecimiento vegetativo, técnicas para la siembra urbana, técnicas de procesamiento de alimentos, procedimientos para la conservación de alimentos, ruralización de las ciudades, fisiología y carga nutricional de los alimentos, significado espiritual de la cocina. Además, disponen de un huerto urbano ubicado en terrenos de la UD-103, para sus prácticas del agro.

Investigadores que se han entregado a la lucha por la soberanía. Un estudio hecho aquí y ahora, que combina etnografía, matemáticas y diálogo de saberes, para resolver problemas cotidianos, especialmente para alimentar el cuerpo y el espíritu del pueblo de Bolívar.

Nerliny Carucí y Guillermo Barreto