Carolina Hidalgo sí era de las imprescindibles

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Los periodistas le rendimos homenaje y reconocemos su alto sentido profesional.

> Fue maestra y periodista, oficios que conjugó para dejar huellas y bellos recuerdos

“Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!”. Es tan cierta esta frase de César Vallejo y más cuando un ser querido parte de esta vida.

Un sinsabor nos dejó Carolina Hidalgo este 29 de junio cuando supimos que ya su cuerpo no había dado más contra el covid-19.

Más de dos semanas estuvo luchando por su vida, esa que tanto construyó en el seno de su familia y en cada sala de redacción, donde puso lo mejor de sí por un mejor periodismo.

Carolina era una gran periodista, proveniente de esa vieja escuela, que hurgaba hasta más no poder para dar con la noticia de manera veraz. Era muy acuciosa, sensible y siempre llevaba la verdad por delante.

La maestra periodista

Víctor Hugo Majano, director del sitio web La Tabla, la recuerda como la maestra de escuela antes de ser periodista. De hecho, en un escrito asegura que ella nunca dejó atrás esa práctica de siempre enseñar.

“Era una maestra bonita, que daba clases en una escuela de Fe y Alegría, en algún sector de Catia o del oeste de Caracas, y se dejaba ver a veces con su uniforme de maestra, de falda y jumper (aunque esto último puede ser parte de mi imaginación)”.

Para Majano, ese ejercicio docente de Carolina fue la clave de su esfuerzo y de la forma de relacionarse con sus compañeros: “nunca dejó de ser la maestra amorosa, comprensiva y respetuosa. Tenía la paciencia para intentar algo que yo aún considero imposible: enseñar a otro a escribir”.

Y sí, la paciencia de Carolina era envidiable. Nunca perdía el equilibrio. Todos la recordamos siempre con una sonrisa bonita en el rostro y esa sensibilidad a la hora de escuchar a quien se le acercara a pedirle consejo, informarle acerca de lo que escribía o simplemente para contarle alguna anécdota o situación.

“De ‘Caro’ recuerdo siempre su carcajada y su risa. Siempre tenía algo para hacernos reír y su frase era siempre “¡ay, mana, qué te cuento. ¡No,manita!”, cuenta Yudeima Sotillo, colega y amiga desde hace unos 24 años.

“La conocí en 1997, cuando coincidimos en El Globo. Tenía a Carla chiquitica, su hija. Desde entonces nos hicimos amigas. Ella era súper solidaria, buena gente, con muy buena disposición para enseñar a otros. Eso de ser maestra antes de ser periodista le dio ese don de la paciencia”.

Para Yudeima, Carolina era extraordinaria, muy familiar, alegre, optimista y trabajadora como ninguna: “recuerdo que siempre tenía dos, tres trabajos y siempre era en los medios. Tenía muy buen olfato periodístico. Por años cubrió la fuente de Miraflores y su paso por ahí fue bastante fructífero”.

Siempre contra las adversidades

La fuente que más amaba Carolina era realmente la de política. Su paso firme y decidido estuvo por el Ministerio de Comunicación e Información (Minci), así como por los lados de los desaparecidos diarios El Globo y el vespertino El Mundo, la Agencia Venezolana de Noticias (AVN), Radio Fe y Alegría, Ciudad CCS y Últimas Noticias.

En el vespertino El Mundo fue reportera de política por muchos años y nunca llegaba sin una noticia en el grabador o en la libreta de anotaciones. Contaba siempre con información de primera mano. Era una de las compañeras más queridas y brillantes.

Luego, en Ciudad CCS, fue coordinadora adjunta de la sección Venezuela, que juntaba las fuentes de política, economía y ciudad. Allí, en la antigua sede del Teatro Bolívar, frente a la Plaza Bolívar, Carolina siempre trataba que sus muchachos y muchachas sintieran amor por el oficio. Muchas veces se quejaba de que a esta nueva generación le faltaba eso, pasión, pero no se quedaba en el aparato, siempre seguía impulsándolos. Para ese entonces era muy estricta, pero esa dureza era pasajera.

Luego llegó a Últimas Noticias, donde estuvo como coordinadora del área de Investigación y luego ascendió como jefa de redacción nocturna, su último trabajo.

En medio de esas responsabilidades, Carolina batalló duro contra el cáncer de mama que la mantuvieron un rato fuera de la redacción.

Nunca se desplomó. Con temple, amor y esperanza luchó contra esa enfermedad para estar con los suyos: su esposo Carlos y su hija Carla. Ambos eran su vida.

Lo logró: venció ese cáncer agresivo que tenía preocupados a todos su amigos y compañeros. Una guerrera, una dura siempre.

Olga Maribel Navas, periodista y amiga, recuerda que, en estos últimos tiempos, Carolina decía que había que vivir tranquilos. Siempre tomaba esa máxima para ella: “¿Para qué darse mala vida?”. Y es que su visión era vivir muchos años tranquila, en paz, siempre al lado de su familia.

Sin embargo, por más que puso su energía y fuerza para continuar en esta vida, esta vez la covid causó estragos: no pudo con esa enfermedad tan o más traicionera que el cáncer.
Luchó, eso sí, como siempre lo hizo desde joven, contra las adversidades.

Por eso está bien recordar esta frase de Bertolt Brecht: “los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles”. Y Carolina era imprescindible en cualquier sala de redacción, en el periodismo, en su familia, en la vida de sus amigos.

Descansa en paz, amiga. Siempre recordaremos tu dulce sonrisa.

Rocío Cazal
rociocazal@gmail.com