Perfil | Sexo-género diversidad: orgullo contra vergüenza

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En tiempos de la Guerra Fría la comunidad sexo-género diversa (que entonces no se llamaba así) no la tenía nada fácil, sin importar de qué lado estuviera respecto a eso que la propaganda “occidental” denominó la Cortina de Hierro. En el mundo socialista se combatía la homosexualidad por considerarla contrarrevolucionaria; en el campo capitalista, el anticomunismo rabioso la perseguía por ser “de izquierda”.

Hoy queremos creer otra cosa, pero la historia dice que si en algo coincidían los dos polos en pugna era en su condena abierta a la homosexualidad. Por razones distintas –incluso diametralmente opuestas– pero con el mismo resultado: represión sexual.

Digámoslo de una buena vez para que quede claro cómo era la cosa entonces. La Revolución Cubana, por ejemplo, era rematadamente homofóbica. Fidel Castro en persona dijo en 1965: “Nunca hemos creído que un homosexual pueda personificar las condiciones y los requisitos de conducta que nos permitan considerarlo un verdadero revolucionario”. Y, para demostrar que se trataba de una conducta que ameritaba corrección, mandaron a los “pájaros” (así le decían en La Habana de entonces) a cortar caña de azúcar, para hacerlos hombres y revolucionarios.

Cierto es también que Fidel se arrepintió pronto y pidió perdón por haber asumido esa posición, mientras el Tribunal Supremo de Cuba anuló en 1975 (bastante temprano, en comparación con otras naciones) las leyes que impedían a los y las homosexuales ejercer la docencia.

Por supuesto que el imperialismo aprovechó el tema para hacer campaña contra Castro y el proceso socialista. Pero lo hizo dentro de un mar de contradicciones muy agitado porque el movimiento gai se había sumado a la ola de protestas sociales, políticas y culturales de la década de los ’60 y, por lo tanto, sus activistas estaban en la lista de sospechosos del macartismo por “actividades antiestadounidenses”.

De hecho, el Día del Orgullo Gai, que comenzó a tomar cuerpo en los ’70, parte de una serie de manifestaciones espontáneas que comienzan el 28 de junio de 1969, cuando la policía de Nueva York lanzó una de sus tradicionales redadas contra el Stonewall Inn, un bar que atendía principalmente a sexo-género diversos.

La agresión policial, con vejaciones y burlas incluidas, era lo habitual. Pero esa vez hubo una respuesta. La comunidad gai protestó, hizo sentir su voz. Allí comenzaron muchos de los movimientos que ahora se agrupan bajo la siempre creciente sigla LGBTIQ, que abarca lesbianas, gais, bisexuales, transexuales, transgéneros, intersexuales, queersexuales… y a la que se ha agregado el signo + porque la clasificación pica y se extiende.

De acuerdo, pero ¿a qué viene lo del orgullo? El activista argentino Bruno Bambi respondió esta pregunta formulada por un joven en Twitter: “Ser gai no debería ser algo para generar orgullo, pues es como ser heterosexual o ser blanco o ser negro. Pero el orgullo es una respuesta a lo que en algún momento fue humillación y vergüenza. Durante demasiado tiempo la homosexualidad ha sido tratada como una enfermedad (por la ciencia), un delito (por el Estado) o un pecado (por la religión); se impuso la idea de que por ser gai debías tener vergüenza, negarlo, esconderlo. El orgullo es una manera de enfrentar esto: transformar esa vergüenza en lo contrario”.

El Día del Orgullo Gai (o del Orgullo LGBTIQ+) y, sobre todo, el desfile o parada que se realiza en muchas ciudades del mundo, es entonces una especie de grito colectivo de reivindicación de la verdad individual y de grupo. La proverbial “salida del clóset”, pero llevada a cabo en forma masiva.

No cabe duda que ese cambio de frecuencia, de la vergüenza y el ocultamiento, a la expresión frontal (y, en muchos sentidos, desafiante) de la diversidad género-sexual ha sido clave para que esta comunidad haya avanzado en la conquista de sus derechos a la igualdad. Un grupo humano que expresa orgullo de su condición es mucho más difícil de someter que uno avergonzado de su propia esencia.

En Venezuela, como todos los otros temas habidos y por haber, es imposible separar a la cuestión de la diversidad sexual de la polémica política. Entre otras razones porque fue después de la llegada al poder del Comandante Hugo Chávez Frías cuando comenzó la expresión más visible de las luchas de esta comunidad.

“Desde 1999, Venezuela ha visto un inusitado despertar de manifestaciones sobre diversidad sexual. Marchas gai, mes del orgullo y jornadas académicas sobre diversidad sexual han favorecido el despliegue de sexualidades alternativas en el foro público, sin olvidar importantes antecedentes como la formación de los grupos Entendido y Movimiento Ambiente de Venezuela.(…) En 2001 se creó la Red de Organizaciones GLBT de Venezuela, cuyo fin era ‘luchar mancomunadamente en pro de la igualdad, los derechos humanos, la no discriminación, educación acerca del sida y la formación e información comunitaria’. En julio de ese año la red organiza la primera semana del orgullo GLBT, que comprendió la primera Marcha del Orgullo GLBT y el primer Congreso Venezolano de Diversidad Sexual”, refieren Carlos Gutiérrez, Rodrigo Navarrete y Marianela Tovar, del grupo universitario Contranatura, en un trabajo académico titulado Diversos y socialistas: La diversidad sexual en el socialismo del siglo XXI.

En los actuales tiempos de una nueva Guerra Fría, el tema es otra vez foco de la controversia entre extremos. Las ultraderechas y los neofascismos insurgen contra los avances logrados por la comunidad sexo-género diversa y se los atribuyen “al comunismo”; mientras muchos dirigentes de la opción revolucionaria siguen desconfiando de estas luchas porque no le encuentran sentido de clase.

Tal parece que existe el riesgo de una regresión histórica. Amanecerá y veremos.

En Venezuela falta mucho

El periodista Carlos Ascanio, activista de la comunidad sexo-género diversa, asegura que en Venezuela se avanzó sustancialmente desde la llegada de la Revolución, pero aún falta concretar las reivindicaciones en instrumentos legales e instituciones oficiales.

Un paso fundamental fue la derogatoria de la Ley de Vagos y Maleantes, que en la IV República se aplicaba discrecionalmente a los gais. Sin embargo, no se ha conseguido aprobar legislaciones específicas en beneficio de este sector, como sí ha ocurrido con las mujeres y los pueblos indígenas, por ejemplo.

La primera ley que reclama la comunidad LGBTIQ+ es la del matrimonio igualitario. La segunda es la ley de identidad de género, para permitir que la población transgénero pueda cambiarse el nombre y su imagen en los documentos de identidad. La tercera es una ley contra la discriminación por orientación sexual, identidad y expresión de género.

“La comunidad ha tenido un mayor reconocimiento, eso es innegable, ha bajado el bullying contra los sexo-género diversos, pero sigue habiendo violencia. Hay asesinatos de odio. Hemos avanzado, pero todavía falta mucho.

Hay una omisión legislativa en perjuicio de los derechos humanos de la comunidad. Siempre nos dicen que no es el momento, que hay que esperar. Ya es el momento de que el Estado venezolano dé el paso para aprobar estas leyes”, enfatizó Ascanio.

Perfil Clodovaldo Hernández