LIBROS LIBRES | Víctor Valera Mora: revolución en la poesía

Gabriel Jiménez Emán

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Otro poeta que conformaría esta trinidad arbitraria de la poesía venezolana del siglo XX junto con Juan Sánchez Peláez y Ramón Palomares es Víctor Valera Mora. Poco observado en los años 60 y 70 debido a su posición política radical de izquierdas, el Chino Valera sufrió la censura y la exclusión editorial en aquellos años, logrando publicar solo algunos de sus poemas en panfletos o diarios de escasa difusión. Sin embargo, su obra fue calando poco a poco en lectores de Caracas y el interior, sobre todo en Mérida, ciudad donde le conocí en los años 70 y leí por vez primera sus poemas publicados en la revista Actual, dirigida por Salvador Garmendia. Entre Salvador y Carlos Contramaestre publicaron en Mérida su volumen Amanecí de bala (1971), cuando yo apenas contaba 21 años: lo leíamos en plazas, bares y cafés, hallando en este libro nuevas vetas expresivas y otros modos de acercarse al hecho político-social mediante una mezcla brillante de desenfado y ternura, de conciencia y pasión. Ya el Chino Valera había publicado una década antes Canción del soldado justo (1961) en donde advertía: “Maravilloso país en movimiento, / donde todo avanza o retrocede, / donde el ayer es un impulso o una despedida. / Quien no te conozca / dirá que eres una imposible querella”.

En Amanecí de bala, el Chino Valera incluye sus celebrados poemas de largo aliento como “Maseratti tres litros”, “Nombres propios”, “Ve y atrapa una estrella volante”, y “Yo justifico esta guerra”. donde alcanza una plenitud expresiva en cuanto a los temas políticos, que nadie hasta ese momento había abordado de manera tan descarnada e irónica, para desmontar las infames tramas del capitalismo. En sus poemas amorosos o existenciales el poeta transgrede los moldes usados por la lírica convencional, en textos que han marcado historia dentro de la poesía fraguada entre la utopía socialista y la frustración capitalista. La poesía del chino volvió a tomar fuerza para retomar una serie de ideales humanos y sociales. Después de su fallecimiento en Caracas, realicé varias ediciones de su obra para Fundarte y Monte Ávila; entonces su poesía halló una audiencia impresionante, sobre todo entre los jóvenes. “Amanecí de bala / amanecí bien magníficamente bien todo arisco / hoy no cambio un segundo de mi vida por una bandera roja…” O Masserati tres litros: “A seiscientos kilómetros por hora cuestiono todo / no tengo paz ni sosiego y digo cuestiono todo / me dejo llevar me gusta cuanto me sucede…”

Carlos Contramaestre y Omar Granados publicaron en Mérida, Con un pie en el estribo (1972): luego Mateo Manaure costearía la edición de 70 poemas stalinistas con un texto mío de contraportada, en 1979. El chino Valera se dejaba ir por las calles de Caracas a visitar nuestras casas y a brindarnos su sincera amistad, siempre lleno de una alegría contagiosa. Su poesía permanecerá entre nosotros y en muchos poetas que vendrán, con una llama de esperanza, y él, con su figura de dandy prendado de las bellas muchachas, seguirá indeleble en nuestra memoria.

Gabriel Jiménez Emán