Entrevista | Carmen Zuleta de Merchán: “Más pandemia es la violencia contra la mujer, que el coronavirus”

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“No es que han aumentado las cifras de violencia de género, es que antes no se denunciaba”, dice la Magistrada.

La magistrada es puntual. Para sorpresa de quienes estamos acostumbrados a esperar, estuvo a la hora acordada en la redacción de CCS para su encuentro con los siete periodistas que tendríamos la ocasión de reunirnos con ella en la más reciente Cita con la actualidad del diario Ciudad Caracas.

Una mujer con bastante qué decir en materia de derechos de género. Incisiva y sin temor de soltar opiniones polémicas o herir susceptibilidades, la magistrada Carmen Zuleta es nacida en Maracaibo, estado Zulia, egresada como abogada de la Universidad del Zulia, (LUZ), hija del Dr. Atilio Zuleta González y fundadora de seis programas de postgrado dentro de la Facultad de Derecho de la LUZ.

Sus estudios sobre derecho social en la Universidad de La Sorbonne, Francia y sobre relaciones profesionales en el Instituto de Altos Estudios Profesionales, en Boloña, Italia, le han permitido a la magistrada Carmen Zuleta un interesante contacto con el conocimiento y las dinámicas que en el área académica se desarrollan en otros países.

— ¿Cuál es la posición de Venezuela en materia de feminismo con respecto al resto de países de la región?

— Fundamentalmente siempre he estudiado para Venezuela. Eso es muy importante porque, cuando uno está afuera, resulta muy dilemático el hecho de quedarse, o regresar, o qué hacer. Y de verdad que estar afuera estudiando, cultivándose, yo diría que debiera mantenerse como una pasantía obligatoria. Nosotros, a consecuencia del bloqueo, hemos perdido ese contacto con el exterior. Esa política de aislamiento ha pesado sobre la inteligencia del país, sobre el sector universitario, el sector educativo. No nos visitan autores extranjeros de actualidad, no recibimos publicaciones de actualidad, las universidades no se ocupan de ese intercambio que es tan importante y tan poderoso para cada país.

Yo no he vivido folclóricamente el país, nunca. Eso es importante porque a veces perdemos la brújula pensando que somos el ombligo del mundo y eso nos impide crecer. Crecer hacia adentro y hacia afuera. En estos momentos nosotros debemos insistir en tener presencia en el exterior. Nosotros tenemos un sistema de defensa integral de la nación totalmente reactivo, no somos un país con una visión expansiva, sino que tenemos una visión de protección integral de Venezuela, pero protección reactiva. Siempre me llama la atención la forma como Rómulo Gallegos terminó Doña Bárbara: “un pueblo que ama, sufre y espera”, y de verdad que nosotros mantenemos esas cualidades siempre. Para nosotros pasa la historia y nuestras expectativas siguen siendo las mismas siempre: amar, sufrir y esperar.

— ¿Cómo va la reforma de ley por el derecho de la mujer a una vida libre de violencia? ¿será contemplado en la reforma el delito por violencia vicaria?

— En primer lugar, me gustaría destacar que la causa feminista, la causa de género, ha sido desde hace veinte años una bandera. El modelo de justicia social implica que todos los ciudadanos tengamos una ciudadanía activa. Las mujeres en Venezuela somos la mitad de la población, entonces, si las mujeres sufrimos violencia, esa es la primera condición para no poder ejercer una ciudadanía activa.

La Ley Orgánica para el derecho a una vida libre de violencia nació como una reacción a una sentencia de la sala constitucional que se pronunciaba en un recurso de interpretación contra la ley anterior, que era la Ley contra la violencia doméstica, y donde la Sala Constitucional establecía que la medida de privación de libertad del agresor no podía ser sino aplicada por los tribunales. Eso implicaba un retroceso porque cuando hay delito de violencia, judicializarlo es labor de la fiscalía.

Era el año 2006. El movimiento de mujeres, encabezado por la lideresa María León, fue al Tribunal Supremo a manifestar contra esa sentencia, y recuerdo que las dos mujeres que estábamos en la Sala Constitucional, que éramos la Dra. Luisa Estela Morales y yo, bajamos a recibir a estas mujeres porque los hombres no fueron ese día, los magistrados hombres. Entonces nosotras dijimos ¿por qué vamos a llorar sobre una ley preconstitucional que no recoge las inquietudes actuales del movimiento feminista?, y fue así como surgió la Ley orgánica por el derecho de la mujer a una vida libre de violencia, donde se tipificó la violencia en más de veinte delitos, y donde se estableció la creación de una jurisdicción especial donde estos delitos iban a ser juzgados. Hicimos de la causa feminista una actualización inmediata que no tenían otros países y para los cuales otros países todavía están en tránsito.

“El delito por violencia psicológica es la primera causa de denuncia”.

— ¿Han aumentado las cifras de violencia de género?

— No es que han aumentado las cifras de violencia de género, es que antes no se denunciaba porque el sistema judicial no servía para nada. Las mujeres eran víctimas de esa segunda etapa que se llama revictimación, cuando tenías que ir a cada uno de los organismos y explicar por qué te habían pegado o por qué denunciabas. Hoy las mujeres cuentan con una cantidad de información sobre los delitos que están tipificados en la ley, como por ejemplo el delito por violencia psicológica, que es la primera causa de denuncia en Venezuela, o la violencia patrimonial, que son delitos nuevos al lado de los delitos que la legislación ordinaria tipificaba para el resto de los ciudadanos: violencia, violación, etc. Nosotros, si se quiere, feminizamos estos delitos para poder ser más efectivos.

Sin embargo no es que después de la Ley las mujeres denuncian y ya. Los delitos de violencia contra la mujer tienen una serie de características distintas. Ni el agresor es igual a cualquier delincuente común, ni la víctima tampoco. La víctima generalmente denuncia cinco años después. El agresor busca una víctima.

— ¿Qué opina usted sobre la serie de tropiezos que pueden presentarse entre el momento en que una víctima inicia una denuncia hasta que esta comienza a ser verdaderamente atendida?

— Nosotros hemos detectado que la falta de celeridad en la judicialización del delito está en los órganos receptores, que no tienen conciencia muchas veces de lo que implica ese delito. Las mujeres van al organismo que es más accesible, y generalmente ese organismo es el CICPC y éste muchas veces no procede con la debida celeridad, o incluso muchas veces estos órganos receptores aceptan presiones indebidas. Entonces, yo sí creo en verdad que nosotros tenemos que agilizar esas denuncias. Nosotros como organismo judicial hemos caído víctimas de los derechos humanos. Porque hemos hecho de los derechos humanos un catecismo del agresor, del delincuente, pero no de la víctima. El Código Orgánico Procesal Penal no prevé a la víctima como sujeto del juicio. Nuestras legislaciones penales todavía tienen la orientación en favor del reo con paradigmas desfasados que ponen hincapié en los derechos del agresor y no de la víctima.

— Pero volvamos al tema de la ley: ¿qué elementos nuevos contempla la reforma de ley?

— Yo preferiría decir lo que está dejando de contemplar. Nosotros tenemos que dejarnos de ese fetichismo legal de que si no lo tenemos escrito en la ley pues no existe. Eso no es necesario. El derecho es la interpretación judicial, el derecho que se siente, no el derecho que se quiere. Sí creo que hay delitos que se tienen que incorporar, como el delito de violencia política, o los delitos de ultraje contra las mujeres funcionarias públicas.

— En una situación de violencia contra la mujer ¿por qué es la mujer la que es sacada del hogar y llevada a un lugar de refugio en lugar de ser el agresor quien sea sacado del hogar?

— Eso puede ser por un defecto de aplicación de las medidas asegurativas que la misma ley establece. Pero, además de esto, tenemos que entender que cada hecho es un caso. Muchas veces hay que esconder a las mujeres no solo de su agresor, sino de la familia del agresor, que persigue a la mujer.

Claramente lo ideal no es mantener a la mujer en un sitio de albergue, lo ideal es que la mujer pueda quedarse en su casa con sus hijos y quien salga sea el agresor. Pero muchas veces el órgano receptor no atiende la denuncia, o esta tarda en judicializarse.

“El machismo sigue vigente en el orden social”, señala la Magistrada Carmen Zuleta de Merchán.

— En este punto de la entrevista, aparece ante los ojos de la magistrada un afiche realizado por el colectivo Tinta Violeta donde se encuentra representado el violentómetro: un instrumento que sirve para ayudar a las mujeres a reconocer los diferentes tipos y niveles de violencia a los que pueden estar siendo sometidas.

— Me parece bien construido, pero desde el punto de vista publicitario esto no lo lee nadie. Debe hacerse campañas de difusión para incluir todo lo relacionado a la violencia de género dentro del orden social para que el ciudadano la rechace. Porque el machismo sigue todavía vigente en el orden social. Cuando una mujer es víctima de violencia inmediatamente se pregunta ¿qué hizo?, por eso la mujer muchas veces no denuncia, por la humillación social. O porque es normal, como sucede en muchos lugares del interior, donde la mujer asume la violencia como algo natural, y hemos escuchado frases como “sí, me pega, pero no tanto”, “a mi vecina le pegan más que a mí.”

— ¿Qué puede decirnos sobre la receptividad o no receptividad que hay en la Sala Constitucional para la discusión de temas como la interrupción voluntaria del embarazo?

— Mira, el aborto nunca ha sido prioritario dentro de la agenda feminista en Venezuela como lo han sido otras reivindicaciones en concreto. Me disculpan si no puedo ofrecerles más información. Nuestra agenda ha sido con reivindicaciones más políticas que privadas porque nuestro objetivo era luchar contra toda esa desigualdad que hemos tenido las mujeres con respecto de los hombres. Y a pesar de que hemos hecho una revolución activa dentro de la vida pública, hemos sido muy tímidas con una revolución dentro de la vida privada. Ha sido jurisprudencialmente que se han logrado reivindicaciones importantes que han reconocido los derechos de igualdad de la mujer, por ejemplo, la ley que impedía que la mujer que se divorciara se volviera a casar en un lapso menor a diez meses, eso lo abolió la sala constitucional, lo derogó. Eso se decía que se hacía porque no podía haber confusión entre la posibilidad de embarazo de una mujer que se divorciara, pero eso es lesivo a la libertad de las mujeres.

— Hoy es la primera discusión en la Asamblea Nacional sobre el lenguaje de género. ¿Qué puede decirnos en esa materia?

— Mira, eso no es como muchas veces nos han querido decir, que es un gongorismo. Las Naciones Unidas, desde hace más de veinte años está diciendo que el lenguaje de género es importante porque a través de él se visibiliza a las mujeres. Es un problema de neurolingüística, que no se reconoce a las mujeres y que tenemos que empezar a hacerlo.

— ¿Qué forma de violencia contra las mujeres se ha agudizado en pandemia?

— Ha aumentado la violencia contra la mujer en todo el mundo, pero más ha aumentado la pedofilia. Esto lo que nos indica es que la mujer debe asumir un papel más activo en la familia. La variante nueva es que el hombre se está quedando en la casa, así que las mujeres tienen que estar más alerta para identificar estas situaciones.

Los estudios han demostrado que en el mundo, de cada diez mujeres hay cuando menos tres que son víctimas de violencia. Y yo me atrevo a ir más allá: yo todavía no he conocido a una sola mujer que no haya sido víctima de violencia al menos una vez por parte de un hombre.

Biografía Mínima

Zuliana, madre de dos hijos. Fundadora de los programas de post grado y doctorado de la LUZ. Magistrada de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia desde 2005. Fue parte de la delegación de Venezuela ante el Examen Periódico Universal realizado por el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. En 2019 estuvo en el ojo del huracán por responder enérgicame al informe de Bachelet sobre la situación de los DDHH en Venezuela, donde se atacaba la dignidad de las mujeres venezolanas.

Ciudad Ccs / Malú Rengifo / Fotos Javier Campos