Entrevista | Enrique Hernández D’Jesús: El país nuestro que está naciendo debe leer a nuestros poetas en todo tiempo

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El Catire es un editor y poeta que ha sabido generar publicaciones que dialogan con el momento político e histórico de nuestro tiempo.

El 29 de junio de 2021 se celebró el bicentenario de la entrada de Bolívar a Caracas, donde llegó junto a Páez y su ejército de lanceros y pueblo a celebrar con la gente el triunfo en Carabobo. Ese día, en medio de las festividades oficiales en el centro de Caracas, recibimos en nuestra redacción a Enrique Hernández D’Jesús, conocido por todos amorosamente como “El Catire”. El es poeta, editor, fotógrafo, alto sibarita, juglar, emprendedor de proyectos artísticos ligados al lenguaje y tiene una conocida trayectoria en el país y en el mundo. Un ser universal de la poesía.

Llegó para participar en nuestra Cita con la actualidad, donde compartimos con él: Mercedes Chacín, Teresa Ovalles, Jesús Arteaga, Gustavo Mérida, Luis Zárraga, Andrea Quiñones y Nailet Rojas.

—Querido poeta, háblanos un poco de ti…

—Nací en Mérida. Soy de padres merideños. Mi madre parió 14 hijos y no siguió pariendo porque le pedí al médico que la ligara y falsifiqué la firma de mi padre. Si no, ella hubiese tenido 32 hijos. Cuando fui al entierro de mi madre todos eran Hernández. No conocía a nadie, no sabía que existían. Mi niñez fue muy bonita. Mi padre campesino montó una venta de guarapo y después una heladería y mi infancia fue comer helados riquísimos. También tenía una licorería impresionante con licores de todo el mundo y cajas de chocolate. Nací en ese sitio con todos esos elementos. Comí cosas distintas, ricas. No comida de ricos sino comida de todos los usos. Esa es la historia de mi familia.

—¿Cuál ha sido la misión de la poesía en este bicentenario?

—La poesía siempre ha tenido misión en todo. La poesía es la palabra de los seres humanos, cada ser humano representa y asume una actitud ante la palabra para crear frases poéticas, sea o no poeta, cuando uno habla con un campesino, con un hombre de la tierra, está hablando con un hombre de la naturaleza que tiene una palabra sencilla, una palabra humana, una palabra que significa muchísimo, yo digo que es poesía.

—¿Cómo ves a Bolívar y cuál fue el espíritu de su libro Bolívar, fábula de los fabuladores?

Este libro lo conforman 90 entrevistas que hice recorriendo el país. Allí la gente nunca se dio cuenta que los entrevistaba. Cuando un periodista aborda a alguien y lo entrevista, la persona entrevistada tiende a utilizar un lenguaje más bonito o posar para el fotógrafo para salir buenmozo y no como lo que es.

Tú le tomas una foto a cualquier artista y se pone erguido para mostrar que es una persona mejor y cuando le pones un grabador su lenguaje cambia completamente. Es un lenguaje más rico, con otras palabras, trata de ser “más culto”. En el caso mío fue distinto, fui por esos pueblos caminando o en carrito, veía a una señora vendiendo chicha y me acercaba, le pedía una chicha y le decía “mi abuelo pasó por acá”, y mi abuelo nunca había estado allá en el oriente del país. Le decía –por ejemplo– que mi abuelo estuvo allí y conocía el casabe de esa zona y comenzaba una conversación cotidiana para meterme en el alma y el espíritu de ese ser y después le hablaba de Bolívar, le preguntaba: ¿Qué piensa usted de Bolívar? y me respondía: “Soy una gran enamorada de Bolívar, cuando tengo problemas con el amor, lo primero que hago es una oración para Bolívar, cuando voy a Caracas le pido a Bolívar que me proteja”.

—Ese lenguaje verdadero, de esas entrevistas, es más verdadero para mí. La entrevista me pone nervioso, quiérase o no, a pesar de que yo soy atrevido, estoy nervioso con cuidar la palabra.

Con la fotografía tenía mi cámara colgada y tomaba las fotos así, podía hacer 100 fotos, 90 pueden ser muy malas y 10 acertadas, pero tengo suerte con mi fotografía y quedaban muy bien. Este libro tiene una buena suerte y una mala suerte de publicación.

Cuando traté de publicarlo por esos años, los intelectuales y hacedores del libro miraban el libro y decían no, porque esto es del pueblo, eso no le interesa a nadie.

En ese tiempo existía un desprecio porque era del pueblo, lo miraban como una cosa menor, hasta que 30 años después me encontré con la presidenta del CNE de ese momento, Tibisay Lucena, se lo mostré y me dijo: “Ese libro lo hago yo, lo publico yo”, cosa que le agradezco con todo cariño y respeto, porque este libro salió publicado gracias a ella, hace 10 años.

—¿Qué otra cosa nos puedes contar de aquellos tiempos?

—Le tenían miedo a la realidad de este pueblo que nos habla y que nos ha llevado a esto que somos. Esta cultura que vivimos ahorita es gracias al pueblo. Un pueblo que ha llevado una conciencia distinta, otra voz, ya no está en el pasado. Antes el Estado negaba el acceso al pueblo y el pueblo no entraba al Teresa Carreño, al Museo de Ciencias ni a otros sitios, porque les daba muchísimo miedo nada más ver la entrada física de esos espacios.

Tenían miedo y no veían las exposiciones que se hacían en los 60′. No se veía al pueblo jamás metido en esos sitios. En una oportunidad fui invitado a una exposición, había champaña y fui con el maestro Luis Camilo Guevara, y al momento de entrar el portero en la puerta nos dijo: “Disculpe, el señor no puede entrar aquí”, al yo preguntarle por qué, me respondió porque usted es director y él no. Tuve que llamar a la directora del museo para que pudiera entrar el poeta. Hoy sucede que tú entras a un mercadito y te sale más caro que entrar al supermercado, en muchos espacios hoy está pueblo contra pueblo.

—Tu experiencia como editor, como chef, como sibarita…

—Tengo varios libros de cocina publicados. Mi cocina es muy particular, he trabajado con platos típicos y le voy metiendo poemas en la preparación y construyendo un lenguaje poético para que el lector pueda entender otro lenguaje. La cocina tiene toda esa magia, es una terapia no una obligación, una terapia de los colores de cada plato, de los sabores, que se debe apreciar y combinar con el arte. La cocina es un arte, como todo.

Uno no tiene que tenerle miedo a la cocina, así como un barrendero no debe tenerle miedo a la escoba y cuando va barriendo piensa cómo se mueven la árboles, cómo vuelan los pájaros, un zapatero, un sastre, un ceramista, poseen una poética, son poetas. Yo estoy enamorado de todo mi trabajo, me he casado varias veces y jamás me he divorciado de mis oficios, de la poesía, la crónica, la cocina, la fotografía.

En mi blog Unión Libre, me ayuda una muchacha que me manda las crónicas desde su teléfono, no tiene internet y debe ir a un cyber para enviarlo, es una heroína. Es una artista en su trabajo. Las mujeres son únicas: madres, creadoras, luchadoras. En Carabobo tuvimos muchas mujeres que dieron su vida en combate.

—¿Qué piensas del Premio de Poesía Stefanía Mosca?

—Relacionado con los organizadores del premio, he estado diez años insistiendo en publicar la obra completa de Stefanía Mosca, ya que se han publicado muy pocos libros y deberían publicar todos sus libros. La gente debe conocer la literatura nuestra que verdaderamente tiene valor y su manera de escribir es maravillosa.

—¿Cuáles son tus poetas preferidos?

—Insisto mucho en nuestros poetas que cantan a nuestra cosmogonía, a nuestra tierra, que tienen que ver con nuestras raíces. Mis poetas preferidos son Gustavo Pereira, Ramón Palomares, Carlos Contramaestre, el Chino Valera Mora. Debemos pensar todo el tiempo en Juan Sánchez Peláez y Vicente Gerbasi, íconos venezolanos que van a estar presentes todo el tiempo. El país nuestro que está naciendo debe leer a nuestros poetas e indiscutiblemente a Stefanía Mosca. El año próximo se cumplen 100 años del nacimiento de Juan Sánchez Peláez y tenemos que publicar su obra.

—¿Qué nos puede decir de su labor como fotógrafo?

—Mi experiencia fotográfica ha sido producto, en primer lugar, de mi presencia en muchos festivales del mundo.

Tengo un registro de más de 80 poetas con su imagen y la intervención con un texto del poeta; además, un registro de más de 3.000 poetas de todo el mundo. Del poeta Vicente Gerbasi tengo 98 fotografías acompañadas de textos con su grafía. Mi experiencia fotográfica está marcada por la constancia y el trabajo. Yo no llego a los sitios y me pongo a beber, yo llego, trabajo, bebo y trabajo.

—¿Qué opinas sobre la movida poética hoy, hacia dónde debe apuntar el verso?

—La poesía de este tiempo no debe ser una movida. Así como las aves no vuelan en el aire, vuelan en el alma, no movida poética, sí palabra poética.
Nadie se acuerda de los políticos como Raúl Leoni, aunque fue un asesino, ni de Luis Herrera Campíns. Se acordarán de Chávez por su obra y porque siempre habló de Bolívar. Por ello la importancia de la palabra, del verso, de su trascendencia, para que ella quede en la historia. La poesía que no sirve no va a quedar en la memoria.

—¿Qué opinas sobre las editoriales alternativas?

—Son las únicas que pueden salvar al país, no hay otra manera, porque ellas deben tener imaginación para publicar. Cosa distinta de las editoriales tradicionales. Las alternativas siempre dan la sorpresa con sus novedades y noveles poetas. En Venezuela las editoriales del Estado han permitido que muchos jóvenes lleguen a su sello. Cosa que no ocurre en casi ningún lugar del mundo. Yo vengo de las editoriales alternativas, en mis editoriales Esta tierra de Gracia y La draga y el dragón publicamos a Miyó Vestrini y a Hanni Ossot, dos grandes.

—¿Y su libro de la sardina y su impacto político?

—De mi querido libro se vendieron 5.000 ejemplares. Si nos pagaran derecho de autor con dinero sería más feliz. Sobre mi libro de cocina publicado en Colombia por Luis Ángel Parra se vendió totalmente. He tenido suerte editorial. Salvador Garmendia, Juan Sánchez Peláez y yo fuimos los primeros autores publicados en Monte Ávila Editores y Salvador decía que mis libros se vendían porque mi familia los compraba y los quemaba. Digo que es verdad pero en el caso de el libro de la sardina no porque la gente lo comentaba.

Este libro lo censuró un grupo de gente porque argumentó que incluía alcaparras, aceitunas y vino, y decían que el pueblo no comía eso. Yo digo, será el pueblo de ellos. Usted va a Petare y Catia, y allí verá a gente vendiendo y comprando aceitunas y alcaparras.

Nuestro pueblo consume aceite de oliva. A alguna gente le da miedo, pero detrás del museo Jacobo Borges, en Catia, se come buena comida árabe y libanesa.

—¿Qué significa especialmente Chávez para ti?

—La grandeza de Chávez fue la de crear una manera de vernos y encontrarnos desde la raíz. Desde sus primeros discursos presentó un lenguaje de un socialista amoroso, profundo. No hay que temerle a la palabra comunismo. Soy un comunista del mundo. He estado en Checoslovaquia, Rumania y no vi que comieran niños. Otra cosa que Chávez hizo fue “no poner preso a nadie por sus ideas políticas”. En el país no hay nadie preso por sus ideas políticas, si conocen a alguno díganmelo.

Mucho político de izquierda del pasado terminó pareciendo de la CIA, cuadrados con Caldera despreciaron a Chávez. Douglas Bravo no entró en ese combo, siempre estuvo en un combo de amor. Chávez hizo algo maravilloso con la gente que siempre amenazó con bajar del cerro. Les llevó salud, recreación, alimentación. Muchos venezolanos que emigraron, hoy están explotados en otros países en condiciones denigrantes. Profesionales exprimidos por su talento y hoy nuestro país está en mejores condiciones.

Dos poemas del Catire para los lectores

Magicismos

Yo pertenezco a esa clase
que llaman magicista
Magia: ciencia oculta que pretende
realizar cosas extraordinarias
y admirables
Atractivo con que una cosa
deleita y suspende
Mágica encantadora
Mágico maravilloso portentoso
Magicismo ejercicio del poder
de los magos

Ofrezco lo necesario para no dar
zancadillas
Este ardid no pertenece a mi género
Aparto los párpados
la llama del árbol
la imagen de la seducción
la fragilidad de las rosas
palabra de pájaro.

El tigre invisible

Por tratar de andar con
el tigre invisible
olvidé la jaula de los loros
la arquitectura de sus saltos
Arropé las puertas de las viejas
casas
un loro teje la sombra callejera.

No es simplemente el desvarío

De un lado
oculté mis antepasados
escribientes de sentencias en
el mármol
y del otro lado
a los dibujantes de la almendra del
árbol de los deseos.

Biografía Mínima

El catire D’Jesús, Mérida (1947). Poeta, editor, fotógrafo, coleccionista de arte, chef, sibarita, fundador de las editoriales alternativas Esta tierra de gracia y La draga y el dragón. Posee el registro fotográfico de poetas del mundo más importante de este tiempo.

Homenajeado en el Festival Mundial de Poesía Venezuela 2012.
Dentro de sus libros de poesía destacan Muerto de risa (1968), Mi abuelo primaveral y sudoroso (1974), Los poemas de Venus García (1988), Recurso del huésped (1988), Bolívar Fábula de los fabuladores (2004) y Sardinas para comerte mejor (2018)

Ciudad Ccs / José Javier Sánchez | Fotos: Jacobo Méndez