Parroquia adentro | La esquina de Gradillas

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Iniciamos nuestra serie de investigaciones referente a las esquinas que delimitan la Plaza Bolívar de Caracas. Para ello seleccionamos la ubicada al sureste de la plaza, cuyo nombre está registrado en distintos documentos y planos desde 1572, como la esquina de Gradillas.

El nombre de gradillas o pequeñas escaleras, a diferencia del origen de los nombres de la mayoría de las esquinas de la ciudad, obedece a la solución encontrada por los ingenieros, quienes luego de nivelar el piso de la plaza con respecto a la pendiente del terreno, instalaron las gradillas para resolver la diferencia de altura resultante entre la plaza y la calle.

La esquina de Gradillas fue identificada temporalmente como esquina del Arzobispado por encontrarse en ella el Palacio Arzobispal, pero como es usual en nuestra ciudad pudo más el decir popular que cualquier ordenanza.

Gran significado tuvo Gradillas para la vida del Libertador, ya que ahí, en la Casa del Vínculo, fue donde los recién casados Bolívar y María Teresa del Toro instalaron su corta vida conyugal. También estuvo en las inmediaciones una imprenta propiedad de los Bolívar, donde se publicó el Acta de la Independencia del 5 de julio de 1811 y los documentos referentes al primer Congreso Constituyente.

Con el pasar de los años, la esquina fue muy concurrida por diversas razones, en una época el sitio fue un referente para la intelectualidad de Caracas, debido a que día y noche se citaban poetas y escritores para intercambiar sus obras estableciéndose un verdadero “cónclave” literario.

La cronista Carmen Clemente Travieso, en su obra, afirma que las gradillas fueron “foco de chismes, comadreos y bolas políticas”. Quizás por esa razón se podían ver algunos reporteros de los diarios El Universal y Últimas Noticias, merodeando por el lugar en la búsqueda de algún “tubazo” noticioso.

Para la aristocracia capitalina era mandatorio descender las gradillas con vestidos a la moda; ahí, al pie de las escaleras y con disimulo, estaban los patiquines echando una “miradita” a cualquier tobillo o rodilla que por golpe del viento quedara al desnudo.

Hoy no queda rastro del famoso Restaurante “La India” ni de la Panadería “Ramella”, mismos que fueron sustituidos por amables cafés, donde aún los caraqueños seguimos fabricando poesías y admirando a la gente maravillosa de nuestra ciudad.

Parroquia Adentro:
Julio González Chacín. Fundador †
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Gabriel Torrealba Sanoja
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