LETRA DESATADA | Carolina, mon amour

Mercedes Chacín 

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¡Qué vaina, hermana! Tuvimos el placer de viajar con María Carolina Hidalgo Flores a París, Francia, atendiendo una invitación del Sistema de Orquestas Infantiles y Juveniles de Venezuela. Fue un viaje relámpago. Cinco días. Año 2014, si mi memoria de cincuentona no me falla. Cinco días en la Ciudad Luz no es nada, sin embargo pudimos Carolina y yo dar una que otra vuelta en el metro. Ya nos habían advertido (las autoridades de inmigración francesas) que los carteristas hacen de las suyas con los turistas, pero como es en París, de eso no se habla, ni se pide la renuncia del presidente ni se les dice dictadores, faltaba más. ¿Dictadores en París? Carolina andaba moscatel. En una estación cuyo nombre no recuerdo, Carolina detectó que un hombre le estaba abriendo la cartera. Yo estaba a su lado y no vi nada y le dije con cara de deja la paranoia: -“Caro deja la paranoia”. Y se molestó. Con razón, huelga decir. Cuando le dije eso, ya había empujado al tipo y lo sacó, literalmente, del vagón. ¡Quedó del lado de afuera! “A nosotras no nos van a venir a robar en París, ¿qué les pasa? ¡que respeten!”. Carolina era así. Siempre pilas, siempre atenta, siempre dispuesta a hacer cualquier cosa para cumplir el objetivo. Buscaba la perfección en sus textos y los de sus coordinados. Los corregía y los corregía. Yo la apuraba y la apuraba. Obstinación de editora jefa de Ciudad CCS, que siempre se quería ir temprano. A ella no le importaba el tiempo que le ocupara hacer su trabajo. ¡Ay Carolina! Las muertes por covid son burda de extrañas, hermana. Hace mucho tiempo que no nos veíamos. Mucho tiempo. Te veo como envuelta en una nebulosa. Qué vaina, Caro. Qué vaina que Carlita se haya despedido tan pronto de ti. Qué vaina no compartir más la vida que nos queda, que nos quedaba. Qué vaina que te pasó a ti. Lo lamento muchísimo, amiga, colega.

Amor político. Me quedan apenas mil caracteres y quiero escribir sobre el amor y la política. ¿Qué por qué quiero escribir sobre el amor y la política? Porque se parecen. Porque a veces cuando pasan cosas inexplicables, sorprendentes e insólitas hay que echar mano del amor y también de la política, para fingir demencia (y hacer el paro de que la vida es un jamón) y seguir adelante. El amor nos hace respirar. El amor hace que los suspiros sean algo más que una muestra de nostalgia y la política hace que sean algo más que un ejercicio de respiración para disipar, para espantar, un ataque de ira. El amor hace que lo turbio se aclare, permite ver lo absurdo como un sinsentido y no como una tragedia griega. El amor le da sentido a una mañana cualquiera de esas en las que las explicaciones sobran, porque es muy evidente lo evidente. Y hacer de tripas corazón es más que una frase hecha para justificar el dolor. O la indignación. Tenemos tripas y corazón y por ahí nos pegan. “Nos siguen pegando abajo”. Sigamos.

Mercedes Chacín