CORREO DE CARABOBO | Entramos en otro bicentenario

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Después de la batalla sobrevino una rebelión del pueblo. Razón de peso para no dejar hasta aquí el relato de nuestra historia

El 2 de junio apareció en este espacio una nota titulada Los libertadores debieron negociar con el hampa organizada, en la que escribimos lo muy básico y algún comentario superficial sobre la guerrilla de Los Güires y sobre José Dionisio Cisneros, bandoleros que se hacían llamar realistas y que mantuvieron en jaque a la República durante una década contada a partir de la Batalla de Carabobo. Un día después la docente, investigadora y especialista en temas africanos y afrovenezolanos, Lilia Ferrer, comentó lo dicho en ese artículo con estas palabras:

“Qué triste día para leer en un diario oficial de la República Bolivariana de Venezuela que a los ‘Libertadores’ les tocó luchar, después de la Batalla de Carabobo, en contra del hampa organizada integrada por ‘negros, pardos e indios”, dejando por fuera del análisis el incumplimiento del compromiso de Bolívar con Pétion sobre la abolición de ‘hecho y de derecho’ de la esclavitud en Venezuela. Murió Bolívar en 1830 y este compromiso de 1816 no lo vio cristalizado. Ahora resulta que el ‘Coqui’ es el heredero del hampa antirrepublicana de ‘pardos, negros e indios’ de 1821-1831.

Lo mismo dijeron de José Leonardo Chirino en 1795 y en el juicio que lo llevó a la horca y a que le cortaran la cabeza y manos y su familia vendida y extraviada en el ‘mercado negro’ de la trata esclavista: que era un asesino y otros antiadjetivos aquí irreproducibles.

Ni la delincuencia en Barlovento y la Cota 905 tiene similar inspiración a las acciones que los Güires llevaron adelante -siendo señalados de antirepublicanos y asesinos- ni la independencia colonial fue sinónimo de abolición de esclavitud y mejores oportunidades para las castas inferiores. Las ‘castas inferiores’ aspiraban liberación, que no fue cumplida ni por republicanos ni por realistas.

¡Lo mismo que hace 200 años atrás, exigimos reparación histórica, no criminalización! Qué triste día y flaco favor a la historia insurgente…”.

A pesar de que el lacerante comentario fue dirigido al autor de la mencionada crónica (al pobre hijo de Ezio Duque y Natividad Canelón) debo señalar que la observación de la profesora Lilia es correcta. En rigor, el fenómeno que estalló y se entronizó en los alrededores de Caracas (guerrillas y bandas atrincheradas en una zona montañosa impenetrable y custodiada por el pueblo pobre, así sus jefes se llamaran “realistas” para dejar claro que no obedecían al nuevo Gobierno) no hubiese prosperado si la muy promocionada “libertad de los esclavos” se hubiese cumplido al pelo, sin dilación ni letras chiquitas.

El Gobierno de Colombia mantenía alrededor del tema una inestable y volátil posición; en otro artículo reseñamos la actitud generosa de Bolívar con algunos esclavos (los de su familia, por ejemplo), y en cambio les ordenaba a otros devolverse a trabajar con su amo “original”, del que habían huido para ir a pelear por la libertad. Menudo rollo e incongruencia, difícil de entender incluso teniendo en cuenta el comodín de la realpolitik.

Justo a partir de la posición del reclamo de la profe Lilia hay que ubicarse en el contexto posterior a Carabobo, porque esa posición cabalga sobre una defensa y una perspectiva clasista y emancipatoria de la historia. Personalmente, y tal vez contrariando la perspectiva de la investigación más honda y completa que existe sobre el tema (La fiel guerrilla del rey, de Jorge Berrueta y Álvaro Arismendi), creo que ese movimiento de guerrillas fue una especie de renacimiento del espíritu rompedor de estructuras de 1814 (Boves y la guerra social), que no era ni lejanamente realista (aunque bajo esa bandera y ese uniforme salieran al campo de juego), sino de rebelión de clases y castas.

El “ejército” de Boves, lo mismo que Los Güires y el clan de Cisneros, era un Ejército Popular de Liberación, por su componente social y por el foco histórico de su activación.

Pero (y acá seguramente volverá a molestarse Lilia, pero qué le vamos a hacer) también eran bandidos y delincuentes. Que la casta de propietarios se haya merecido y se haya buscado el despedazamiento al que lo sometió el pueblo es otro cantar, pero las cosas que hacían Los Güires (y Cisneros y Boves) eran más criminales que gloriosas.

Se acabó la Batalla de Carabobo. ¿Y ahora?

Ganan los republicanos, Bolívar se marcha al sur, Páez se enseñorea de este trozo llamado Venezuela, los realistas montan su taguara principal en Puerto Cabello e irradian su influencia sobre Coro y Maracaibo. Y alrededor de Caracas crecen las mencionadas bandas y comunidades cimarronas, cumbes, palenques de todo cuño; en esa tenaza que comienza en Barlovento, se acerca a Petare y Baruta, se prolonga hacia lo que hoy conocemos como Guatopo, Altagracia de Orituco, Valles del Tuy, sur de Aragua y hasta El Sombrero, se alzan y convierten en jefes del pueblo más empobrecido antiguos oficiales al servicio de España.

Esos grupos vandalizaron todo ese territorio y devastaron la economía hasta tal punto que Bolívar y los jefes independentistas, ahora Gobierno republicano, destinaron sucesivos cuerpos del ejército a la destrucción de esos jefes y su tejido social: la “Columna de Operaciones contra Cisneros” tenía como instrucción concreta de Bolívar exterminar a ese caudillo y a sus hombres. Pocos meses antes de morir (1830) todavía el Libertador le preguntaba y reclamaba a Páez por las dificultades que tenía para liquidar a esa banda y a ese jefe específico. El general más brillante del continente bajó al sepulcro, pero no tan tranquilo, porque ni Páez ni nadie pudo neutralizar a Cisneros. Una de las razones pudiera ser operativa: Páez era una máquina de destrucción de ejércitos con su caballería, pero los caballos no servían para nada en la selva espesa y en la montaña escarpada que ocupaban Los Güires, Cisneros, Centeno y otros.

La otra razón es de tipo histórico-social: los jefes no podían ser capturados porque cada vez que el FAES intentaba entrar a la Cota 905 el pueblo les avisaba que ahí venía el Gobierno, y cuando el pueblo se pone del lado de un bando (de cualquiera), ese bando tiene casi toda la pelea ganada. Si quieren me perdonan el truco narrativo. Y si no, pues no.

Tarea pendiente, para el sucesor o continuador del Correo de Carabobo: armar un Correo de Los Güires y entrompar sin complejos la tarea de contar la historia desde el pueblo, y no necesariamente desde los próceres y genios militares.

Misión cumplida y por cumplir

Como equipo de investigación y de redacción pudiéramos dar por concluido, sin ninguna contradicción o sentimientos de culpa, el ciclo que le dio sentido y justificación a esta página o sección, bautizada con un nombre que seguramente le hace honor a la tarea cumplida. Aquí informamos sobre los eventos, la gente y el espíritu que movió a toda una maquinaria de liberación, y hay varios testimonios que nos indican que tal vez o probablemente, no lo hicimos del todo mal. No está de más echarnos encima el coroto impertinente que significa regodearnos en los dos premios obtenidos por este equipo, por ahora: una Mención Especial en el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar, y el Premio Aníbal Nazoa.
Va el abrazo fraterno de toda la gente que hizo de esta página un aula, sala de proyección o conversa necesaria.

José Roberto Duque / Equipo de investigación