La Caraqueñidad | Las deudas con el 5 de Julio

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Se amerita una reflexión en torno a la fecha patria.

Estamos endeudados con el 5 de Julio, con los hechos y su interpretación, con una conciencia ciudadana apegada al más estricto civismo y a la búsqueda de la verdad verdadera (si es que existiera) en torno a tan promocionada fecha y todo lo que ella debería significar.

Desde siempre Venezuela ha sido diana del imperio, del color que sea. Todos tras el incalculable valor crematístico de nuestros bienes.

España primero, porque llegaron a expoliar y cometer sus crímenes que no cabrían en ningún informe de DDHH de esos tan de moda. Después, como lo pronosticó Simón Bolívar, los Estados Unidos (“parecen destinados por la Providencia…”) lo han demostrado de todas las maneras. No obstante, ¿acaso los chinos y los rusos quieren algo distinto?

¿Cómo honrar la sangre y la valentía de aquel gentío que dejó todo para cantar Independencia? ¿Acaso la viveza criolla, la burocracia y la corrupción no son antiindependentistas?

La deuda es grandota. Primero: el 5 de julio se declara pero no se firma el Acta de Independencia como dice google y (des)enseñan algunas escuelas.

Segundo: Durante un siglo se conmemoró la Independencia con el Acta original desaparecida; es decir, sin validez. Tercero: El Acta reposaba en un cajón de partituras musicales. Cuarto: ¿Por qué no enaltecer el lugar originario donde se proclamó la Independencia? Quinto: Y lo que falta…

Primero

Encendida la mecha el 19 de abril de 1810 las cosas debían encauzarse. Mucha resistencia para consolidar el proceso independentista. En ese marasmo de ideas que conducían a lo desconocido, la libertad, se instala el Congreso el 2 de marzo de 1811 para redactar la Carta Magna, pero debía declararse la Independencia.

Acuerdos y desacuerdos hasta que los días 3, 4 y 5 de julio se reúnen los diputados para convencerse entre ellos y a los no tan crédulos. Por eso el Acta se resume en alegatos justificativos para independizarse. Fue muy difícil porque entre las filas criollas el rey Fernando VII tenía acérrimos defensores. Aun así los representantes de las provincias de Caracas, Cumaná, Barinas, Margarita, Barcelona, Mérida y Trujillo declaran lo que se había logrado el 19 de abril de un año antes.

Un voto en contra. Un cura yaracuyano representante de La Grita: Manuel Vicente de Maya. Calificó de apresurada la Independencia, quizás sin contar los más de 300 años del yugo español sobre Venezuela. Pero compuso el desliz. Firmó el Acta y fue uno de los grandes defensores de los derechos ciudadanos.

Juan Germán Roscio y Francisco Isnardi terminan de redactar el Acta el 7 de julio. Comienzan a rubricar aquellos protagonistas del primer proceso constituyente que materializaba el cambio estructural de monarquía a República, en procura de un Estado Liberal y de Derecho; documento que es publicado una semana más tarde, el 14 de julio.

Segundo y tercero

España no iba a soltar el manjar. Llegó Domingo Monteverde y un repotenciado ejército. Caracas cayó. Se instaló el Congreso en Valencia, localidad pronto dominada por los realistas. Caía la Primera República.

Diputados en estampida. Ejército en retirada. Documentos perdidos. Hasta que el 23 de octubre de 1907 el historiador Ricardo Smith confesó a Francisco González que entre una banqueta de piano en casa de doña María Josefina Gutiérrez Navas Spínola, en Valencia, estuvo guardado por todo ese tiempo el Acta original de la Independencia.

El cuento es creíble o no. La autenticidad del documento fue avalada por la Academia de la Historia el 5 de julio, pero de 1911.

Un acta original mimetizada con notas musicales libertarias reposó un siglo esperando rescate. Tuvo resguardo en duplicado en El Publicista, publicación del Congreso, y en Documentos Oficiales Interesantes de Venezuela, que se editaba en Londres. Ahora el real reposa en el Salón Elíptico del Palacio Federal Legislativo en un arca de vidrio.

Cuarto

Antes de la redacción, firma y publicación del Acta de Independencia, la Capilla de Santa Rosa de Lima era patrimonio cultural porque fue sede de la Universidad de Caracas. Posteriormente Palacio de Justicia y sede del Concejo Municipal, ubicado en pleno centro caraqueño, al lado del Capitolio, al lado de la Plaza Bolívar, en la esquina de Las Monjas.

El sitio merece un reconocimiento. Debe exhibirse para que la gente común conozca el lugar y sienta los ecos de esas discusiones que condujeron a la conformación de la República. En cualquier otro país, por menos, ya funcionaría como museo.

En los días de Guzmán Blanco y Cipriano Castro retocaron el sitio pero sin respetar parámetros arquitectónicos originales. La entrada principal fue cambiada y no está a la vista de nadie. ¿Acaso hay algo más sagrado que la gestación y declaración de la Independencia? ¿Por qué no oír, por ejemplo, la petición de Mario Briceño Iragorry: “El actual Palacio de Justicia podría dedicarse para museo de la ciudad, acondicionándole su frente a nuestro viejo estilo colonial”? ¿Por qué ignorar el significado histórico de la Capilla de la Independencia? ¿El lector común, el niño en la escuela, incluso maestras y maestros, saben dónde queda ese Altar de la Patria?

En contraste, el Campo de Carabobo, el Panteón, la Catedral y otros lugares también importantes sí han sido atendidos. Ello aviva la deuda con la Capilla de Santa Rosa de Lima, que además atesora una prolija producción pictórica y escultórica que ilustra aquellos gloriosos días.

Quinto

Por eso y por más, si no se alza la voz, cada quien desde su trinchera, en la búsqueda de la verdad y por el enaltecimiento de los hechos que nos zafaron del yugo español, seremos cómplices de estar abonando caminos para otros imperios.

Ciudad Ccs / Luis Martín