PUNTO Y SEGUIMOS | Apertura

Mariel Carrillo García

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Hay palabras de palabras, que significan lo que significan y que además adquieren nuevos significados, otorgados por una sociedad en un momento determinado. En Venezuela, por ejemplo, la palabra “escuálido”, ya no se utiliza únicamente con su significado del diccionario: “Flaco, macilento”, como bien sabemos, ahora describe a un grupo de personas cuya tendencia política es antichavista. No hará falta que recordemos cómo se llegó a eso, porque ya es leyenda.

También hay palabras cuya adquisición de nuevos sentidos va más por el lado de su distorsión, o de su uso exagerado, o de su uso propagandístico. El capitalismo y sus defensores – las derechas – son expertos en aquello de corromper ciertas palabras, generalmente las de significados filosóficos importantes para la humanidad, como Libertad o Derechos. Cualquier pueblo que haya tenido la desdicha de ser “intervenido” a nombre de la libertad, por parte de Estados Unidos o Europa sabe bien, en sus tuétanos más que en su cabeza, que “libertad” en la boca de un gobernante de país potencia, es sinónimo de guerra, opresión y dolor. Y así, la bella palabra que describe la capacidad de ser y actuar, adquiere una nueva acepción para grupos numerosos de personas, mas allá de cualquier academia de lengua.

Otra de las cosas que los políticos especialmente liberales gustan de hacer, es utilizar alguna palabra pero en una de sus acepciones menos conocidas. Pongamos el ejemplo de “Apertura”. Siempre se piensa en su primera acepción: “Acción de abrir”, pero también significa “Acto de dar principio a las tareas propias de una asamblea, corporación, etc., o de volver a dárselo si estuvieron suspendidas” (Diccionario Sopena) – Hago un paréntesis para preguntar por qué tantos funcionarios y comunicadores usan el inexistente verbo “aperturar” con la furia y fervor que lo hacen en Venezuela, ¿qué hay de malo con el buen verbo abrir? – pero en fin, el caso es que la Apertura, digamos en un contexto de políticas económicas – que es donde más nos la aplican los políticos – va mucho más allá del simple acto de abrir.

En boca de quienes ejercen la política, las palabras nunca deben descuidarse. Hay que conocerles el significado literal y el otro, el que otorgan el contexto y quien las pronuncia. No es lo mismo la apertura de una nueva comuna, que la apertura petrolera, por poner un ejemplo. En un caso es nacimiento y en el otro es retroceso. Como ciudadanos, tenemos que recordar que el diablo está en los detalles, y que para ejercer el poder soberano hay que hilar fino y estar pilas. ¿Qué es lo primero que piensa cuando oye la palabra apertura? ¿Lo asocia a comunas o a corporaciones y bancos? ¿Piensa en “libertad” y “progreso”? ¿Le lleva en un viaje temporal psicodélico a Chávez o hacia los ministros de la cuarta?

Las palabras nos dicen, nos recuerdan, nos despiertan; pero también, cuando son usadas por expertos nos confunden y nos duermen. Oigamos con atención las palabras que se usan para decirnos las cosas. Busque en el diccionario, en la historia vieja y la reciente de su pedazo de tierra; pero sobre todo, siga a su intuición y haga las asociaciones de ideas, hechos, conceptos y discursos, porque es en esa investigación y análisis que se encuentran las respuestas. Practique con Apertura. Es una buena palabra para comenzar a abrir la mente.

Mariel Carrillo García